Hipotiroidismo

HipotiroidismoPexels

La importancia de la alimentación en la salud de la glándula tiroides

Antes de dejarse llevar por informaciones no contrastadas, visualizadas en redes, o empezar a ingerir alimentos por recomendaciones populares; la decisión más inteligente es consultar las dudas con un especialista, que guíe y oriente desde el conocimiento

Encargada del crecimiento y desarrollo del cuerpo, de múltiples procesos metabólicos y la regulación de la temperatura corporal, entre otras funciones, la glándula tiroides ocupa un lugar relevante e imprescindible en el sistema endocrino, y en nuestro día a día. Además, sintetiza dos hormonas: T4, principalmente, y T3, que van al resto del organismo a realizar su cometido.

Las principales patologías tiroideas son hipotiroidismo e hipertiroidismo, éstas repercuten en el resto del cuerpo, produciéndose diferentes alteraciones y causando sintomatología a nivel general. La prevalencia en España de estas enfermedades endocrinas es del 10 %, siendo más frecuentes en mujeres.

Existen tratamientos farmacológicos para tratar las alteraciones de esta glándula, sin embargo, no siempre reducen completamente todos los síntomas propios de dichas enfermedades. Cada vez más estudios demuestran cómo la alimentación ayuda a mejorar la calidad de vida del paciente y el buen estado de la glándula tiroides y sus hormonas. Asimismo, se considera la dieta mediterránea como el patrón dietético más óptimo para estos pacientes, y para todos en general.

En cuanto a los oligoelementos, destacan: selenio, zinc, hierro y yodo. Todos consumidos desde el equilibrio, ya que ni el exceso ni el déficit son positivos para nuestra salud. ¿En qué alimentos podemos encontrarlos?

  • Selenio: nueces de Brasil (entre 3 y 6 al día), huevos, carne, pescado, cereales.
  • Zinc: mariscos, siendo las ostras las que más concentración tienen, legumbres, semillas, carnes rojas y blancas, frutos secos.
  • Hierro: carnes rojas, legumbres, frutos secos, yema de huevo, verduras de hojas verdes…
  • Yodo: sal yodada, mariscos, lácteos, huevos, pescados, algas marinas.

Todos ellos son necesarios para el funcionamiento correcto del tiroides y para la formación y síntesis de las hormonas, y de las proteínas y enzimas claves para la función tiroidea.

Las dietas bajas en calorías no son beneficiosas ni recomendables para estos pacientes, ya que necesitan energía para la conversión de las hormonas tiroideas (de T4 a T3). Como ya se mencionaba anteriormente, son bastantes los estudios que avalan la dieta mediterránea como la mejor opción a seguir. Tiene efecto antiinflamatorio, destaca por sus propiedades antioxidantes e inmunomoduladoras, ayuda a mantener la microbiota de manera saludable y mejora el rendimiento del sistema inmunitario.

La dieta mediterránea se asocia con una alta proporción en verduras, ricas en fibra; semillas, legumbres, frutas, cereales (preferiblemente integrales), aceite de oliva virgen extra, pescado, destacando el azul, por su alto contenido en omega 3; huevos, frutos secos, y un consumo moderado de carnes y lácteos. Con respecto a las verduras como coles de Bruselas, brócoli, coliflor, repollo, es preferible en pacientes con hipotiroidismo, consumirlas cocinadas, y no crudas.

En esta era en la que nos dejamos influir por modas y retiramos alimentos sin tener un porqué fundamentado, se ha comprobado que en pacientes con tiroiditis de Hashimoto que no sean celíacos, no hay motivos para retirar el gluten, ni el retirarlo supone una mejoría de la enfermedad.

Aparte de todo ese enfoque a nivel nutricional, una nueva terapia parece estar tomando fuerza: el eje microbiota- tiroides. Numerosas investigaciones muestran la evidencia del efecto de la microbiota en la salud tiroidea. Cuanta mayor sea la variedad, en cuanto a bacterias se refiere, que conforma nuestra flora intestinal, mejor será el estado de bienestar de nuestro organismo, y del tiroides en concreto. El consumo de fibra y el que nuestra alimentación esté basada en la dieta mediterránea resulta muy beneficioso para la microbiota. También se puede contemplar, si se precisa, tomar un probiótico o simbiótico, los cuales mejoran los niveles de las hormonas tiroideas.

Antes de dejarse llevar por informaciones no contrastadas, visualizadas en redes, o empezar a ingerir alimentos por recomendaciones populares; la decisión más inteligente es consultar las dudas con un especialista, que guíe y oriente desde el conocimiento.

  • María Leyva es farmacéutica y nutricionista.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas