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Doctor Rodrigo Orozco

Doctor Rodrigo OrozcoCedida

Un ginecólogo en contra de las 'listas negras': «La objeción de conciencia no es un capricho, es una garantía ética»

Ver latir un corazón dentro del vientre materno, escuchar ese sonido y luego sostener esa vida en tus manos te cambia para siempre

La cultura de la muerte en España está a la orden del día. Al Gobierno ya no le basta solo con intentar avalar en aborto en la Constitución. Ahora, además de negar la existencia del síndrome posaborto, y perseguir a las comunidades PP, han se han dirigido a los facultativos, quienes deben anotar si son objetores de conciencia o no. Esto le servirá a al ministerio de Sanidad para crear una 'lista negra de médicos' los cuales podrán estar posteriormente señalados.

A pesar de ello, el doctor Rodrigo Orozco Fernández, ginecólogo y obstetra del Hospital Quironsalud Málaga, señala a Este Medio que la objeción de conciencia «no es un capricho ni un privilegio del médico», es una garantía ética que protege «tanto al profesional como al propio sistema sanitario».

–Los doctores estáis señalados ahora mismo; el Ministerio quiere quitaros uno de vuestros derechos, el de la objeción de conciencia. ¿Cómo os perjudica esto?

–La objeción de conciencia no es un capricho ni un privilegio del médico, es una garantía ética que protege tanto al profesional como al propio sistema sanitario. Los médicos no somos simples ejecutores de órdenes, sino personas con conciencia, con una formación científica, pero también moral. Si se limita la objeción, se rompe el equilibrio entre ciencia y conciencia que siempre ha sustentado la medicina desde su origen hipocrático. Y eso no nos perjudica solo a nosotros, sino también a los pacientes, porque la confianza nace de saber que quien te atiende actúa conforme a lo que considera éticamente correcto.

–¿Por qué esta insistencia repentina de Mónica García y Ana Redondo?

–No lo sé con certeza, pero no parece responder a una necesidad sanitaria real. No existe una falta de acceso a las prestaciones reconocidas por ley debido a los médicos. Si hay dificultades, suelen deberse a la falta de medios o de gestión. Sin embargo, se ha decidido convertir al profesional sanitario en el problema, o en el responsable del problema, cuando en realidad somos parte de la solución. Y eso es injusto, peligroso y estigmatizante.

–Como doctor que trae vidas al mundo, ¿qué opina de que se rechace la vida humana?

–Cada vez que ayudo a nacer a un niño, o a conseguir un embarazo en una mujer que lo desea, recuerdo por qué elegí esta profesión. Ver latir un corazón dentro del vientre materno, escuchar ese sonido y luego sostener esa vida en tus manos te cambia para siempre. He acompañado a muchas familias que han perdido a sus hijos, desde etapas muy tempranas del embarazo hasta en el parto o después de él, y sé de primera mano el dolor de un duelo perinatal. Por eso me duele profundamente que se hable de la vida como si fuera algo negociable. No hay vida «deseada» y «no deseada»: hay vida humana, punto. Defenderla no es una cuestión religiosa o política, es una cuestión de humanidad.

–¿Os sentís señalados? ¿Tenéis miedo de que se cree una lista negra de objetores?

–Por suerte, y sobre todo por convicción, no hablamos de miedo. Más que miedo, hay preocupación. Una lista de objetores es algo propio de otros tiempos. Señalar públicamente a los profesionales que actúan conforme a su conciencia es atentar contra su libertad y su dignidad, además de vulnerar derechos protegidos por la ley. No debemos olvidar que detrás de cada médico hay una persona, una familia y una vocación que merecen respeto.

Si lo que se pretende, como se dice, es mejorar la eficiencia y la gestión de recursos, lo lógico sería hacer un registro de quienes sí realizan los procedimientos, no de quienes no. Por poner un ejemplo sencillo: si una paciente quiere operarse de una hernia, acude al cirujano que tiene experiencia en ello, no busca al que no las opera para descartarlo.

El poder político no puede definir qué está bien o mal en términos morales dentro de la práctica médica; entraríamos en un terreno muy peligrosoDoctor Rodrigo Orozco

–¿Cree que detrás de esta medida hay un intento ideológico o más bien una estrategia política?

–Cuando hablamos de medicina y bioética, prefiero no hablar de política. Desde mi punto de vista, el bien común –y el mayor de ellos es la salud y la vida– no puede verse condicionado por ideologías ni por políticas del momento. Cuando una decisión no tiene justificación sanitaria ni mejora la atención al paciente, suele tener otro tipo de trasfondo. Parece que se pretende reescribir el relato moral: que el médico que se niega a participar en un aborto sea visto como un obstáculo, en lugar de como alguien que defiende un principio ético y un pilar moral fundamental.

–¿Considera que el Gobierno intenta cambiar el relato sobre la objeción de conciencia para controlar la práctica médica?

–La medicina siempre se ha sostenido sobre dos pilares: el conocimiento científico y la ética. A mi juicio, el poder político no puede definir qué está bien o mal en términos morales dentro de la práctica médica; entraríamos en un terreno muy peligroso. Hoy es la objeción al aborto; mañana podría ser la selección genética o cualquier otra cuestión. La libertad del médico protege, en última instancia, la libertad del paciente.

–¿Qué consecuencias puede tener, a medio y largo plazo, limitar la objeción de conciencia en el sistema sanitario?

–La más grave sería la deshumanización de la medicina. Si el profesional sanitario deja de tener voz moral, se convierte en un mero ejecutor técnico. Eso generará, sin duda, un clima de miedo, desconfianza, autocensura y pérdida de vocaciones. Muchos jóvenes dejarán de ver la medicina como un espacio donde la ética y la ciencia conviven. Y eso sería una tragedia para todos, especialmente para los pacientes.

–¿Para usted qué es la vida?

–La vida es un milagro biológico y, al mismo tiempo, una responsabilidad moral. Es el bien más frágil y valioso que existe. Para mí, como ginecólogo y obstetra, la vida comienza mucho antes de lo que muchos quieren reconocer: la ciencia coincide en que se inicia en el momento de la concepción, cuando se unen el gameto masculino (espermatozoide) y el femenino (óvulo). En ese instante se crea una carga genética única, humana, irrepetible. Y esa vida, como todas, merece respeto.

–¿Qué le pediría a la ministra de Sanidad?

–Le pediría que, como médico que es, escuche a los profesionales, no que los enfrente. Que no convierta un derecho fundamental en un problema administrativo. La objeción de conciencia ha estado presente desde los orígenes de la medicina y debe seguir estándolo, porque sin conciencia, la medicina se deshumaniza. Le pediría diálogo, respeto y sensatez. Que ponga la medicina por delante de la política.

–Se trata de algo complejo: se están quitando derechos a los médicos para dárselos a las mujeres que quieren abortar. ¿Qué opina de esto?

–No creo que debamos plantearlo como una confrontación entre derechos. La libertad de conciencia del profesional y la libertad de decisión de la mujer pueden coexistir perfectamente dentro de un sistema sanitario bien organizado. El problema surge cuando, en lugar de buscar ese equilibrio, se intenta imponer una visión única.

La objeción de conciencia no niega derechos; protege la integridad moral de quien ejerce la medicina. Y eso, lejos de restar, suma humanidad al sistema sanitario.

Dicho esto, creo que el derecho a la vida debe seguir siendo el valor superior que inspire toda actuación médica. La defensa de la vida –desde sus comienzos hasta su final natural– es el fundamento ético sobre el que se ha construido nuestra profesión. No se trata de imponer creencias, sino de recordar que toda vida humana, incluso en sus etapas más frágiles, merece respeto, acompañamiento y protección. La medicina no puede renunciar a ese principio sin perder su esencia.

–¿Cómo cree que va a terminar todo esto? ¿Recularán o perseguirán más a las comunidades?

–Confío en que termine bien, con diálogo y sentido común. Creo que tanto los profesionales sanitarios como las administraciones buscamos, en el fondo, lo mismo: garantizar una atención de calidad, humana y respetuosa con todos. Limitar la libertad de conciencia no beneficia a nadie; solo genera desconfianza y división.

La objeción no bloquea el sistema, sino que lo equilibraDoctor Rodrigo Orozco

Por eso estoy convencido de que, si se abre un espacio sereno de conversación, sin etiquetas ni enfrentamientos, acabaremos encontrando un equilibrio que respete tanto la conciencia del médico como los derechos de los pacientes. Ese es el camino de una sociedad madura.

–En muchas comunidades la mayoría de los médicos se niegan a realizar estas prácticas. ¿Cuál es la situación en Andalucía?

–En Andalucía existe una mayoría de profesionales que ejercen su derecho a la objeción, y lo hacen con respeto y profesionalidad. Eso no ha impedido que los servicios funcionen ni que se atiendan las demandas establecidas por ley. Es la prueba de que la objeción no bloquea el sistema, sino que lo equilibra.

–Si quiere añadir algo más…

–Solo recordar que la medicina no puede desligarse de la conciencia. El día que un médico tenga que elegir entre conservar su trabajo o traicionar sus principios, habremos perdido algo mucho más importante que un derecho: habremos perdido la esencia de la medicina.

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