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Óscar

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La «catástrofe» de Óscar, el joven con autismo al que quieren trasladar a 175 kilómetros de su familia

Desde pequeño, la escuela fue un espacio hostil. Ingresó en un colegio ordinario a los tres años, pero nunca llegó a integrarse

Una familia de La Coruña ha iniciado una campaña de difusión en redes sociales ante la inminente decisión de la Xunta de trasladar a su hijo Óscar, un joven con autismo y discapacidad severa, a un centro en Orense. La medida supone un cambio drástico, ya que actualmente está internado en un centro a apenas 10 minutos de su hogar y mantiene contacto diario con su entorno familiar y social.

Ahora, en una reciente publicación de Instagram –que incluye fotografías y testimonios del joven integrado en su barrio, compartiendo cenas familiares y siendo reconocido por vecinos y camareros– la familia relata la situación con el objetivo de visibilizar su caso y pedir ayuda urgente.

Tal y como relata su hermano Víctor en la cuenta, Óscar tiene 23 años y es autista. Desde pequeño, la escuela fue un espacio hostil. Ingresó en un colegio ordinario a los tres años, pero nunca llegó a integrarse. A los 10, tras la presión de los padres de otros alumnos, el centro lo expulsó. Durante año y medio quedó sin escolarización, hasta que un recurso judicial obligó a asignarle una plaza en el colegio María Mariño.

Con la adolescencia llegaron nuevas complicaciones. Durante la pandemia, con parques cerrados y sin recursos de apoyo, la convivencia en casa se hizo insostenible. Óscar ya medía casi dos metros y pesaba más de 100 kilos. Sus padres, sin alternativa, pidieron su ingreso en un centro. La respuesta tardó más de un año, pero finalmente se le ofreció una plaza en Sarria, a casi tres horas de La Coruña.

Solo en 2021 se logró lo que parecía un punto de inflexión: su traslado al centro de As Xubias, a 500 metros del hogar familiar. Allí encontró un equilibrio: sus padres lo visitan tres veces por semana, comparte cenas en casa y pasea por un barrio donde todos lo conocen. «En el bar del puerto siempre le guardan un KitKat, y los vecinos lo saludan por su nombre», explica su hermano.

Ese frágil bienestar es el que ahora amenaza el traslado forzoso a Orense, una ciudad donde no tiene vínculos y que supondría romper la rutina que le da seguridad. Para la familia, significaría además recorrer más de 250 kilómetros cada vez que quisieran verlo. «Sería una catástrofe, no solo para Óscar, también para nosotros», lamentan sus padres, que a sus 70 años temen no poder mantener ese contacto cercano.

La familia, cuyo portavoz es su hermano Víctor, ha explicado que recibieron una carta oficial en la que se les comunica que en 10 días el traslado deberá producirse. Si esto sucede, sus padres tendrían que recorrer hasta cuatro horas diarias en coche para visitarlo desde Ourense, lo que considera «una ruptura injusta con su vida actual», firma Víctor, que ha publicado también su número (661 290 258) para contactos interesados en amplificar la difusión o colaborar.

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