«Venite ad me»: volver al corazón del Evangelio en un cambio de época
El nuevo documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe constata una crisis generalizada en la transmisión de la fe y propone recuperar la centralidad del anuncio de Cristo para renovar la misión evangelizadora de la Iglesia
Un sacerdote mirando el móvil
La transmisión de la fe constituye uno de los grandes desafíos de la Iglesia en nuestro tiempo. Durante siglos, la familia y la comunidad cristiana han sido los ámbitos privilegiados en los que generaciones enteras han aprendido a conocer a Jesucristo ya contemplar la realidad con sus ojos. Sin embargo, esta continuidad se ha visto profundamente alterada. La fe ya no se transmite de manera natural de una generación a otra y las propias comunidades eclesiales encuentran crecientes dificultades para comunicarla.
Esta preocupación está en el origen de Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en un cambio de época, documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, fruto de un encargo del papa Francisco renovado por León XIV. Su finalidad es estimular la reflexión eclesial y el compromiso pastoral ante una situación que afecta al conjunto de la Iglesia.
El documento parte de una convicción fundamental: Jesucristo continúa siendo «la luz verdadera del mundo». En sus palabras, obras y entrega se manifiesta «el amor incondicional del Padre a todos y para siempre», y en el encuentro con Cristo resucitado el ser humano descubre la plenitud de vida que Dios le ofrece. Precisamente por ello, la Iglesia está llamada a transmitir esa luz también en las circunstancias actuales.
Una crisis de alcance mundial
Uno de los aspectos más significativos de Venite ad me es que la crisis de la transmisión de la fe no se presenta como un fenómeno exclusivamente occidental. Los informes procedentes de diferentes Iglesias de Europa, África y Asia ponen de manifiesto que, aunque por diversos motivos, las dificultades para transmitir la fe se extienden a numerosos contextos culturales.
Nos encontramos, por tanto, ante un verdadero cambio de época, una expresión utilizada por el Papa Francisco que alude a transformaciones que afectan a la propia comprensión del ser humano. La expansión de la cultura digital y el desarrollo de la inteligencia artificial están modificando nuestras formas de pensar, relacionarnos y comprender el mundo. Valores, experiencias y visiones de la realidad que tradicionalmente facilitaban la transmisión de la fe han entrado en crisis.
No basta, por ello, con actualizar los métodos pastorales. Es necesario comprender las nuevas condiciones culturales en las que el hombre contemporáneo puede abrirse al encuentro con Dios.
Recuperar la centralidad del kerigma
Ante este escenario, el documento propone una orientación fundamental: volver al kerigma, al anuncio esencial de la fe cristiana. Se trata de proclamar que Jesucristo ha muerto y resucitado, que permanece vivo y que su amor sigue ofreciendo una vida nueva a cada persona.
Esta llamada nace de la convicción de que el ser humano, incluso en medio de profundas transformaciones culturales, continúa buscando respuestas a sus grandes inquietudes. Como recuerda el número 64, esas búsquedas no siempre son explícitamente religiosas. Pueden manifestarse en el deseo de paz, la necesidad de consuelo y sanación, la aspiración a una vida más plena, la experiencia de la belleza o el anhelo de comenzar de nuevo.
La Iglesia está llamada a reconocer esas inquietudes como posibles caminos de apertura al Evangelio. De ahí que el número 72 invita a recomendar una gran etapa de anuncio, no solo como respuesta a una crisis, sino por fidelidad a la propia identidad cristiana.
En esta perspectiva, el número 76 presenta un itinerario articulado en tres momentos: el anuncio del amor de Cristo resucitado, la experiencia interior de su presencia suscitada por ese anuncio y el inicio de un camino de conocimiento y amor hacia Él. La transmisión de la fe comienza así con un encuentro personal que puede transformar la existencia.
El testimonio y la fuerza de la comunidad
Esta recuperación del primer anuncio exige también una renovación de la acción pastoral. El documento concede especial importancia al encuentro de persona a persona, al diálogo y al acompañamiento. La fe se comunica de manera privilegiada cuando un creyente, desde su propia experiencia, es capaz de escuchar la vida del otro y anunciarle la novedad de Jesucristo.
En este contexto, la comunidad cristiana adquiere una importancia decisiva como espacio de acogida y testimonio. El documento subraya el valor de la santidad, a la que está llamado todo bautizado, la cercanía personal y la opción preferencial por los pobres. Junto a ellas, destaca la liturgia como ámbito privilegiado de encuentro con el misterio, así como la capacidad evangelizadora del arte y la belleza.
Se reconoce igualmente la necesidad de que la fe vuelva a hacerse cultura. En sintonía con la preocupación expresada por Pablo VI acerca de la ruptura entre el Evangelio y la cultura, Venite ad me recuerda la importancia de una fe capaz de encarnarse en la vida de los pueblos.
La piedad popular, las peregrinaciones, la homilía, el voluntariado, la participación de las mujeres y los grandes encuentros eclesiales aparecen como expresiones de esa presencia viva del Evangelio. También las escuelas y universidades constituyen ámbitos privilegiados para cultivar los praeambula fidei, aquellas disposiciones humanas y racionales que pueden preparar el camino hacia la fe.
El primer anuncio, punto de partida y no de llegada
En definitiva, Venite ad me constituye una llamada a la conversión misionera promovida por el papa Francisco y renovada por León XIV. Una conversión que invita a la Iglesia a recuperar lo esencial: anunciar con convicción y testificar con la propia vida que Cristo está vivo y continúa saliendo al encuentro de los hombres.
Conviene, sin embargo, precisar el alcance del documento. Aunque su título se refiere a la transmisión de la fe en sentido amplio, su reflexión se concentra principalmente en el primer anuncio y en la experiencia inicial del encuentro con Cristo.
La transmisión de la fe comprende también un proceso posterior de iniciación cristiana, formación y maduración, mediante el cual ese primer encuentro va tomando carne y configurando progresivamente toda la existencia del creyente. El documento reconoce esta dimensión, pero no la desarrolla, remitiendo a las competencias propias del Dicasterio para la Evangelización en materia de catequesis e iniciación cristiana.
Esta delimitación no disminuye el valor de su propuesta, aunque permite comprender mejor su aportación específica. El primer anuncio es imprescindible, pero no agota tanto el proceso necesario de iniciación cristiana como, por supuesto, una vida en plenitud enraizada en el misterio de Cristo.
En un tiempo marcado por transformaciones profundas, Venite ad me recuerda que la crisis de los mecanismos tradicionales de transmisión no significa que el Evangelio haya perdido su fuerza. La tarea de la Iglesia consiste en encontrar nuevos caminos para anunciar a Cristo, favorecer un encuentro personal con Él y acompañar a quienes lo acogen hacia una fe cada vez más madura.
Porque la renovación de la transmisión de la fe comienza precisamente ahí: en la certeza de que Cristo sigue vivo y continúa teniendo algo decisivo que decir al corazón del hombre contemporáneo.
Juan Carlos Carvajal Blanco. Catedrático de Teología de la Evangelización y la Catequesis. Vicerrector Académico de la UESD