León XIV asiste a la ceremonia de bienvenida junto al presidente de Uruguay, Yamandu Orsi, en la Plaza de la Independencia de Montevideo
León XIV sitúa la defensa de la vida, la familia y la ética de la IA en el centro de su primer discurso en Montevideo
En su alocución ante el presidente Yamandú Orsi y las autoridades uruguayas, el Pontífice toma como hilo conductor los relieves del monumento al general Artigas para analizar el estatuto del no nacido, el trabajo ante la automatización, el drama del suicidio y el sentido de la laicidad del Estado
El Papa León XIV ha iniciado este viernes su viaje apostólico por Uruguay, Argentina y Perú con un discurso ante el presidente de la República de Uruguay, Yamandú Orsi, las autoridades civiles y el cuerpo diplomático en la Plaza Independencia de Montevideo. Lejos de un simple saludo protocolario, el Santo Padre ha aprovechado su primera intervención para pronunciar un mensaje que apunta directamente a algunos de los grandes debates políticos, sociales y morales de nuestro tiempo.
Para vertebrar su intervención, el Pontífice ha utilizado como alegoría los relieves de bronce esculpidos por Angelo Zanelli en la peana del monumento al general José Gervasio Artigas –considerado el padre de la independencia de Uruguay–, que rememoran el histórico Éxodo del Pueblo Oriental de 1811.
Monumento al general José Gervasio Artigas, en la Plaza de la Independencia
Apoyándose en la célebre afirmación del prócer uruguayo ante el Congreso de 1813 («Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana»), León XIV ha recordado que la autoridad pública encuentra su razón de ser en el servicio al bien común y dentro del estricto marco constitucional, al tiempo que señalaba el hito de los cuarenta años de democracia ininterrumpida alcanzados por Uruguay en 2025.
La protección del no nacido y el valor primario de la familia
El análisis del Santo Padre ha alcanzado su punto culminante al detenerse en una de las figuras del friso histórico: una mujer que lleva en brazos a su bebé en mitad de la marcha comunitaria. A partir de esta imagen, León XIV ha abordado el debate sobre el inicio de la vida humana y la protección de la maternidad.
«Quien todavía no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo», ha aseverado taxativamente el Pontífice, recalcando que la vulnerabilidad y la dependencia biológica respecto a la madre no restan un ápice a la dignidad inalienable del embrión ni al deber institucional de otorgarle cobertura legal.
El Papa ha remarcado que la acogida de la nueva vida requiere el compromiso del padre junto a la madre y la existencia de condiciones sociales favorables para la crianza. En este sentido, ha evocado las palabras de san Juan Pablo II («el futuro de la humanidad se fragua en la familia») para reafirmar al núcleo familiar como el ámbito primario donde la persona es acogida y aprende la convivencia.
El trabajo y la persona frente a la inteligencia artificial
Al examinar los relieves dedicados a la infancia y a la transmisión generacional de responsabilidades, León XIV ha subrayado la necesidad de una formación integral que capacite a los jóvenes para su inserción social y laboral. En este bloque, el Pontífice ha aplicado los principios tradicionales de la Doctrina Social de la Iglesia a las mutaciones tecnológicas recientes.
Citando la encíclica Laborem exercens de Juan Pablo II («el trabajo está 'en función del hombre' y no el hombre 'en función del trabajo'»), el Santo Padre ha advertido sobre los riesgos de la automatización acelerada y los modelos de inteligencia artificial. Según ha explicado, las nuevas herramientas informáticas deben diseñarse para potenciar las habilidades humanas y aliviar las tareas más arduas, de modo que «la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo».
La realidad del suicidio, la soledad y la enfermedad
Observando la figura de una anciana encorvada que avanza con dificultad en el friso, el Papa ha criticado las corrientes culturales que pretenden medir el valor del ser humano por su capacidad productiva o su autonomía individual. Remitiéndose a la encíclica Magnifica humanitas, ha recordado que «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada».
Desde esa premisa, León XIV se ha adentrado en la dolorosa realidad de la soledad existencial y las elevadas tasas de suicidio. El Pontífice ha urgido a consolidar la atención sanitaria y los lazos comunitarios para responder a la desesperanza de quien pierde los motivos para vivir: «Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia».
Asimismo, el Santo Padre ha aludido a su reciente experiencia personal con la enfermedad y los tratamientos hospitalarios para reclamar un acceso universal y equitativo a la sanidad pública. Apoyándose en el magisterio de Benedicto XVI en Spe salvi («la grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre»), León XIV ha defendido el acompañamiento integral de los enfermos hasta su desenlace natural.
Laicidad y bien común
En el terreno económico y político, el Papa ha defendido la iniciativa empresarial y la inversión como motores de desarrollo, precisando que su legitimidad social depende de que sus frutos alcancen efectivamente a la población, pues «son las personas concretas las que cuentan, cada una de ellas y sus familias».
Finalmente, León XIV se ha referido al modelo de laicidad del Estado uruguayo. El Pontífice ha puntualizado que la neutralidad estatal no implica recluir el hecho religioso a la esfera privada, sino garantizar un marco plural donde creyentes y no creyentes aporten al bien común desde el respeto mutuo, en consonancia con la declaración Dignitatis humanae del Concilio Vaticano II.
Tras evocar el origen de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Uruguay en 1832 —cuando Gregorio XVI nombró a Dámaso Antonio Larrañaga vicario apostólico—, el Papa ha puesto su viaje bajo la advocación de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del país.