El portero Joan García
Por qué el portero Joan García entrena con una cuerda de bolas
Los porteros pueden llegar a ser los grandes protagonistas en las victorias o derrotas en el campo de juego. Una buena preparación física y psíquica es fundamental para rendir en el campo y su entrenamiento no siempre se ajusta al del resto del equipo. Coordinación, agilidad y reflejos son tres de las cualidades más valoradas. Detrás de una parada decisiva existe un complejo proceso en el que el cerebro debe interpretar información visual, anticipar movimientos y enviar una respuesta al cuerpo en milésimas de segundo. Para entrenar estas facultades, algunos porteros, como Joan García, utilizan la terapia visual.
David Pradass, entrenador y fisioterapeuta de futbolistas, conocido en redes sociales como @dpradass, explica en un vídeo de Instagram el motivo por el que el portero de la selección española y del Fútbol Club Barcelona realiza calentamientos utilizando una cuerda con bolas colocada delante de la nariz.
«La mayoría de porteros entrenan los reflejos y Joan García entrena algo más profundo: cómo procesa la información el cerebro antes de que la mano reaccione», explica Pradass.
Según el especialista, en una situación de uno contra uno, el guardameta debe gestionar múltiples estímulos al mismo tiempo: «En un mano a mano, el portero no puede mirar a la vez al balón, al delantero y al hueco que hay en el espacio. Su cerebro tiene que procesar tres instancias diferentes en menos de un segundo».
La herramienta utilizada es la conocida cuerda de Brock, un instrumento habitual en terapia visual que se emplea para entrenar la coordinación entre ambos ojos, la capacidad de enfoque y la visión binocular.
Pradass explica que este ejercicio obliga a los ojos «a saltar de cerca a lejos sin perder el foco». La dificultad aumenta porque el portero debe realizar otra tarea simultáneamente: recibir lanzamientos mientras mantiene la atención visual en la cuerda.
«El truco está en lo que Joan hace a la vez: le lanzan pelotas mientras sus ojos están ocupados en la cuerda. Las manos tienen que responder con visión periférica pura», señala el entrenador.
Este tipo de entrenamiento busca mejorar la conexión entre el sistema visual, el cerebro y la respuesta motora, un aspecto clave en deportes como el fútbol, donde los jugadores deben tomar decisiones rápidas con información incompleta y en situaciones de máxima presión.
¿Qué es la cuerda de Brock ?
La cuerda de Brock, una de las herramientas más utilizadas en terapia visual, debe su nombre al optometrista suizo Frederick W. Brock (1899-1972), considerado uno de los grandes impulsores de la rehabilitación de la visión binocular.
Las investigaciones y la experiencia clínica de Brock contribuyeron a demostrar que, en determinados pacientes, la visión binocular podía mejorar también en la edad adulta mediante programas específicos de terapia visual.
¿Cómo es la cuerda de Brock?
Se trata de un cordón blanco y flexible de entre tres y cuatro metros y medio de longitud, sobre el que se colocan varias cuentas de colores que pueden desplazarse a distintas posiciones.
Durante los ejercicios, uno de los extremos del cordón se coloca frente a la nariz del paciente y el otro se fija a cierta distancia. La persona debe enfocar sucesivamente las diferentes cuentas mientras observa cómo percibe el cordón y las cuentas.
La prueba proporciona una retroalimentación inmediata sobre si ambos ojos están trabajando de forma coordinada y enfocando correctamente a distintas distancias.
¿Para qué se utiliza?
La cuerda de Brock forma parte de los programas de terapia visual dirigidos a mejorar la coordinación ocular y se emplea principalmente en personas con:
- Insuficiencia de convergencia, una alteración que dificulta que ambos ojos giren hacia dentro al mirar objetos cercanos.
- Estrabismo, cuando los ojos no están correctamente alineados.
- Ambliopía u «ojo vago», como parte de algunos programas de rehabilitación visual.
- Otros trastornos de la visión binocular y de la vergencia.
Su objetivo es entrenar la coordinación entre ambos ojos, mejorar el enfoque y favorecer una visión binocular más eficiente.
Aunque es una herramienta sencilla, su uso debe formar parte de un programa de terapia visual indicado y supervisado por un optometrista u oftalmólogo especializado, ya que no todos los problemas visuales se benefician de este tipo de ejercicios y su eficacia depende del diagnóstico y de las características de cada paciente.
Cómo utilizar la cuerda Brock
Preparación: Coloque un extremo de la cuerda en el pomo de una puerta y sitúe las tres cuentas a diferentes distancias: la más lejana cerca del pomo, la intermedia entre 60 y 150 centímetros del usuario y la más cercana a unos 15 centímetros de la nariz. Ubíquese frente a la puerta, sostenga la cuerda bajo la nariz y manténgala tensa.
Ejercicio: Fije la mirada primero en la cuenta más cercana, procurando verla como una sola imagen. Si aparece doble, ajuste su distancia hasta lograr una visión única. A medida que mejore el control visual, acerque progresivamente la cuenta hasta aproximadamente 2,5 centímetros del puente de la nariz.
Durante la fijación, los dos hilos deben aparentar cruzarse en la cuenta formando una «X» o una «V», según la distancia del punto de enfoque. Repita el mismo procedimiento con la cuenta intermedia y la más lejana, verificando que la convergencia de los hilos se produzca exactamente sobre la cuenta observada.
Para completar el ejercicio, modifique la posición de las cuentas y repita la secuencia.