Adrián Ruiz Pelayo pidió una bendición para un pequeño ciprés, conocido como el árbol de la Cruz, que será plantado en Santo Toribio, Cantabria
A pie, en paddle surf y sin dinero: la hazaña de un español que recorrió Italia para ver al Papa e invitarle a Cantabria
Cada muestra de generosidad que el marbellí Adrián Ruiz Pelayo recibió desde Palermo hasta Roma ha sido la prueba de que la Providencia actúa cuando uno confía
Caminar sin dinero, fiarlo todo a la Providencia y descubrir que la bondad aparece cuando menos se espera. Así podría resumirse la historia de Adrián Ruiz Pelayo, un joven marbellí con raíces cántabras—su familia procede de Mogrovejo y Tama, en Liébana—, quien ha protagonizado una de esas gestas que se han convertido en testimonio de fe, sencillez y alegría.
Sin más equipaje que una mochila, sin dinero y una confianza inquebrantable, ha completado una peregrinación de casi un año desde Palermo hasta el Vaticano, demostrando que caminar sin miedo puede transformar la vida.
Una hazaña sobre las aguas y el asfalto
La aventura de Adrián comenzó con una renuncia: dejó su trabajo en una empresa de marketing para lanzarse a la ruta, confiando plenamente en la hospitalidad de los desconocidos. En 2019, una primera peregrinación a pie hasta el monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria, marcaría un antes y un después. Aquel viaje vivido sin dinero y confiado a la hospitalidad ajena, dio origen al proyecto 'Un camino por descubrir'.
Lo que comenzó como una experiencia personal fue revelándose como algo mayor. Sacar a la luz la bondad que hay dentro de las personas se convirtió en su objetivo, convencido de que yendo con poco y abandonándose a la Providencia se puede llegar más lejos que con ningún otro medio.
En el camino que decidió recorrer entre Palermo y Roma, explica en redes sociales, aprendió que los gestos sencillos —una ducha caliente, un abrazo, un poco de agua o pan— pueden transformar a una persona y que nunca le faltó de nada durante su viaje: numerosas personas no solo le apoyaron, sino que se ofrecieron a hospedarle, darle comida o ayudarle con otras necesidades.
Preparando la próxima etapa
El periplo de este español no ha estado exento de hitos asombrosos. En su empeño por no utilizar motores, Adrián protagonizó una proeza en el estrecho de Mesina: cruzó los tres kilómetros que separan Sicilia de la península itálica sobre una tabla de paddle surf. A pesar de las corrientes y remolinos, completó la travesía, un gesto que cobró un sentido especial al coincidir con la festividad de san Francisco de Paola, quien, según la tradición, cruzó esas mismas aguas sobre su manto.
Durante la peregrinación, Adrián conoció la noticia del fallecimiento del Papa Francisco y poco después la elección del nuevo sucesor de Pedro, León XIV, a quien finalmente pudo conocer el pasado miércoles 7 de enero tras la Audiencia General. En sus propias palabras, fue «maravilloso». Adrián había llegado a la capital italiana el 24 de diciembre, justo a tiempo para asistir a la Misa de Navidad.
Ante él, Adrián se presentó un «peregrino de esperanza». Le explicó su largo viaje sin dinero, le pidió una bendición para una pequeña planta de ciprés —conocida como el árbol de la cruz y destinada a ser plantada en Santo Toribio— y le habló de su deseo de que el Papa conozca el humilde monasterio, profundamente ligado a la historia de la Iglesia. Para reforzar su petición, recordó un vínculo histórico: «El Papa san León Magno le dio la pieza más grande del Lignum Crucis– el fragmento de la cruz donde fue crucificado Jesucristo– a Santo Toribio de Liébana».
Al salir de la audiencia, el joven no pudo ocultar su alegría en un mensaje dirigido a quienes le han seguido: «Familia, ¡lo hemos conseguido! Lo hemos conseguido todos. Hemos llegado al Santo Padre y estamos increíblemente felices».
El propio Adrián relata con asombro cómo incluso el acceso al Papa estuvo marcado por lo inesperado. «No sé cómo ha surgido la Providencia», cuenta, al recordar cómo un miembro del protocolo lo llamó por su nombre en el Aula Pablo VI y le facilitó el encuentro.
Para él, cada gesto de bondad recibido ha sido una prueba de que la Providencia actúa cuando hay confianza. Adrián no se detiene aquí. Su próximo destino es Asís, donde planea llegar caminando desde Roma en un estricto compromiso de silencio y ayuno.