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Mantener una adecuada higiene es primordial para conservar la salud y prevenir las enfermedadesGetty Images

Cada cuánto debes ducharte después de los 65 años

Mantener una higiene adecuada es fundamental para conservar la salud y prevenir enfermedades. La falta de higiene corporal puede causar hongos, sarna o micosis. Sin embargo, según la Academia Española de Dermatología y Venearología (AEDV) abusar de jabones o productos de higiene puede perjudicar la piel que pierde un 25 % de su hidratación natural durante la ducha. En ocasiones, puede provocar picazón y descamación, lo que puede causar infecciones. Los expertos aseguran que, si bien en fundamental una higiene para evitar los olores corporales, a partir de cierta edad, como pueden ser los 65 años bañarse a diario no siempre es necesario, ni siquiera beneficioso. A medida que se envejece, nuestra piel puede volverse más seca y sensible, lo que significa que el baño diario podría provocar molestias o incluso daños en la piel.

En un artículo publicado en showerbay.com, Amy Clark, experta en atención a ancianos afirma: «Las personas mayores deberían bañarse al menos una o dos veces por semana. Esto se debe a que son más propensas a sufrir daños en la piel y otras infecciones» y añade: «Lograr un equilibrio es crucial. Bañarse en exceso puede despojar a la piel de sus aceites naturales, lo que provoca sequedad e irritación. Por otro lado, bañarse poco puede provocar la acumulación de bacterias y hongos, causando mal olor corporal e infecciones». Esto no significa que se deje de hacer un lavado diario, por lo que también se aconseja que las personas mayores limpien diariamente la cara pero también axilas, pies y zonas íntimas para prevenir infecciones, malos olores o molestias.

Señales de que es hora de un baño

Reconocer el momento adecuado para realizar el baño es una tarea clave para quienes asumen labores de cuidado, ya sea en el ámbito familiar o profesional. No siempre se trata de seguir un calendario rígido, sino de saber interpretar una serie de señales físicas y emocionales que indican que la higiene personal necesita ser atendida. Estas pistas suelen manifestarse de manera progresiva y, en conjunto, ofrecen una imagen clara de incomodidad o descuido que conviene abordar con sensibilidad y atención.

Uno de los primeros aspectos a tener en cuenta es el estado de la piel y del cabello. La aparición de irritaciones cutáneas, zonas enrojecidas o una mayor sensibilidad al roce puede ser consecuencia de la acumulación de sudor, restos de productos o suciedad. Del mismo modo, cuando el cabello presenta un aspecto graso, apelmazado o visiblemente sucio, suele ser un indicio evidente de que ha pasado demasiado tiempo desde el último lavado. Esta condición no solo afecta a la imagen externa, sino que también puede provocar picor o malestar, incrementando la sensación de incomodidad general.

El dolor o la rigidez corporal constituyen otra señal relevante. Las personas que padecen molestias articulares, artritis o dolores en la espalda baja pueden experimentar una mayor sensación de pesadez cuando no mantienen una higiene regular. En estos casos, el baño no solo cumple una función de limpieza, sino que puede aportar alivio físico, ayudar a relajar los músculos y mejorar la movilidad. De este modo, la higiene se convierte también en una herramienta de bienestar y cuidado integral.

En paralelo, el estado de salud mental ofrece pistas que no deben pasarse por alto. Sentimientos de estrés acumulado, cansancio persistente o bajos niveles de energía pueden estar relacionados con una falta de autocuidado. Un baño adecuado, realizado en un entorno tranquilo y sin prisas, puede contribuir a mejorar el estado de ánimo, aportar una sensación de renovación y favorecer una actitud más positiva. En muchas ocasiones, este gesto sencillo actúa como un punto de inflexión en el día, ayudando a recuperar cierta sensación de control y confort personal.

El olor corporal es otro factor determinante. Aunque pueda ser leve en un primer momento, la presencia de olores asociados al sudor o a la falta de higiene suele ser una de las señales más claras de que el baño se ha pospuesto en exceso. Este aspecto no solo influye en la convivencia con otras personas, sino también en la propia percepción de dignidad y bienestar.

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