El papa León XIV, en una visita a las Hermanitas de los Pobres en una residencia para ancianos, en Estambul
El Papa pide convertir el descanso estival en un «camino espiritual»: «No dejéis solos a los ancianos»
El Pontífice responde a la pregunta de un fiel en la revista 'Piazza San Pietro', instando a vivir unas vacaciones marcadas por la sobriedad y la atención a los más vulnerables
El número de julio-agosto de la revista Piazza San Pietro, editada por la Basílica Vaticana, ha visto la luz con un mensaje central: las vacaciones no deben ser un paréntesis en la vida de fe, sino una oportunidad de regeneración de la vida interior y de la relación con los demás. En una edición marcada por la reciente visita del Papa León XIV a Lampedusa, el Santo Padre ha querido interpelar directamente a los fieles sobre cómo vivir el tiempo de descanso sin caer en el materialismo.
Uno de los puntos más destacados de cada número es la sección «Diálogo con los lectores», donde el Pontífice responde a la pregunta o inquietud de un fiel. Esta vez ha sido el turno de Maurizio. El lector traslada al Papa una inquietud común en el mundo moderno: cómo «ralentizar el incesante y frenético ritmo de la vida cotidiana» para encontrar un espacio auténtico de encuentro con Dios durante el verano.
La respuesta del Papa es una 'hoja de ruta' para las vacaciones. León XIV exhorta a no ver este tiempo solo como un descanso físico, sino como un camino espiritual. «Utilizad también el tiempo del verano para vivir el Evangelio de la paz y de la misericordia», escribe el Pontífice, quien pone el foco en quienes no pueden disfrutar de este descanso: los enfermos, los que no tienen trabajo, los presos y los migrantes.
Portada del número de julio-agosto de 'Piazza San Pietro'
Llamada contra la soledad y el consumismo
El Pontífice subraya que muchas personas están «aplastadas por el peso de dificultades de todo tipo» que les impiden tener siquiera un breve periodo de reposo. No se refiere únicamente a la falta de recursos económicos, sino también a situaciones personales que roban la paz del corazón, como los enfermos y quienes viven un duelo por la pérdida de seres queridos, las víctimas de la violencia, de la guerra, del odio, del terrorismo o de la persecución por su fe. También recuerda a los olvidados de la sociedad, entre ellos los detenidos, quienes no tienen trabajo o vivienda y los migrantes que no han sido acogidos con dignidad.
Pero el Papa también es especialmente incisivo al dirigirse a las familias: «No dejéis solos a vuestros ancianos». En su reflexión, recuerda que la verdadera alegría no nace del «consumismo» o del «despilfarro», sino de la cercanía con los que sufren. Como ha explicado el Santo Padre, la sobriedad se presenta como una «auténtica fe cristiana» frente a la acumulación de bienes que «obstaculiza la evangelización».
Además de las reflexiones del Papa, este número estival incluye dossiers sobre los retos de la Inteligencia Artificial, defendiendo un futuro construido siempre desde el ser humano, y un análisis sobre la relación entre el Arte y la Fe. Pero lo que destaca especialmente de este número, es que el Papa invita a aprovechar el verano para que las vacaciones sean coherentes con un estilo de vida cristiano, donde el silencio y la contemplación ayuden a redescubrir el patrimonio de humanidad y paz que el mundo necesita.