Bebé recién nacido
¿Pikachu o Akuma? Japón dice basta a los nombres raros en bebés
Los nombres kirakira comenzaron a ganar popularidad en los años noventa, cuando algunos padres comenzaron a experimentar con combinaciones inusuales de kanji
A partir de esta semana, los padres en Japón ya no tendrán libertad total para elegir cómo se pronuncian los nombres de sus hijos escritos en caracteres kanji. Una nueva normativa busca frenar la creciente moda de los llamados nombres kirakira –término que se traduce como «brillante» o «reluciente»– conocidos por su originalidad y, en muchos casos, por su pronunciación poco convencional.
La medida, que forma parte de una reforma en la legislación del registro familiar, no prohíbe el uso de caracteres kanji en sí, pero sí exige que los progenitores informen a las autoridades locales sobre la lectura fonética del nombre elegido. Con ello se pretende evitar combinaciones de pronunciaciones inusuales que pueden provocar confusión en instituciones públicas, así como burlas en entornos escolares.
A partir de ahora, solo serán válidas las lecturas de kanji que estén oficialmente reconocidas. Según el gobierno japonés, la iniciativa tiene como objetivo facilitar la digitalización de los procesos administrativos, además de evitar problemas prácticos en lugares como escuelas, hospitales o servicios públicos, donde los nombres con pronunciaciones extravagantes han generado dificultades.
Los nombres kirakira comenzaron a ganar popularidad en los años noventa, cuando algunos padres comenzaron a experimentar con combinaciones inusuales de kanji, inspirándose en personajes populares, marcas internacionales o incluso conceptos llamativos. Ejemplos como Pikachu (por el personaje de Pokémon), Naiki (una lectura alternativa de Nike), Daiya (diamante), Pū (como Winnie-the-Pooh), o Kitty (en alusión a Hello Kitty), se han vuelto tristemente célebres. Otros han generado polémica por su carga simbólica, como Ōjisama (Príncipe) o Akuma (Diablo).
Un caso recordado es el de Seiko Hashimoto, exatleta olímpica y presidenta del comité organizador de Tokio 2020, quien nombró a sus hijos Girishia y Torino, en referencia a Grecia y Turín, sedes de los Juegos Olímpicos de 2004 y 2006, respectivamente. Aunque Hashimoto conocía la lectura correcta de los kanji que eligió, no todos habrían sabido cómo pronunciarlos.
Para muchos padres, estas decisiones son una forma de expresar individualidad en una sociedad que suele valorar la uniformidad, especialmente en lo relacionado con la crianza. Sin embargo, las autoridades han manifestado que muchas de estas lecturas creativas son, simplemente, imposibles de descifrar al primer intento.
A partir de la implementación de esta norma, cuando la lectura de un nombre no se ajuste a los estándares establecidos, los padres deberán justificar su elección por escrito. En los casos más extremos, podrían verse obligados a proponer una versión alternativa aceptable.
Aunque los más de 3.000 kanji permitidos por la ley revisada pueden tener múltiples lecturas reconocidas, el gobierno pretende limitar las interpretaciones excesivamente libres. Según los medios japoneses, solo las variantes más exageradas serán rechazadas, pero esta nueva exigencia marca un cambio significativo en el funcionamiento del koseki, el sistema legal que registra los datos familiares en Japón.
Con este paso, Japón intenta equilibrar la creatividad personal con la necesidad de claridad administrativa, evitando que los nombres se conviertan en un obstáculo para la vida cotidiana de quienes los llevan.