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Una mamá embarazada y la hermana mayor del bebéGetty Images

Las cinco palabras que pueden cambiar una conversación sobre el aborto

Estas se pueden usar para herir, quedar por encima de las personas o tener razón, pero también pueden servir para concienciar, enseñar o sanar; solo depende del modo en que se empleen

En las comidas familiares, en reuniones con amigos, en el trabajo... los debates están a la orden del día. Sin embargo, no todos son tan sencillos como hablar de si merecía el Balón de Oro 2025 Ousmane Dembélé o Lamine Yamal. Existen otros temas «tabú» como el aborto, una práctica de la que todos opinan y hablar, pero casi nadie con palabras sólidas. Y es que, en esta época de políticas a favor de la cultura de la muerte, gana más peso la frase «es su cuerpo, ella decide», que argumentar lo que ocurre cuando se va a abortar a un feto.

En una era donde la natalidad está bajo mínimos, Mónica García, ministra de Sanidad, alardeó el pasado mes de octubre de que el pasado año 106.172 mujeres decidieron frenar el crecimiento de su feto y quitarle la vida. Esto supone 3.075 más que en 2023, un 2,98 % de aumento.

Aunque en una disputa sobre esta controvertida práctica es muy complicado llegar a un punto de entendimiento y empatía por el nasciturus, Michael Robinson, director ejecutivo de asuntos públicos y servicios legales de la Sociedad para la Protección de los Niños No Nacidos, ha afirmado que existen cinco palabras que pueden transformar la conversación, y quizás incluso a la persona con la que estás hablando.

La primera palabra a la que se refiere es «humano». Según su criterio, no es necesaria la filosofía para responder a la pregunta de cuándo comienza la vida, ya que «la biología ya lo ha hecho por nosotros». Así, Robinson afirma que desde la concepción, existe «una vida humana nueva y distinta». No es parte de la madre, no es una persona «potencial», sino «un individuo único con su propio ADN, sexo y futuro». Es por ello que considera que la palabra «humano» resulta conmovedora porque es «simple y objetiva».

El segundo término es «persona». En este sentido, revela que una «vez que la gente acepta la ciencia, la pregunta suele cambiar: ¿Pero son personas?». Ahí, garantiza el también abogado, radica la verdadera cuestión moral”. ¿Qué es lo que «nos convierte en personas dignas de protección»? Si «la condición de persona» depende del tamaño, la capacidad o la independencia, entonces «ninguno de nosotros está realmente a salvo».

La postura provida es «radical en el mejor sentido de la palabra». En este punto, el director ejecutivo sostiene que «todo ser humano», desde «el embrión más pequeño» hasta «el adulto más vulnerable», posee «el mismo valor». No por «lo que pueda hacer», sino por «lo que es».

También se refiere a la «compasión». Aquí, Robinson anota que ser provida «no significa condenar a las mujeres, sino apoyarlas». Para él, que ha defendido los derechos de algunos de los grupos más vulnerables y desfavorecidos de la sociedad, muchas mujeres piensan en abortar lo hacen porque no tienen otra alternativa. Así, revela que «a menudo es el medio, la presión o la desesperación».

En el cuarto punto está la «elección», ya que «suele presentarse como la gran baza moral». A este respecto, el experto garantiza que si una mamá no sabe qué hacer, suele pensar en la pobreza, el miedo y termina quitando la vida a su feto. Por ello, reza por que las mujeres tengan «mejores opciones, no menos vidas» porque la verdadera libertad de elección implica «apoyo práctico, comunidad y esperanza».

La última palabra a la que se refiere Robinson es «nosotros», ya que esto no se trata «de tú contra mí», sino del conjunto, de quiénes somos, qué tipo de sociedad queremos construir, y cómo tratamos a los que son más vulnerables que nosotros. Aquí apunta que cuando se emplea, se suele recordar que es algo de una comunidad, de todos. Además, afirma que «cada uno de nosotros alguna vez dependió de la protección de alguien más. Cada uno de nosotros alguna vez fue pequeño, invisible y dependiente».

Por último, recuerda que las palabras tienen mucha fuerza. Estas se pueden usar para herir, quedar por encima de las personas o tener razón, pero también pueden servir para concienciar, enseñar o sanar; solo depende del modo en que se empleen.