Batidos de caco y gominolas

Batidos de cacao y gominolasGetty Images/iStockphoto

Un experto en dietética señala los tres tipos de aditivos que conviene evitar al hacer la compra

Helados, batidos o gominolas pueden esconder emulsionantes, carragenanos y colorantes sintéticos

Leer las etiquetas de los alimentos puede ayudar a conocer mejor su composición y a tomar decisiones informadas al hacer la compra. Miodrag Borges, técnico superior en Dietética y conocido en redes sociales como @microbiotadesdecero, ha explicado en un vídeo cuáles son los tres grupos de aditivos alimentarios que recomienda vigilar al llenar la cesta del supermercado.

Su selección incluye algunos emulsionantes sintéticos, los carragenanos y determinados colorantes artificiales, presentes en productos tan habituales como los helados, las bebidas vegetales, las golosinas o los refrescos.

1. Emulsionantes sintéticos

El primer grupo señalado por Borges incluye la carboximetilcelulosa (E466) y el polisorbato 80 (E433), dos sustancias que se utilizan para mejorar la textura y la estabilidad de determinados alimentos.

Estos compuestos se han investigado por sus posibles efectos sobre la microbiota intestinal y los procesos inflamatorios. Sin embargo, es importante distinguir entre los resultados obtenidos en estudios experimentales y la evidencia disponible en humanos: todavía no se puede afirmar que su consumo habitual provoque necesariamente inflamación crónica o enfermedades cardiovasculares.

Entre los productos que pueden contener estos emulsionantes se encuentran algunos helados, postres lácteos, natas para montar y productos de bollería.

2. Carragenanos

Los carragenanos son aditivos utilizados como espesantes y estabilizantes. Se emplean para modificar la textura de distintos alimentos y pueden encontrarse en algunas bebidas vegetales, batidos de cacao, postres, productos lácteos y determinados fiambres, como el pavo cocido o el jamón cocido.

Borges también los incluye entre los ingredientes que recomienda vigilar y menciona posibles asociaciones con el cáncer de mama y de próstata, así como con otros problemas de salud.

No obstante, estas afirmaciones deben interpretarse con cautela. La evidencia disponible no permite concluir que el consumo de carragenanos autorizados en alimentos cause estos tipos de cáncer en humanos. Para valorar sus posibles efectos, es necesario tener en cuenta las diferencias entre los estudios experimentales, las dosis utilizadas y las exposiciones reales a través de la dieta.

3. Colorantes sintéticos

El tercer grupo está formado por seis colorantes sintéticos utilizados para dar o intensificar el color de determinados productos. Entre los alimentos en los que pueden aparecer figuran las gominolas, las golosinas, algunos refrescos y las bebidas para deportistas.

La preocupación por estos colorantes se relaciona, en parte, con investigaciones que han estudiado sus posibles efectos sobre la actividad y la atención infantil. Un ensayo controlado observó un aumento de la hiperactividad en algunos niños tras la exposición a determinadas mezclas de colorantes, aunque estos resultados no demuestran que todos los colorantes afecten del mismo modo a todos los menores.

En la Unión Europea, los alimentos que contienen determinados colorantes incluidos en esta lista deben llevar una advertencia específica: «Puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños».

¿Conviene evitar estos aditivos?

Borges sostiene que estos ingredientes no aportan beneficios nutricionales significativos y recomienda prestar atención a su presencia en los productos procesados.

En cualquier caso, que un aditivo no aporte nutrientes no significa, por sí solo, que sea perjudicial. La evaluación de su seguridad depende de la sustancia, la cantidad consumida y la evidencia científica disponible. Además, los resultados obtenidos en animales no siempre se reproducen en humanos.

Una estrategia práctica consiste en revisar el etiquetado, comparar productos similares y priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados cuando sea posible, sin asumir que la presencia de un aditivo autorizado convierte automáticamente un alimento en perjudicial.

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