La ministra de Igualdad, Ana Redondo, participa en el V Encuentro sobre Violencia Vicaria y Violencia de Género Institucional
La ministra de Igualdad dice que hombres y mujeres son «especies distintas» y pide que el género masculino «evolucione»
Dice que la interpretación religiosa «globalizó el machismo» frente a una sociedad prehistórica con poder paritario
La ministra de Igualdad, Ana Redondo ha expresado este jueves que hombres y mujeres son «especies radicalmente distintas, que no tienen mucho que ver» y ha pedido ayudar a «evolucionar» al género masculino en materia social y emocional.
Según ha expresado en uno de los cursos de verano que organiza la Universidad Complutense de Madrid en San Lorenzo de El Escorial, el género masculino permanece todavía «anclado en unos privilegios» que acaban siendo perjudiciales al negar la debilidad y los sentimientos.
«Nosotras nos hemos liberado de estereotipos, nos hemos incorporado al mercado laboral y a los cuidados, pero ellos creo que están todavía anclados en unos privilegios que tampoco lo son tanto, porque el negar los sentimientos o la debilidad es muy perjudicial para cualquier ser humano», ha esgrimido.
Prostitución
En una conferencia en la que se han discutido distintos puntos que ocupan al Ministerio que dirige Redondo, uno de los temas más destacados ha sido el de la explotación sexual. En este sentido, la titular de Igualdad, ha calificado la prostitución como la «forma de patriarcado más aberrante» y una vulneración flagrante de los derechos humanos.
Ha rechazado el término de «empleo más antiguo», definiéndola como la «esclavitud más antigua del mundo». Apoyándose en datos de una reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), ha recordado que el 80% de la población española considera la prostitución una forma de violencia, expresando que una democracia «digna» no puede permitir que esta actividad se desempeñe.
Respecto a la raíz de la desigualdad, Redondo ha señalado a las construcciones «filosófico-religiosas» que han situado históricamente a la mujer en una posición de «subordinación», utilizando mitos como el de la «costilla de Adán» para justificar una inferioridad.
Esta visión contrasta con su análisis de las sociedades prehistóricas, donde, según ha citado, las funciones de hombres y mujeres tenían el mismo valor social y el poder se repartía de forma «prácticamente paritaria» antes de que la interpretación religiosa «globalizara el machismo».
Además, ha expresado que la figura de la mujer ha sido desplazada de su condición de ciudadana para ser tratada prioritariamente como una «consumidora». Según Redondo, el sistema económico actual ha construido un relato en el que la belleza se presenta como el «arma» principal de las mujeres, situando la juventud y el atractivo físico como sus únicos «poderes femeninos».