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Por qué la siesta solo debe durar 20 minutos, según los profesionales del sueño

Una siesta corta es ideal para desconectar, reducir el estrés y consolidar memorias recientes

Aunque tradicionalmente se ha asociado la siesta con la cultura española, lo cierto es que este hábito está mucho más extendido de lo que suele pensarse. En numerosos países del mundo también se practica un breve descanso tras la comida del mediodía, generalmente de unos veinte minutos, como una forma de recuperar energía y mejorar el rendimiento diario.

El origen de esta costumbre se remonta a la antigua Roma, donde era habitual interrumpir la jornada en la sexta hora del día solar para dedicar un tiempo al descanso. De ahí procede, precisamente, el término «siesta». Este paréntesis en la actividad cotidiana no solo respondía a una necesidad física, sino que formaba parte de una organización del tiempo orientada al bienestar.

En la actualidad, diversas investigaciones han puesto de relieve los beneficios de este hábito cuando se realiza de forma moderada. Entre ellos, destaca su contribución a mejorar la calidad del sueño nocturno, al favorecer un descanso más equilibrado. Asimismo, se ha observado que una breve siesta puede potenciar las funciones cognitivas, como la atención o la memoria, lo que repercute positivamente en el desempeño intelectual.

A ello se suman efectos favorables sobre los procesos metabólicos, lo que refuerza la idea de que este descanso breve no es únicamente una tradición cultural, sino una práctica con impacto real en la salud. En este sentido, la siesta, lejos de ser un lujo o una costumbre local, se presenta como una herramienta sencilla que, bien gestionada, puede contribuir al bienestar general.

En esta línea, el Dr. Gurutz Linazasoro, neurólogo de la Policlínica Gipuzkoa, afirma que las siestas de 20 minutos son «ideales» para complementar el descanso nocturno, especialmente en aquellas personas que duermen menos de siete horas diarias o para las que sufren insomnio, lo que puede derivar en problemas tanto físicos como mentales.

«Una siesta de unos 20 minutos es ideal para desconectar, reducir el estrés y consolidar memorias recientes. Este breve descanso aporta beneficios inmediatos, como un aumento en la concentración y una mejora del estado de ánimo», ha señalado Linazasoro.

Sin embargo, ha advertido de que las siestas largas pueden ser contraproducentes, pues se puede despertar en una fase profunda del sueño, lo que «genera una sensación de aturdimiento y disminuye el rendimiento durante el resto del día».

El especialista ha recordado que dormir bien es uno de los tres pilares «fundamentales» de la salud, junto con la alimentación y el ejercicio físico, y es que el sueño sirve para que el cerebro lleve actividades de reparación celular, eliminación de toxinas y consolidación de recuerdos.

«El sueño no es solo descanso; es una fase de enorme actividad cerebral que impacta directamente en nuestra salud física y emocional», ha afirmado, tras lo que ha insistido en que las siestas son un aliado «clave».

Por su parte, la doctora Irene Rubio, especialista en neurofisiología y responsable de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud Sur explica: «Una siesta breve puede ser muy beneficiosa, pero cuando se alarga demasiado, puede convertirse en un problema».

«Dormir la siesta no es un factor de riesgo para tener hipertensión», asegura la doctora Rubio quien añade: «Sin embargo, no es conveniente dormir siestas largas, ya que debemos dar tiempo suficiente al descanso nocturno».

La experta advierte que las siestas prolongadas —por encima de los 30 minutos— pueden provocar inercia del sueño, es decir, esa sensación de aturdimiento tras despertar, y afectar negativamente al descanso nocturno. Además, algunas investigaciones apuntan a una posible relación entre las siestas muy largas y el aumento del riesgo de ciertas enfermedades metabólicas, aunque esto podría estar más relacionado con el estilo de vida general que con la siesta en sí.

La siesta ideal

La siesta ideal, según los especialistas del grupo hospitalario, debe durar entre 10 y 20 minutos. Más allá de ese tiempo, el cuerpo entra en fases de sueño profundo que no solo dificultan el despertar, sino que también alteran los ritmos circadianos, generando problemas a largo plazo.

Los profesionales recuerdan que la mayoría de los ciclos de sueño duran aproximadamente 90 minutos, por lo que dormir más de 20 o 30 minutos proporcione al cuerpo el tiempo suficiente para entrar en un sueño profundo de ondas lentas y al despertar, a mitad del ciclo se sienta especialmente aturdido.

En definitiva, la siesta puede ser una herramienta útil para la salud física y mental si se practica con moderación y sentido común. La doctora Rubio lo resume así: «Siestas de 15 a 20 minutos, en un entorno adecuado, pueden ayudarnos a recuperar energía y mejorar nuestro estado de ánimo, siempre que no sustituyan al descanso nocturno».

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