Los quesos duros pueden tomarse quitando el moho
Cómo guardar el queso para que dure más tiempo sin estropearse
Los alimentos lácteos son básicos de la alimentación por sus numerosas propiedades nutricionales. Aportan proteínas e hidratos de carbono, fundamentalmente en forma de lactosa, además de calcio, potasio, fósforo, zinc y otros minerales, así como vitamina B12 y A. Los expertos aseguran, por tanto, que la leche, el yogur o el queso deben formar parte de cualquier dieta equilibrada.
Según distintos estudios, los niños deberían incluir 2-3 raciones de lácteos al día, mientras que los adultos 3-4 en etapas y colectivos con necesidades adicionales, como la adolescencia, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, la edad avanzada y los deportistas.
Una ración de leche equivale a 200-250 mililitros (una taza o vaso), la ración de yogur se sitúa en los 250 gramos (dos yogures). Mientras tanto, la porción de queso semicurado o curado recomendada ronda los 30 gramos y, la de queso fresco llega hasta los 60 gramos al día, informa Europa Press.
La catedrática en Nutrición y doctora en Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, Rosa María Ortega, recomienda el consumo de queso, incluso si se está a dieta, porque «ningún alimento engorda, como producto aislado».
Conservar el queso
En el mundo existen más de 2.000 variedades, desde el parmesano, gran aliado de la digestión, hasta el de cabra, con menos grasas saturadas que otros quesos y más proteínas, con 22 gramos por cada 100.
Uno de los principales problemas de muchos quesos es su conservación. No es raro abrir la nevera y encontrar una pieza con moho, un olor agrio o una capa blanquecina. En la mayoría de los casos, el problema no está en el producto, sino en su conservación.
«El queso es un alimento vivo, con humedad y grasa; su almacenamiento influye directamente en cuánto tiempo se mantiene en buen estado», explica la ingeniera en alimentos Mariana Zapién, creadora del perfil divulgativo @ingdetusalimentos, donde comparte consejos prácticos sobre cómo conservar diferentes productos del día a día.
Si el queso se deja sin protección o expuesto al aire, se reseca; si se envuelve mal o sufre cambios bruscos de temperatura, el moho puede aparecer antes de tiempo. Sin embargo, existen métodos sencillos para prolongar su vida útil sin que pierda sabor ni textura.
Zapién recomienda congelar los quesos frescos, como el de Burgos o la mozzarella, en recipientes de cristal herméticos, procurando dejar la menor cantidad de aire posible. Así pueden mantenerse congelados hasta dos meses sin alterar su sabor ni su textura.
Los quesos curados o con mayor contenido graso, en cambio, no deben congelarse enteros, ya que al descongelarlos pueden volverse quebradizos o perder cremosidad. La especialista aconseja cortarlos en porciones o rallarlos antes de guardarlos, siempre en bolsas o recipientes bien cerrados. De esta forma, pueden conservarse en buen estado hasta siete meses.
Qué quesos no se pueden congelar
No todos los quesos soportan el frío extremo. Los quesos crema, de cabra o ricotta no se recomienda congelarlos debido a su alto contenido de humedad: al descongelarse, pierden su textura cremosa y adquieren una consistencia arenosa. En estos casos, lo ideal es consumirlos pronto o utilizarlos en preparaciones cocinadas, como salsas o gratinados.