17 de agosto de 2022

El presidente de la Asociación Española de Tropicales, Domingo Medina, revisa una de sus plantaciones de frutas tropicales, aguacates y mangos, en las que ha arrancado gran parte de los arboles

El presidente de la Asociación Española de Tropicales, Domingo Medina, revisa una de sus plantaciones de frutas tropicales, aguacates y mangos, en las que ha arrancado gran parte de los arbolesEFE

Agricultura

Sacrificar árboles para sobrevivir: la dura decisión de los agricultores para hacer frente a la sequía

Sacrificar la producción –o parte de ella– para continuar adelante. Este es el dilema al que se enfrentan muchos agricultores españoles ante la grave sequía que afecta a la Península Ibérica.
En Andalucía, por ejemplo, los aguacates y la aceituna de mesa están en peligro. La falta de agua hace que el fruto no engorde lo suficiente y se arrugue.
El aguacate, uno de los productos estrella del campo malagueño, está pagando la escasez. Una situación que tiene difícil salida: hay quien arranca la planta entera con vistas a replantar más adelante o quien, al menos, se ve obligado a realizar podas severas.
Arrancar árboles viejos, los cuales proporcionan un fruto cuya calidad empieza a bajar, permite asegurar la supervivencia de los árboles más fecundos, los cuales sí podrán ser regados con los escasos recursos de los que ahora se dispone.
No le va mucho mejor al mango, ni tampoco a la aceituna de mesa, otros de los ojitos derechos de la producción andaluza.
La cosecha en los olivares estará irremediablemente marcada por la ausencia de precipitaciones y las altísimas temperaturas, como sucede con la actual ola de calor.

Un 2022 extremadamente seco

El mango y el aguacate en el sur de España han estado en el disparadero desde siempre como cultivos tropicales que son, pero ha sido llegar un año seco como el presente para que se produzca el caos.
Asociaciones ecologistas denunciaban a principios de año lo que consideran que es uno de los grandes males: en la Península no dejan de aumentar cultivos como el mango, el aguacate o el maíz, propios de climas lluviosos y tropicales.
Greenpeace criticó la «insensata política hídrica» en España, un territorio, dicen, susceptible de desertificación.
El aguacate y el mango se han ido consolidando en España, dado que son muy demandados –tanto dentro como fuera de nuestras fronteras– y producen una fuerte facturación.
La rentabilidad que, por ejemplo, proporciona el aguacate, ha hecho que su superficie siga ampliándose.
El problema son los miles de litros de agua que exige su producción.
Málaga, Huelva, Cádiz, Almería, Comunidad Valenciana, las Canarias o Baleares aglutinan este tipo de cultivos tropicales pese a que no suelen registrar grandes cantidades en el pluviómetro, ni siquiera en años más benignos.
Según los especialistas, una hectárea de aguacate necesita unos 7.000 metros cúbicos de agua al año y una de mango, unos 5.500.
Son clave para el sector estratégico de la Economía Andaluza. Sin embargo, la falta de agua está desesperando este año a los agricultores, que observan cómo la ausencia de lluvia provoca que este fruto pierda calidad.
Según la Asociación Española de Tropicales, que aglutina a medio millar de agricultores, productores y comercializadores, la sequía pone «en entredicho el futuro de un sector» que ya la campaña pasada «vio caer su facturación casi un 10 %».
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