Celebración de un matrimonio
El Vaticano responde a la opción del «poliamor» y publica una rotunda defensa de la monogamia
Una Caro. Elogio della monogamia, la nueva Nota Doctrinal del dicasterio para la Doctrina de la Fe, defiende la unión exclusiva como la «más grande amistad» y la respuesta a la tentación de vivir sin límites en la era tecnológica
el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado este martes, 25 de noviembre, una nota doctrinal titulada Una Caro. Elogio della monogamia, una defensa apasionada y profundamente cimentada del matrimonio entendido como una unión exclusiva y de pertenencia recíproca.
Este texto no es un mero recordatorio canónico, sino un esfuerzo exhaustivo que busca extraer de las Sagradas Escrituras, la filosofía, la teología e incluso la poesía, las razones que impulsan a la elección de un vínculo de amor único y exclusivo.
Una nota que se presenta como una reflexión fundamentalmente propositiva, destinada a la Iglesia universal y a la juventud que piensa en una unión futura, en un momento en que la sociedad global, impulsada por el desarrollo tecnológico, tienta al ser humano a pensarse como una criatura «sin límites».
La unidad como propiedad fundamental
La Nota, presentada por el prefecto Víctor Manuel Fernández, aborda de manera central la propiedad esencial de la unidad matrimonial, un aspecto que, según el texto, ha sido menos desarrollado en el Magisterio que el tema de la indisolubilidad.
El matrimonio cristiano se define por sus propiedades esenciales: la unidad y la indisolubilidad. El documento se centra en la primera, que se define como «la unión única y exclusiva entre una sola mujer y un solo hombre» o, en otras palabras, la «pertenencia recíproca de los dos, que no puede ser compartida con otros».
Este ideal no es solo una norma moral, sino que está inscrito «al principio» de la Creación. La fórmula bíblica «Una sola carne» (Una caro) es la expresión de esta unidad, que es mucho más que la simple oposición a la poligamia. En el lenguaje común, esta unidad se manifiesta en la fuerza del pronombre «nosotros dos», una expresión verbal de algo más profundo: una convicción y una decisión de pertenecerse mutuamente, de ser «una sola carne», de recorrer juntos el camino de la vida. Es una realidad única y exclusiva «que las une ante el mundo».
La respuesta a la poligamia y el «poliamor»
Una de las motivaciones para esta publicación es la constatación del crecimiento de «diversas formas públicas de unión no monógama – a veces llamadas ‘poliamor’ – en Occidente», además de la preocupación de varios obispos africanos por la poligamia en el Continente.
El dicasterio subraya que la monogamia es intrínsecamente superior porque garantiza la igual dignidad de ambos cónyuges. Citando al Papa Francisco, el texto advierte que si no existe un «sentido de pertenencia», la dedicación al otro se desvanece y cada uno termina buscando únicamente su propia conveniencia.
En este punto, la reflexión del filósofo y teólogo Karol Wojtyła (San Juan Pablo II) resulta esclarecedora: el «principio personalista» exige que la persona nunca sea tratada como un «objeto de uso» o un medio para el goce. Por lo tanto, solo la monogamia «garantiza que la sexualidad se desarrolle en un cuadro de reconocimiento del otro como sujeto con quien se comparte integralmente la vida». En cualquier otro caso, se daría un don parcial de sí, donde todos serían tratados como medios.
Los pilares de la unión: pertenencia recíproca y caridad
La Nota identifica dos figuras decisivas que permiten profundizar el significado de la monogamia: la pertenencia recíproca y la caridad conyugal.
La pertenencia mutua se basa en el «consenso libre de los dos», que se nutre del amor. El Papa argentino explicaba que en el matrimonio se asume el anhelo de envejecer y consumirse juntos, reflejando la fidelidad de Dios: «Es una pertenencia del corazón, allá donde solo Dios ve».
La segunda figura, la caridad conyugal, es esencial, ya que el amor de los cónyuges está llamado a alcanzar las cumbres del amor sobrenatural que «todo lo perdona, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (Cor 13,7). San Juan Pablo II sostiene que esta unión «no se limita a garantizar la procreación, sino que ayuda al enriquecimiento y al fortalecimiento de la unión única y exclusiva y del sentimiento de pertenencia recíproca».
Además, la caridad transforma la relación sexual. San Juan Pablo II argumenta que la donación física total sería «mentira, si no fuera signo y fruto de la donación personal total». La sexualidad, vivida con caridad, no es un desahogo, sino una «elección personal que expresa la totalidad de la propia persona y asume al otro como una totalidad personal».
Monogamia: de arcaísmo a profecía
El documento reconoce que el mensaje cristiano sobre la monogamia «podrá sonar extraño o contracorriente» para muchos hoy en día. Las prácticas sociales contemporáneas a menudo «socavan lo que el imaginario celebra»—un anhelo profundo por el «gran amor» único y exclusivo.
Sin embargo, el texto insiste en que el matrimonio no es una cárcel, sino una senda de libertad y crecimiento. La «appartenenza» (pertenencia) no debe ser entendida como «posesión» o «dominio». Hay un límite infranqueable en la persona amada donde solo Dios puede entrar. El amor maduro acepta que la pertenencia recíproca «no es un poseer, sino que deja abiertas muchas posibilidades».
En su conclusión, la Nota Doctrinal ofrece una visión elevada del matrimonio. La monogamia es «una iniciación a la grandeza de un amor que trasciende la inmediatez». La unión exclusiva, alimentada por la caridad, anticipa de alguna manera «el misterio mismo de Dios», reflejando la belleza de la comunión trinitaria. Además, el texto recuerda que el amor que no crece comienza a correr riesgos, y que el crecimiento se logra «con actos de afecto más frecuentes, más intensos, más generosos, más tiernos, más alegres».
Como dijo san Agustín: «Dame un corazón que ama, y entenderá lo que digo». Este es el desafío que el Vaticano propone a las parejas en la era contemporánea: alcanzar esa «más grande amistad» que es la monogamia.