Fundado en 1910

La enfermedad de Parkinson provoca movimientos involuntarios o incontrolables

Un estudio vincula la exposición a una sustancia química con un mayor riesgo de párkinson

Aunque no se establece una causalidad directa, sí se observa una asociación estadística significativa

El tricloroetileno (TCE), una sustancia química usada históricamente en procesos como el desengrasado de metales y la limpieza en seco, aún se emplea hoy como disolvente industrial, a pesar de haber sido prohibido en ciertos contextos. Se trata de un contaminante persistente que permanece en el aire, el agua y el suelo de Estados Unidos.

Un estudio a gran escala realizado por el Instituto Neurológico Barrow de Phoenix y publicado en la revista Neurology ha detectado una posible relación entre la exposición prolongada al TCE en espacios exteriores y un mayor riesgo de desarrollar párkinson. Aunque no se establece una causalidad directa, sí se observa una asociación estadística significativa.

«En este estudio nacional de adultos mayores, la exposición prolongada al tricloroetileno en el aire exterior se asoció con un aumento pequeño pero medible del riesgo de Parkinson», explica la doctora Brittany Krzyzanowski, autora principal de la investigación. «Estos hallazgos se suman a la creciente evidencia de que las exposiciones ambientales pueden contribuir a la enfermedad de Parkinson».

Para el análisis, los científicos recurrieron a datos de Medicare, centrando su atención en personas mayores de 67 años diagnosticadas de párkinson entre 2016 y 2018, y comparándolas con un grupo control sin la enfermedad. Tras excluir aquellos sin información detallada sobre su lugar de residencia, la muestra final incluyó a más de 221.000 pacientes con párkinson y más de 1,1 millones de personas sin el trastorno.

La exposición al TCE se estimó a partir de los datos de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense, utilizando el código postal ampliado de los domicilios. Estas concentraciones se asignaron según tramos censales y se tomaron en cuenta los niveles de dos años antes del diagnóstico.

Los participantes se clasificaron en diez grupos en función del nivel estimado de exposición. Aquellos con mayor exposición al TCE (hasta 8,66 microgramos por metro cúbico) presentaron un riesgo un 10 % superior de desarrollar párkinson respecto a quienes vivían en zonas con concentraciones más bajas.

Asimismo, el estudio detectó varios focos geográficos con niveles elevados de TCE, sobre todo en el llamado Cinturón Industrial. El análisis incluyó también zonas cercanas a las tres principales plantas emisoras del país, hallando mayor riesgo cuanto más próxima estaba la residencia a estas instalaciones.

«Si bien el aumento del riesgo fue moderado, la gran cantidad de personas expuestas al TCE en el medio ambiente implica que el impacto potencial en la salud pública podría ser considerable», subraya Krzyzanowski. Sin embargo, los autores advierten de ciertas limitaciones, como el enfoque exclusivo en personas mayores y el uso de datos ambientales de 2002 que podrían no reflejar la exposición individual completa.