Un grupo de amigos brinda en un bar

Un grupo de amigos brinda en un barGetty Images

Un estudio revela que aceptar la nostalgia ayuda a sentirse más agradecido

Participar en experiencias que evocan el pasado refuerza el sentimiento de conexión social

¿Te perdiste tu última reunión de exalumnos? Tal vez merezca la pena replanteárselo cuando llegue la próxima convocatoria. Asistir a este tipo de encuentros podría despertar sentimientos más intensos de gratitud, según concluye una investigación reciente liderada por el doctor Jeffrey Green, profesor de psicología en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Commonwealth de Virginia.

La explicación de este fenómeno reside en el poder de la nostalgia. Participar en experiencias que evocan el pasado, o incluso exponerse a estímulos nostálgicos tan simples como escuchar una canción asociada a otra etapa de la vida o dejarse llevar por un recuerdo cargado de emoción, refuerza el sentimiento de conexión social. Ese fortalecimiento de los vínculos, a su vez, incrementa la gratitud.

«Había algunas investigaciones que sugerían que la nostalgia y la gratitud estaban relacionadas causalmente, pero también existía la duda de qué la impulsaba», explicó Green. «Y ese mecanismo resultó ser el sentimiento de conexión social».

La mala reputación de la nostalgia

Durante siglos, la nostalgia no gozó precisamente de buena reputación. En el siglo XVII, recordó el propio Green, un estudiante de medicina suizo, acuñó el término «nostalgia» y la describió como una «enfermedad cerebral de origen demoníaco». Aquella interpretación, basada en el análisis de un grupo de mercenarios que sufrían añoranza extrema de su tierra, influyó durante generaciones en la percepción psicológica de este estado emocional, que fue considerado perjudicial durante mucho tiempo.

Sin embargo, la visión de Green es radicalmente distinta. Para él, volver la vista a recuerdos positivos o cargados de afecto ha sido siempre una experiencia enriquecedora. Su interés académico por la nostalgia comenzó hace aproximadamente quince años, cuando decidió colaborar con quien había sido su director de doctorado en una línea de investigación centrada en este fenómeno.

«Con frecuencia me ponía nostálgico o me sumergía en ensoñaciones nostálgicas. Y luego, como una consecuencia natural, surgió la gratitud», relató Green, conocido además por organizar reuniones de antiguos alumnos tanto de secundaria como de universidad, e incluso de su quinto grado. «Pensaba: ¿Hay algo ahí? ¿Soy solo yo o es una característica inherente de la nostalgia?».

Aunque nunca consideró su inclinación nostálgica como algo negativo, el psicólogo quiso entender por qué esas evocaciones del pasado despertaban en él una gratitud tan intensa. Para despejar esa incógnita, Green y sus colaboradores diseñaron varios estudios con muestras diversas. Los resultados fueron publicados recientemente en la revista Personality and Individual Differences, editada por la Sociedad Internacional para el Estudio de las Diferencias Individuales.

En dos de los trabajos, los participantes completaron cuestionarios destinados a medir su nivel de nostalgia, gratitud y conexión social. En un tercer estudio, los voluntarios escucharon una canción evocadora del pasado y, posteriormente, evaluaron cómo se sentían en términos de cercanía social y agradecimiento.

Nostalgia como catalizador

El conjunto de los datos condujo a una conclusión clara: al rememorar experiencias nostálgicas, las personas reflexionan sobre sus relaciones y vínculos, lo que favorece una mayor gratitud hacia su propia vida y trayectoria. Dicho de otro modo, la nostalgia actúa como catalizador de la gratitud a través del sentimiento de conexión social.

Estudios previos ya habían demostrado que fomentar la gratitud mejora el bienestar psicológico general. A partir de estos hallazgos, Green plantea que exponerse de manera consciente a estímulos nostálgicos, como fotografías antiguas, melodías significativas o incluso aromas asociados a otros tiempos, podría potenciar ese beneficio.

No obstante, el investigador advierte de que cultivar la gratitud resulta más complejo en una época dominada por las comparaciones constantes que generan las redes sociales, donde muchas personas se miden frente a estándares artificiales difíciles de alcanzar.

«Creo que si lo reducimos a una sola cosa –felicidad, satisfacción vital, significado, todos estos conceptos relacionados–, normalmente nos encontramos con conexiones de calidad con otros seres humanos», señaló. «La gratitud es uno de estos metaenfoques, que se centra en lo que tienes en lugar de en lo que no tienes».

Para Green, su trabajo científico no hace sino confirmar una intuición personal largamente sostenida. «Cuando recuerdo estas diferentes épocas, ya sea la secundaria, la escuela de posgrado, el tiempo que viví en Japón o mi primer trabajo académico en una pequeña escuela en el sur de California», confesó, «me siento bendecido».

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