Una columna de humo se eleva tras un ataque a la capital iraní
León XIV y Mahmoud Abbas hablan por teléfono sobre los «preocupantes» acontecimientos del conflicto en Oriente Medio
El Pontífice ha renovado el compromiso de la Santa Sede en favor de una paz que se alcance a través del diálogo político y el pleno respeto al Derecho Internacional
León XIV ha mantenido este lunes una conversación telefónica con el presidente del Estado de Palestina, Mahmoud Abbas, sobre los «preocupantes» acontecimientos del conflicto en Oriente Medio y las condiciones de vida del pueblo palestino. Durante el coloquio, el Pontífice ha renovado el compromiso de la Santa Sede en favor de una paz que se alcance a través del diálogo político y el pleno respeto al Derecho Internacional.
Esta llamada coincide con el llamamiento urgente del Dicasterio para las Iglesias Orientales para la colecta de Viernes Santo, alertando de que, pese a los esfuerzos internacionales, «las armas no han callado» y la situación sigue siendo «atroz».
Para contrarrestar esta deshumanización, la Iglesia mantiene una red de apoyo técnico y social financiada mayoritariamente por las contribuciones de los fieles. Entre los proyectos destacados en la carta del purpurado se encuentran la asistencia hospitalaria, la educación y el empleo, la vivienda social y la emergencia humanitaria en Gaza.
Llamamiento al alto el fuego
«Miles de personas inocentes han muerto y muchísimas más se han visto obligadas a abandonar sus hogares», lamentó este domingo el Papa después del rezo del Ángelus. «En nombre de los cristianos de Oriente Medio y de todas las personas de buena voluntad, hago un llamamiento a los responsables de este conflicto: ¡Alto el fuego! Es imprescindible reabrir las vías del diálogo. La violencia jamás conducirá a la justicia, la estabilidad y la paz que anhelan los pueblos», añadió.
Además, la Santa Sede ha reiterado las palabras del Papa subrayando que a los cristianos «se les debe dar la posibilidad, no solo con palabras, de permanecer en sus tierras con todos los derechos necesarios para una existencia segura». Frente a un mundo «en llamas», el Vaticano reclama un gesto que, aunque sea «una gota en el océano», resulta esencial para impedir que ese océano se transforme en un desierto definitivo.