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El actor que caracteriza a Franz Jägerstätter

El actor que caracteriza a Franz Jägerstätter en 'Vida oculta'

El granjero que rechazó a Hitler, el catequista que defendía el matrimonio y más santos víctimas de la guerra

Franz Jägerstätter, Peter To Rot y tantos otros se mantuvieron fieles a Jesucristo en tiempos de conflictos bélicos

Franz Jägerstätter tuvo una pesadilla que le cambió la vida. Era enero de 1938, meses antes de que Europa se sumiera en la sangrienta II Guerra Mundial, pero su sueño ya estaba teñido de horror. «Vi un tren –relata el propio Franz1– al que todo el mundo quería subir, [y] de repente oí una voz que decía: 'Ese tren viaja al infierno'».

Cuenta Franz –que no era ningún erudito, sino un honesto campesino de St. Radegund, en Austria– que al principio el sueño le resultaba un enigma, pero que más tarde comprendió su significado: «Se trataba del nacionalsocialismo, con todas sus diversas organizaciones». No es raro, por tanto, que cuando en 1942 recibió la carta en la que el III Reich lo llamaba a filas, él tuviese muy clara su respuesta… y lo que implicaba. «Ahora he firmado mi sentencia de muerte», escribía entonces a su mujer, Franciska.

Franz se negó a vestir el uniforme de Hitler, y Hitler no se lo consintió. El granjero estaba profundamente convencido de que, como católico, no podía servir a la ideología nazi y combatir en una guerra injusta. «¿No es más cristiano ofrecerse a uno mismo como víctima de inmediato que tener que asesinar primero a otros, que ciertamente tienen derecho a vivir y quieren hacerlo solo, para prolongar un poco la vida de uno?», escribía desde la cárcel.

Además, según destaca la web de la Santa Sede, la coherencia de Franz no se debía a «prejuicios ideológicos» ni a «un pacifismo abstracto», sino porque «manifestaba con sencillez y firmeza su fidelidad a los valores en los que creía». Tras rechazar todos los intentos del régimen por hacerle entrar en razón –también se ofreció a servir como paramédico en el campo de batalla, pero fue ignorado–, Franz fue guillotinado en la prisión de Brandenburgo el 9 de agosto de 1943, dejando a su mujer viuda y a sus tres hijas, huérfanas.

Franz Jägerstätter fue beatificado por Benedicto XVI en 2007, y en 2019 el genial cineasta estadounidense Terrence Malick le dedicó una película, Vida oculta. La película concluye con una cita de George Eliot que merece la pena reproducir entera: «Pero el efecto de su ser en los que tuvo a su alrededor fue incalculablemente expansivo, porque el creciente bien del mundo depende en parte de hechos sin historia, y que las cosas no sean tan malas para ti y para mí como pudieran haber sido se debe en parte a los muchos que vivieron fielmente una vida oculta, y descansan en tumbas no visitadas».

El trailer de 'Vida oculta'

El tráiler de 'Vida oculta'

El horror de la II Guerra Mundial fue, paradójicamente, terreno fértil para que floreciese el heroísmo. Son archiconocidos, por ejemplo, los casos de san Maximiliano Kolbe o santa Edith Stein –a quien otro santo, Juan Pablo II, nombró copatrona de Europa en 1999–, pero hay muchas otras «vidas ocultas» que la Iglesia nos presenta como modelos. Una de ellas es la de san Peter To Rot, asesinado en 1945 en un campo de concentración por defender el matrimonio frente a la poligamia.

Peter To Rot

Peter To Rot

Peter es uno de los nombres más recientes en ingresar en el santoral: fue canonizado por el Papa León XIV en octubre de 2025. Nació en Rakunai, en Papúa Nueva Guinea, y desde muy joven destacó como líder entre los catequistas de la isla. Con veinticuatro años se casó con su mujer, Paula, con quien tuvo tres hijos, pero su vida, como la de todo su pueblo, cambió cuando los japoneses ocuparon la isla en 1942.

Tras un primer período de indiferencia, los ocupantes prohibieron poco después los servicios religiosos, pero Peter y los suyos siguieron celebrándolos en la clandestinidad. Los japoneses también volvieron a permitir en la isla la poligamia, que había quedado prohibida con la llegada del cristianismo a Papúa, buscando congraciarse con jefes locales resentidos con la monogamia.

Peter no estaba dispuesto a claudicar y siguió defendiendo en público el matrimonio católico: «Los japoneses no pueden evitar que amemos a Dios y obedezcamos sus leyes; debemos ser fuertes y debemos negarnos a ceder ante ellos», decía. Tras ser delatado, fue detenido por los japoneses, encerrado y, posteriormente, condenado a un campo de concentración. Allí, en julio de 1945, fue envenenado por sus captores.

Guerras de ayer y hoy

Más allá de la II Guerra Mundial, la crueldad y la injusticia de la espada ha alumbrado santos en todas las épocas: de los mártires de Sagaste –cuarenta soldados cristianos condenados a morir de frío en un lago helado por no renunciar a su fe, en el siglo IV– a los católicos asesinados en México durante la Cristiada.

En España, en el siglo XX, más de dos mil doscientas cincuenta personas han sido ya beatificadas por martirio, la mayoría vinculadas a la persecución religiosa entre 1936 y 1939, antes y durante la guerra civil. Se estima que en torno a este conflicto fueron asesinados unos seis mil ochocientos treinta y dos miembros del clero, una cifra que superaría los diez mil cadáveres si se cuentan los seglares comprometidos, como los miembros de Acción Católica.

Sin embargo, nada de lo expuesto hasta ahora ha terminado. Una de las principales conclusiones del último informe sobre libertad religiosa en el mundo elaborado por Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) es que «las guerras fulminan la libertad religiosa». Según calcula esta entidad, más de cien de los ciento noventa y tres países reconocidos actualmente sufren una situación de guerra. «Los conflictos en Ucrania, Sudán, Myanmar, Gaza y Nagorno-Karabakh –concluyen– han provocado desplazamientos masivos, el cierre de iglesias y ataques dirigidos contra las comunidades religiosas».

Artículo publicado en el último número de 'La Antorcha', la revista de la ACdP

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