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León XIV en su visita a la Pontificia Academia Eclesiástica

¿Diplomáticos o pastores? El 'aviso' de León XIV a sus futuros embajadores: «La reforma más importante es la conversión»

Vuelve a reclamar que las palabras expresen «realidades ciertas» para evitar los malentendidos que bloquean el diálogo auténtico

El Papa León XIV ha aprovechado el 325º aniversario de la Pontificia Academia Ecclesiástica para dar un mensaje nítido a quienes integran la élite diplomática de la Santa Sede. En su primera visita como Romano Pontífice a esta institución —la «escuela de embajadores» del Vaticano—, el Santo Padre ha recordado que el servicio diplomático no es una carrera de promoción personal ni una oficina técnica, sino una prolongación del ministerio petrino dedicada a la paz, la verdad y la justicia.

León XIV, que ya conocía la casa por su etapa como Prefecto del Dicasterio para los Obispos, ha subrayado que, aunque las reformas recientes han dado a la Academia más autonomía para modernizar los estudios de Derecho, Historia, Política y Economía, el verdadero cambio no está en el currículo. Para el Papa, la prioridad absoluta de un diplomático pontificio es «un constante ejercicio de conversión» que se traduzca en humildad, escucha atenta y cercanía, virtudes que deben blindar al sacerdote frente a las tentaciones de la burocracia.

Durante su visita a la Pontificia Academia Eclesiástica con motivo del 325.º aniversario de su fundación, el Pontífice trazó las líneas maestras del papel que deben desempeñar los futuros diplomáticos de la Santa Sede.

Más allá de la gestión de intereses

En un contexto internacional donde las vías de comunicación parecen dinamitadas, el Pontífice ha definido al diplomático como un «mensajero del anuncio pascual». ¿Con qué encargo? Llevar la paz incluso cuando las esperanzas de reconciliación «parecen desvanecerse» y la diplomacia mundana fracasa. Según el Papa, los nuncios no deben limitarse a gestionar acuerdos, sino que están llamados a ser «puentes» y «canales» para que la gracia divina penetre en los conflictos de la historia.

Esta misión exige, en palabras del Santo Padre, que el diplomático actúe como pastor antes que como estratega. En este sentido, ha vuelto a reclamar, como ya hizo ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede al inicio del año, que las palabras vuelvan a expresar «realidades ciertas» para evitar los malentendidos que bloquean el diálogo auténtico.

La intervención de León XIV ha dejado claro que la labor de sus representantes no se limita a proteger los intereses de las comunidades católicas. El horizonte es «toda la familia humana». Por ello, ha instado a los futuros secretarios de nunciatura a ser promotores de una justicia que proteja la imagen de Dios en cada persona, especialmente en lo que respecta a la libertad religiosa y el derecho a la vida.

Ante el pesimismo que genera un mundo «marcado por las tensiones», el Papa ha pedido a los alumnos de la Academia que no se dejen vencer por la sensación de inutilidad que a veces rodea al diálogo. «No nos debe descorazonar», ha insistido, reafirmando que el ministerio diplomático, ejercido con generosidad, es la única herramienta capaz de custodiar la dignidad humana frente a la cultura del conflicto.