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El modelo familiar prevalece en España frente a otros basados en macrogranjas que imperan en otros paísesGTRES

Cómo la agricultura y la ganadería familiar pueden ser la solución al cambio climático

El sector de la producción de alimentos es responsable de entre el 12 y el 14 % de las emisiones de gases de efecto invernadero

El modelo familiar de producción de alimentos, base de la agricultura y la ganadería españolas, se erige como una de las posibles soluciones al cambio climático. Hablamos de las explotaciones pequeñas que pueden proporcionar por sí solas los recursos suficientes para mantener a una familia en condiciones aceptables.

En nuestro país, el 87 por ciento son de carácter familiar y gestionan el 13,1 por ciento del total de la superficie agraria de la Unión Europea, más que ningún otro Estado miembro, según datos del Anuario de la Agricultura y Ganadería Familiar 2022.

Este modelo prevalece en España frente a otros basados en macrogranjas que imperan en otros países. Por ello, este sistema estrechamente vinculado al territorio se presenta como más sostenible, resiliente y que permite afrontar con mayores garantías la mitigación y la adaptación al cambio climático.

El secretario de relaciones internacionales de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), José Manuel Roche, expresa su preocupación por el futuro del campo: «Vemos como cada año se incrementan las sequías, las olas de calor y los fenómenos extremos en general. Nuestro deseo es seguir produciendo alimentos para toda la sociedad, pero necesitamos apoyo para poder seguir haciéndolo en el futuro».

Además, UPA recuerda que el sector productor de alimentos, responsable de entre un 12 y un 14 % de las emisiones de gases de efecto invernadero es un sector estratégico, imprescindible y muy sensible, sobre el que «no caben experimentos, sino políticas muy serias y muy reflexionadas».

Agricultores y ganaderos reivindican esta ganadería familiar por ser más respetuosa con el medio ambiente, pero reclaman que también sea sostenible económica y socialmente. Sin embargo, la nueva PAC establece fuertes requisitos medioambientales que tendrán un coste que preocupa a los productores de alimentos debido a la dificultad de trasladarlos hacia delante en la cadena agroalimentaria.

El sector se enfrenta actualmente a dificultades coyunturales tales como el incremento de los costes de producción o los episodios de sequía, cuyos efectos están afectando a la rentabilidad de las explotaciones. Los miembros de la UPA han asistido a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP27 celebrada en Egipto para demandar la viabilidad y rentabilidad de estas actividades económicas básicas para la subsistencia humana.

Insisten en que, mientras en Europa en ocasiones se señala a determinados sectores como responsables del cambio climático, los líderes de países como India, China y Rusia –con 3.000 millones de habitantes y 17.056 megatoneladas de CO2 emitido al año entre los tres países– ni siquiera asisten a la COP27. España, en cambio, emitió 231 megatoneladas el año pasado, un 1 % de lo que emiten esos tres gigantes.

Las macrogranjas

La alternativa al modelo familiar serían las macrogranjas, instalaciones de ganadería industrial o intensiva donde se cría a gran número de animales. Estas han sido muy criticadas especialmente por su gran impacto ambiental. La descomposición de los purines emite gases contaminantes como el metano (NH4), el amoníaco (NH3) o el óxido nitroso (N2O), todos ellos contribuyentes al cambio climático.

Además, los desechos pueden filtrarse hasta las capas subterráneas de la tierra y terminar contaminando los acuíferos. Estos centros también serían responsables de utilizar una cantidad ingente de agua, no solo para el consumo animal, sino también para la limpieza de las propias instalaciones.

Por todo ello, los pequeños agricultores y ganaderos defienden su modelo por ser más respetuoso con el medio ambiente. Reclaman formación, asesoramiento e innovación y no caer en lo fácil, que es la penalización.