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Jóvenes participan en una vigilia de oración presidida por el papa León XIV en el Stade de France

Jóvenes, minutos antes del inicio de la vigilia de oración presidida por León XIV en el Stade de FranceAFP

«Tenerlo todo para no ser nadie»: el Papa interpela a 80.000 jóvenes en Saint-Denis a vencer el vacío de los «me gusta» y la indiferencia

En una multitudinaria vigilia de oración en el Stade de France, el Pontífice respondió a las inquietudes de la juventud sobre el apostolado en la sociedad del siglo XXI, la ansiedad y la vocación, exhortándolos a no temer la llamada de Cristo

Un diálogo sin filtros sobre las incertidumbres de la juventud contemporánea marcó la multitudinaria vigilia de oración presidida por el Papa León XIV en el Stade de France. En el contexto de su visita a Francia en su quinto viaje apostólico, el Santo Padre se reunió con la juventud de la región de Île-de-France en un ambiente de profundo recogimiento frente a la Santa Túnica. Previamente a su discurso principal, el Pontífice respondió cara a cara a las inquietudes éticas, existenciales y de fe que atenazan a las nuevas generaciones en las sociedades actuales.

Diálogo con la juventud: misión y fraternidad en una sociedad secularizada

El acto comenzó dando la palabra a los propios jóvenes. Chloé, una estudiante de farmacología de 25 años e integrante del grupo católico La Cité Céleste en los barrios populares parisinos, planteó al Santo Padre una interrogante central: cómo compaginar el celo misionero con el respeto y la convivencia sincera hacia quienes no comparten la fe cristiana en un entorno social cada vez más ajeno a Dios.

Ante esta inquietud, el Papa comenzó recordando las palabras del apóstol San Pablo: «Para mí la vida es Cristo». León XIV explicó que dicha afirmación sintetiza un verdadero camino de santidad y amor. Si bien reconoció que la sociedad actual parece vivir con frecuencia de espaldas al Creador, quiso enviar un mensaje de certidumbre a la multitud: «¡el Señor no es indiferente a nosotros! Esto es lo que cuenta y nos da esperanza».

Unos artistas actúan durante un espectáculo teatral compuesto por diez cuadros que representan a santos y virtudes francesas

Unos artistas actúan durante un espectáculo teatral compuesto por diez cuadros que representan a santos y virtudes francesasAFP

Asimismo, el Pontífice amplió el diagnóstico hacia una profunda crisis de empatía social, advirtiendo de que «que muchos sean ajenos a la cuestión de Dios es, en efecto, un problema; pero lo es igualmente que muchos sean ajenos a la cuestión del hombre». En este sentido, denunció el egoísmo y la cultura del descarte que mide a las personas únicamente por su capacidad de producción o utilidad económica. Por el contrario, ensalzó el trabajo voluntario en los barrios marginales y remarcó las consecuencias de una existencia sin trascendencia: «Es el hombre quien se extravía cuando afirma que Dios ha muerto: si Dios no está con él, el hombre ya no tiene salvación y pierde el sentido de su existencia, que queda reducida a un callejón sin salida o a la nada».

Para León XIV, la misión evangélica no debe suscitar divisiones ni confrontaciones, sino conducir al perdón y a la concordia fraterna. Concluyó su respuesta subrayando que el anuncio cristiano exige amar incondicionalmente al prójimo: «Es imposible dar testimonio de Cristo sin amar a quienes deseamos anunciarlo».

León XIV saluda a los fieles desde el «Papamóvil» en el Estadio de Francia

León XIV saluda a los fieles desde el «Papamóvil» en el Estadio de FranciaAFP

Vencer la ansiedad y discernir la vocación sin miedo

La segunda cuestión estuvo a cargo de François, estudiante de agronomía, responsable scout y voluntario diocesano en Borgoña. El joven expuso la desorientación, la ansiedad y la incertidumbre que frecuentemente paralizan el entusiasmo juvenil frente a la magnitud de los desafíos del mundo actual.

El Santo Padre agradeció vivamente su testimonio y celebró el ímpetu de una juventud capaz de ir «transformando los miedos en esperanza y las quejas en compromiso responsable». Sin embargo, no esquivó las dificultades estructurales de la época y urgió a las nuevas generaciones a «navegar con discernimiento en medio de las transformaciones tecnológicas y digitales actuales, sin disminuir nuestra humanidad». Con especial sensibilidad, León XIV enumeró los condicionantes psicológicos y sociales que pesan sobre la juventud, identificando «el cansancio provocado por las pantallas» o la ansiedad ante la situación económica e internacional.

Lejos de dejarse vencer por el desaliento, el Papa recordó que la propia fragilidad humana se convierte en una oportunidad para el testimonio comunitario. «Sí, juntos formamos la Iglesia: frágil y santa, como vasijas de barro que guardan un tesoro», afirmó utilizando la imagen de San Pablo.

A la hora de ofrecer pautas concretas para el discernimiento vocacional, el Pontífice recomendó acudir a la oración, al servicio y, muy especialmente, a momentos de silencio contemplativo: «el silencio ―ese silencio tan raro y tan necesario, lejos del bullicio de los medios― y el anuncio». Para vencer el temor o la desorientación, aconsejó repetir una palabra sencilla y valiente: «gracias». Finalmente, dirigió un llamamiento vibrante a quienes sienten la inquietud al sacerdocio o a la vida consagrada: «¡La Iglesia en Francia os necesita mucho! Ella reza por vosotros, os está esperando. Queridos amigos, ¡no tengáis miedo de esta llamada!».

León XIV preside la vigilia de oración con jóvenes en el estadio Stade de France

León XIV preside la vigilia de oración con jóvenes en el estadio Stade de FranceAFP

Los tres verbos paulinos para la verdadera libertad

En la parte final del acto, el Santo Padre pronunció su discurso, donde desglosó un minucioso análisis sobre la libertad y la santidad en el mundo contemporáneo a la luz de la Primera Carta de San Pablo a Timoteo. Ante los miles de jóvenes congregados en la noche parisina, León XIV estructuró su enseñanza en torno a tres verbos de acción espiritual que apelan directamente a la libertad humana: huye, tiende y lucha.

En primer lugar, con el verbo «huye», el Pontífice instó a apartarse del orgullo, la violencia, la avidez y el consumismo afectivo. Hizo una crítica severa a las dinámicas del individualismo virtual, advirtiendo de que «ese estilo de vida nos empuja a tenerlo todo, pero a no ser nadie; a recibir una gran cantidad de «me gusta», pero quedándonos solos con nosotros mismos».

En segundo lugar, respecto al verbo «tiende», el Papa invitó a buscar activamente la virtud y a recorrer el «camino de santidad» sin conformarse con evitar el mal de forma pasiva. Explicó el criterio para la toma de decisiones éticas afirmando que «el bien da vida, nunca la quita; el bien cuida, no toma para sí». Puso como modelo de esta libertad interior al beato Marcel Callo, joven scout y obrero francés que mantuvo viva su fe en la oscuridad de un campo de concentración.

Por último, al abordar el verbo «lucha», León XIV evocó la figura histórica de Santa Juana de Arco para precisar la verdadera naturaleza del combate cristiano. Aclaró que no se trata de una batalla belicista ni de opresión hacia otros, sino del compromiso interior de la fe. «Nuestra lucha no es una batalla contra los demás; no recurre a las armas de la violencia, el desprecio o la opresión. Nuestra única arma es el amor que se entrega», sentenció.

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