León XIV bendice a la multitud durante la misa de Pascua
Domingo de Resurrección
«Corramos como Magdalena»: El Papa pide llevar la alegría de la Pascua a «las calles del mundo»
El Pontífice propone buscar «resquicios de resurrección» en un mundo herido por la «idolatría del lucro», asegurando que ninguna muerte es definitiva cuando el corazón se ensancha ante la victoria de Dios
miles de flores traídas de Holanda y una abarrotada Plaza de San Pedro forman la imagen habitual de cada Domingo de Resurrección en la Ciudad Eterna. Y así ha vuelto a ser este 5 de abril. Ante el gozoso anuncio de que Cristo ha resucitado, marcando el triunfo sobre la muerte y el pecado y abriendo la esperanza de vida eterna para los fieles, el Papa León XIV ha presidido la Misa del día, iniciada con el tradicional rito del «Resurrexit», poniendo el foco en un mensaje dirigido a quienes hoy se sienten atrapados en situaciones límite, personales o colectivas.
En su homilía, el Pontífice ha reconocido que la Pascua no es fácil de asumir. La ha definido como «una promesa que nos cuesta aceptar», sobre todo en un contexto en el que la experiencia de la muerte —no solo física, también emocional y social— está muy presente en la vida cotidiana, «cuando el lastre de nuestros pecados nos impide alzar el vuelo; cuando las decepciones o la soledad que experimentamos agotan nuestras esperanzas».
Una vista general muestra las flores dispuestas en el pórtico de la basílica antes de la misa de Pascua
El diagnóstico de la «muerte interior»
León XIV ha descrito con claridad esas formas de desgaste interior que, según ha señalado, marcan a muchas personas. Ha hablado de una muerte que se cuela «dentro de nosotros» cuando el peso de los errores, las decepciones o el cansancio acaba por apagar la esperanza.
Lo ha expresado con una imagen reconocible: «cuando los resentimientos sofocan la alegría de vivir (...) nos parece haber caído en un túnel del que no vemos la salida». Una sensación, ha venido a decir, que no es definitiva aunque a menudo lo parezca.
Frente a ese panorama, el Papa ha insistido en que la Pascua no esquiva estas experiencias, sino que entra en ellas y abre una posibilidad distinta incluso en medio del cansancio o la herida.
La denuncia de la «idolatría del lucro»
El análisis no se ha quedado en lo personal. El Pontífice ha ampliado la mirada hacia lo que ocurre fuera, señalando que esa misma lógica de muerte también se refleja en el mundo.
Ha mencionado directamente las «heridas» que atraviesan la sociedad y el sufrimiento de los más vulnerables, y ha sido especialmente crítico con varias realidades, como «los abusos que aplastan a los más débiles», la «idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra» y la violencia «de la guerra que mata y destruye».
Pero incluso en medio de toda esa oscuridad, la Pascua se presenta no como una evasión, sino como una invitación a «ensanchar el corazón» y descubrir que, porque el sepulcro de Jesús está vacío, existe espacio para una nueva vida que surge en «cada muerte que experimentamos».
El atrio de la basílica siempre luce decorado con flores durante la misa del Domingo de Resurrección.
La urgencia de llevar esperanza
Durante la homilía, León XIV ha recuperado palabras de Evangelii gaudium, la primera exhortación apostólica de su predecesor, Francisco. Con esa referencia ha querido subrayar que la resurrección no pertenece solo al pasado, sino que sigue teniendo efecto hoy. «Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección», ha recordado, insistiendo en que incluso en escenarios marcados por la dureza o la violencia pueden surgir dinámicas nuevas.
El Papa ha situado además la Pascua en clave de comienzo. Al recordar que el Evangelio ubica la resurrección en el «primer día de la semana», la ha vinculado con la idea de una «nueva creación»: un punto de partida en el que la vida no queda limitada por la muerte.
La conclusión del Papa ha sido una llamada a la acción, inspirada en la figura de María Magdalena. En un mundo donde todavía se cierne el espectro de la muerte, León XIV ha instado a los fieles a no permanecer estáticos. «Corramos, pues, como María Magdalena», ha exhortado, para llevar por «las calles del mundo» ese «canto de esperanza» y esos «resquicios de resurrección» para llevar esperanza allí donde haga falta. Porque incluso en medio de la oscuridad, siempre hay puede resplandecer «la luz de la vida».