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El padre Fernando Cuevas es un sacerdote español del Opus Dei, de más de 70 años y oriundo de Ibiza

El padre Fernando Cuevas es un sacerdote español del Opus Dei, de más de 70 años y oriundo de Ibiza

Entrevista a Fernando Cuevas Raposo, el «cura Tinder»

El método infalible de un cura español que ha unido a 1.280 solteros desde Valencia hasta Asia: «Me lo paso bien y produce muchos frutos»

El padre Fernando Cuevas Raposo, un sacerdote ibicenco del Opus Dei de más de 70 años, se ha convertido en un fenómeno viral conocido popularmente como el «cura Tinder»

cercano, cálido y profundamente paternal, el padre Fernando Cuevas Raposo ha compartido con El Debate los detalles de una labor que comenzó casi por casualidad y que se ha convertido en una auténtica obra de acompañamiento espiritual. A sus más de 70 años, este sacerdote español del Opus Dei se ha ganado en los medios el cariñoso apodo de «cura Tinder» por utilizar WhatsApp para conectar a solteros católicos. Sin embargo, lejos de la frialdad de un algoritmo, tras su teléfono se esconde una historia de escucha, paciencia y fe que ya ha hecho posible la celebración de más de 600 bodas.

El origen: hacer un favor a los jóvenes de Valencia

La historia de este singular servicio no nació de una estrategia planificada, sino del afecto y de la disposición del sacerdote para ayudar a quienes acudían a él. Don Fernando explica que todo empezó poco a poco, sencillamente para agradar y hacer un favor a los jóvenes que se lo pedían en su entorno. En aquellos primeros días, el sacerdote conocía personalmente a muchísimos chicos y chicas de Valencia–donde sigue viviendo– que le pedían ayuda para encontrar pareja.

Para acompañarlos y permitir que se conocieran de forma natural y sincera, Don Fernando se volcaba en su día a día organizando actividades comunitarias. Les preparaba un cine fórum mensual en el salón de actos de un colegio mayor, organizaba excursiones a la montaña cada mes e impulsaba peregrinaciones. Acompañar a esas personas a las que ponía cara y nombre le hacía una especial ilusión.

El boca a boca y la 'lista de deseos' al rellenar la ficha

Pero esta labor no se pudo contener en Valencia. Muy pronto, el boca a boca hizo que empezaran a llamarle personas de otras ciudades a las que ya no podía conocer en persona. Fue en ese momento cuando el sacerdote comprendió que la iniciativa estaba adquiriendo una dimensión mucho más amplia y un sentido eclesial profundo.

Elena y Pedro, una de las parejas que ha unido "el cura Tinder"

Elena y Pedro, una de las parejas que ha unido «el cura Tinder»

Para gestionar el volumen de solicitudes de forma seria, Don Fernando creó un sistema de fichas donde cada candidato detalla su edad, estatura, estudios, virtudes y carencias. En una de las casillas se les formula la pregunta clave: ¿Cómo te gustaría que fuera él o ella?. Con una sonrisa, el sacerdote comenta a El Debate que al llegar a este punto muchos jóvenes «se suben a la barra» con sus peticiones, elaborando «una auténtica carta a los Reyes Magos» de deseos sobre su pareja ideal.

Sin embargo, tras esa 'lista de peticiones', Don Fernando se emociona al descubrir la inmensa calidad humana y la nobleza de quienes acuden a él. Lejos de exigir a alguien «alto, rubio o ingeniero», la respuesta que más se repite toca el corazón del sacerdote: «Que quiera a Dios más que a mí». «En esa frase lo resumen todo. Que ame a Dios más que a mí; todo lo demás vendrá por añadidura», reflexiona con admiración.

Un bálsamo para las heridas del corazón

En su charla con El Debate, Don Fernando revela que muchas personas llegan a él tras haberlo pasado muy mal en relaciones anteriores o en aplicaciones de citas donde sufrieron engaños. Son jóvenes y adultos con la autoestima golpeada y con heridas que aún no han cicatrizado. Por eso, su método no consiste en cruzar datos de forma fría, sino en ofrecer un espacio donde la gente se siente con la confianza de desahogarse, abrir su corazón y contarle su vida.

Para protegerlos y garantizar la autenticidad de los intenciones, Don Fernando establece dos condiciones claras: tener más de 25 años e ir a misa los domingos (además de ser soltero o estar en trámite de nulidad matrimonial si se ha estado previamente casado). Además, les aconseja una prueba de fuego para su primera cita: quedar en la iglesia para ir a misa juntos antes de ir a tomar algo. De este modo, ambos pueden comprobar con naturalidad si la otra persona vive la fe con sinceridad.

De Valencia a Asia y la llamada a sacerdotes colaboradores

Lo que empezó como un gesto de afecto en Valencia hoy se extiende a lugares tan lejanos como Singapur, Japón, Israel, la India, Argentina, Perú o Colombia. Convencido de que «de padres fuertes en la fe salen hijos fuertes en la fe», Don Fernando concibe esto como un servicio vital para que las personas acierten en la elección de su cónyuge. «A veces la Iglesia está formando personas con gran esfuerzo durante años y esa persona luego se casa con una persona equivocada que no es católica y se pierde eso, se va atrás todos esos años de formación espiritual», explica.

Dado el enorme volumen de fichas acumuladas en el extranjero, el sacerdote aprovecha la conversación con El Debate para hacer una llamada conmovida: busca sacerdotes colaboradores que actúen como «delegados» en distintos países (especialmente en África, donde no cuenta con nadie) para poder atender a tanta gente con las garantías y el cariño que merecen.

«Los sacerdotes inspiran mayor confianza, lo que permite que las personas se abran con facilidad y les confíen sus vivencias más íntimas, sus heridas del pasado, sus ilusiones y sus esperanzas», afirma. A pesar del esfuerzo que requiere, concluye con alegría: «Me lo paso bien, disfruto y veo que, por el poco tiempo que le dedico, produce muchos frutos».

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