Los gentilhombres, en audiencia privada con León XIV el 1 de febrero
Los guardianes de la discreción: los gentilhombres, la élite que custodia la acogida y el protocolo en el Vaticano
El Papa León XIV ensalza la labor de estos colaboradores laicos reclutados entre la nobleza y la élite social, que actúan bajo la premisa de acoger con la misma solicitud a príncipes que a peregrinos
No llevan sotana ni alzacuellos, pero saben moverse por el Palacio Apostólico como si fuera su propia casa. Siempre impecables, siempre discretos, los gentilhombres del Papa aparecen y desaparecen con la naturalidad de quien está en todas partes y, al mismo tiempo, en ninguna. Son los grandes desconocidos del Vaticano, pero también algunos de los más imprescindibles.
Estos colaboradores silenciosos son los gentilhombres, y se encargan de la organización del palacio, del protocolo y de la acogida de quienes cruzan el umbral de la Santa Sede. Su labor, casi siempre invisible, sostiene el ritmo cotidiano de la vida pontificia.
Prueba de ello fue el reciente gesto del Papa León XIV, quien, antes del rezo del Ángelus del pasado domingo 1 de febrero, quiso expresarles en una audiencia privada su gratitud así como a los sediarios pontificios y a los responsables de la antecámara, destacando una fidelidad que va mucho más allá del simple cumplimiento de una tarea.
La grandeza está en lo pequeño
Para León XIV, el buen desarrollo de cualquier encuentro en el Vaticano empieza en los detalles. En un entorno cargado de historia y arte, el servicio cotidiano exige una atención constante, discreta y sin protagonismo. «La calidad de un encuentro, de hecho, comienza por la atención que caracteriza sus preparativos, hasta en los más mínimos detalles», aseveró el Papa.
En este sentido, el protocolo pontificio no busca la ostentación, sino una «sobria belleza» expresada en gestos que deben ser «nobles, pero no pomposos; elegantes, pero no sofisticados», comunicando siempre amabilidad a todo aquel que acuda ante el Papa, ya se trate de un príncipe o de un humilde peregrino, «patriarca o postulante».
El 'engranaje humano' del Vaticano
La figura del gentilhombre hunde sus raíces en la historia de la Iglesia. Los actuales gentilhombres descienden de los antiguos camerieri laicos 'de capa y espada', literalmente vestidos con ambas, que servían en la corte pontificia desde el siglo XVI. Fue el Papa Pablo VI quien en 1968 simplificó estas distinciones históricas al unificar los títulos bajo la actual denominación de gentilhombre de Su Santidad. Estos hombres son nombrados directamente por el Pontífice y suelen ser laicos reclutados entre la nobleza y la élite social, manteniendo en sus funciones una estética que evoca la solemnidad de siglos pasados.
Antiguos uniformes de los 'camarieri' pontificios, quienes portaban capa y espada
En las audiencias diplomáticas y actos oficiales, su presencia es fácilmente reconocible por el uso del frac negro y una triple cadena de oro con las armas pontificias, adornada con medallones que lucen las iniciales «GSS». Junto a ellos, los sediarios pontificios completan este cuerpo de la Casa Pontificia. Aunque antaño su función principal era portar la silla gestatoria —tradición que finalizó con Juan Pablo I en 1978—, hoy permanecen como colaboradores en la Antecámara pontificia, reservando su labor de porteadores exclusivamente para las exequias papales.
Los sediarios pontificios portando las exequias del Papa Francisco
Más allá de la elegancia exterior y del rigor del traje, León XIV subrayó que este servicio de honor requiere una «deontología particular» y, sobre todo, «una fe sólida», de la que nace un estilo espiritual marcado por la devoción a la Iglesia y al Papa.
Al concluir su encuentro, el Santo Padre les pidió que sus acciones y su mirada diaria sean un «espejo luminoso» de esa entrega, otorgándoles su Bendición Apostólica tanto a ellos como a sus familias.