El beato Clemens-August von Galen
El «León de Münster»: el obispo aristócrata que frenó los crímenes de eutanasia de Hitler desde el púlpito
Nacido en el seno de una ilustre familia de la nobleza westfaliana marcada por la austeridad y la devoción, Clemens-August von Galen aprendió desde niño que el privilegio social implicaba, ante todo, un deber de servicio y responsabilidad moral
El 3 de agosto de 1941, cuando el Tercer Reich alcanzaba la cima de su expansión bélica y se imponía un silencio sepulcral en Alemania, un hombre de imponente presencia tomó la palabra en la iglesia de San Lamberto, en Münster. Revestido de la dignidad episcopal, el obispo Clemens-August von Galen alzó la voz ante una multitud sobrecogida para denunciar el programa T4, el plan clandestino de eutanasia sistemática ideado por los nazis para exterminar a personas con discapacidad, enfermos mentales, niños con malformaciones y ancianos considerados 'improductivos'.
«¡Actualmente se mata a inocentes indefensos, se les mata de forma bárbara! Estamos ante una locura asesina sin igual… ¡Ya no puedo pertenecer al mismo pueblo de esos criminales que pisotean con orgullo nuestras vidas!», afirmó. Sus palabras retumbaron no solo en los muros del templo, sino en las cancillerías de Berlín: «Si se admite el principio de que se puede matar al prójimo improductivo, ¡ninguno de nosotros estará seguro cuando seamos viejos y seniles!». Aquella denuncia fulminante provocó que el mismísimo Adolf Hitler, aconsejado por Joseph Goebbels para evitar una revuelta popular en Westfalia, se vio obligado a paralizar oficialmente el programa de eutanasia a finales de ese mismo mes.
¿Quién era este gigante de la fe a quien el pueblo bautizó como el «León de Münster» y cuya valentía obligó a retroceder al aparato estatal nazi?
El despertar de una vocación austera
Clemens-August von Galen nació el 16 de marzo de 1878 en el castillo de Dinklage, en el seno de una ilustre familia de la nobleza westfaliana. Fue el undécimo de los trece hijos del conde Ferdinand Heribert von Galen y de la condesa Elisabeth. Pese al linaje aristocrático, el ambiente familiar distaba mucho de la opulencia: en la residencia no había calefacción ni agua corriente. Sin embargo, la austeridad material se suplía con una fe viva y cotidiana. La condesa impartía personalmente el catecismo a sus hijos, inculcándoles la imitación de Cristo y la certeza de que la vida terrenal es una preparación para la eternidad.
En la casa del conde Ferdinand, diputado durante treinta años del partido católico 'Zentrum' en el Reichstag, el servicio público y el liderazgo no se entendían como privilegio, sino bajo la máxima de la responsabilidad moral: nobleza obliga.
Tras formarse con los jesuitas en Feldkirch (Austria), el joven Clemens-August sintió la llamada definitiva al sacerdocio en octubre de 1897 durante un retiro en la abadía benedictina de María Laach. Ordenado sacerdote el 28 de mayo de 1904, fue destinado en 1906 a Berlín, una diócesis golpeada por la escasez de clero y las tensiones del crecimiento industrial. Allí, durante la severa crisis económica e hiperinflación de 1923, von Galen se entregó por completo a los más necesitados, destinando sus recursos personales y fundando asociaciones de ayuda mutua sin perder de vista la meta prioritaria de su entrega: la salvación espiritual de las almas.
«Ni por la alabanza ni por el miedo»
En 1929 regresó a Münster como párroco de San Lamberto. Alarmado por el avance del secularismo y la indiferencia, publicó en 1932 el ensayo La peste del laicismo y sus manifestaciones, exhortando a defender la fe en la vida pública. Con el ascenso de Hitler a la cancillería en enero de 1933, von Galen manifestó de inmediato su profunda desconfianza hacia la ideología nacionalsocialista, condenada con anterioridad por los obispos alemanes por sus métodos violentos y su racismo.
Elegido obispo de Münster en julio de 1933 tras la muerte de su antecesor, eligió como lema episcopal una declaración de intenciones que marcaría su ministerio: Nec laudibus, nec timore (Ni la alabanza ni el miedo a los hombres me impedirán transmitir la Verdad revelada).
No tardó en poner a prueba su lema. En la Cuaresma de 1934, atacó frontalmente la obra ideológica de Alfred Rosenberg, El mito del siglo XX, que ensalzaba la supremacía de la «sangre aria». Von Galen calificó públicamente esa doctrina de «engaño del diablo», recordando que solo la Sangre de Cristo derramada en el Calvario redime a la humanidad. Frente al racismo de Estado, sostuvo sin ambigüedades que la caridad fraterna se extiende a todo ser humano, reivindicando las raíces judías del cristianismo y condenando el antisemitismo. Tras la trágica Noche de los cristales rotos en noviembre de 1938, llegó a ofrecer su auxilio personal a la esposa del rabino de Münster tras el encarcelamiento de este.
La resistencia del yunque y el freno a la eutanasia
Su firmeza también salvó los símbolos religiosos en la enseñanza. En 1936, cuando las autoridades nazis ordenaron retirar las cruces de las escuelas de Oldenburg, von Galen impulsó una movilización popular masiva de oraciones y firmas que forzó al Gauleiter local a dar marcha atrás. Meses más tarde, en marzo de 1937, el obispo organizó con sigilo la impresión clandestina de 120.000 ejemplares de la encíclica del Papa Pío XI Mit brennender Sorge («Con ardiente preocupación») –una de las condenas más severas que la Iglesia católica emitió contra el régimen nazi y su ideología–, garantizando que fuera leída desde los púlpitos de su diócesis para desenmascarar las violaciones del régimen.
Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el recrudecimiento de la represión contra las órdenes religiosas y sacerdotes, von Galen decidió dar un paso al frente en el verano de 1941. En una célebre homilía pronunciada el 20 de julio, recurrió a una conmovedora analogía para animar a sus fieles a resistir: «Igual que un yunque no pierde su fuerza a pesar de la violencia de los golpes de martillo, los prisioneros y desterrados inocentes reciben de Dios la gracia de conservar la firmeza cristiana».
Pero fue su sermón del 3 de agosto contra el plan eutanásico T4 el que provocó la mayor sacudida política y moral en la Alemania nazi. La homilía se imprimió y circuló de forma clandestina por todo el país —el propio joven Karol Wojtyła, futuro San Juan Pablo II, la leyó en la Polonia ocupada— y cruzó las fronteras internacionales.
El jerarca nazi Hermann Göring le acusó de sabotear la moral del frente, mientras algunos mandos exigían su detención inmediata. Sin embargo, la inmensa autoridad moral del obispo entre la población de Westfalia frenó a Hitler, quien pospuso las represalias directas hasta la hipotética victoria final.
Postguerra, dignidad humana y el capelo cardenalicio
Durante los demoledores bombardeos aliados de 1943 y 1944, que redujeron la ciudad de Münster a escombros y destruyeron la propia catedral, el obispo permaneció junto a su rebaño. Pese a la devastación, rechazó incitar al odio, recordando en la peregrinación de Telgte que la venganza no era un camino ni cristiano ni digno del pueblo alemán.
Tras la capitulación del régimen nazi en la primavera de 1945, von Galen asumió de nuevo un papel profético. Lejos de acomodarse ante los vencedores, alzó la voz frente a las autoridades de ocupación aliadas para defender a la población hambrienta y desamparada, rechazando que se castigara indiscriminadamente a los civiles bajo el concepto de una «responsabilidad colectiva».
Clemens August Graf von Galen fue obispo de Münster y cardenal de la Iglesia católica
El 23 de diciembre de 1945, el Papa Pío XII anunció la creación de Clemens-August von Galen como cardenal, un reconocimiento explícito a la voz más valiente del episcopado alemán. En febrero de 1946 viajó a Roma para recibir el capelo cardenalicio. A su regreso a una Münster devastada el 16 de marzo de 1946, fue recibido en triunfo por más de 50.000 personas que veían en él un símbolo de esperanza. En sus últimas palabras públicas, atribuyó su supervivencia al respaldo incondicional de sus fieles: «Estabais detrás de mí, y los que detentaban el poder sabían que el pueblo y el obispo de la diócesis de Münster estaban unidos por un lazo inseparable, y que, si golpeaban al obispo, todo el pueblo se sentiría golpeado. Eso fue lo que me fortificó interiormente y lo que me dio seguridad». Apenas seis días después de su regreso, el 22 de marzo de 1946, el «León de Münster» falleció a causa de una perforación intestinal.
El 9 de octubre de 2005, el Papa Benedicto XVI proclamó beato a Clemens-August von Galen en la basílica de San Pedro. Durante la ceremonia, el Pontífice resumió la vigencia de su legado con unas palabras que sintetizan la vida del prelado: «La fe no se reduce a un sentimiento privado que se esconde cuando molesta; implica la coherencia y el testimonio igualmente en el ámbito público, en favor del hombre, de la justicia y de la verdad».