Pilar Aznar y el Cristo de Medinaceli
Pilar Aznar, la pionera de la microbiología en España que fue devota del Cristo de Medinaceli
En 1946 se convirtió en la primera fémina con una plaza de científica sin docencia en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
Aunque ya está más que instaurada en nuestras vidas, la microbiología no llegó a nuestro país hasta el año 1946, cuando Pilar Aznar, una mujer llena de fe, decidió romper todo tipo de barreras –ya que era mujer–, y dedicarse a lo que quería: la ciencia y los laboratorios.
Todo comenzó en Madrid, concretamente en 1914, con su nacimiento. En el seno de una familia con grandes ambiciones, puesto que su esfera estaba llena de profesores, pintores –como su abuelo Gregorio Aznar, profesor de la Real Academia de Bellas Artes– y arquitectos de fe, lo raro es que no sintiese curiosidad por una profesión con un carácter disciplinado, algo no muy habitual en las mujeres de su época.
A pesar de los obstáculos que tuvo que atravesar, en 1946 se convirtió en la primera fémina con una plaza de científica sin docencia en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), un logro pionero que la situó en la incipiente «carrera científica» creada para impulsar la investigación española tras la Guerra Civil, explica el diario SigloXXI.
Se expecializó en microbiología, una disciplina que no se había explotado en España, por lo que nadie sabía mucho de ella. Gracias a sus investigaciones, Aznar logró investigar en el recién fundado Instituto de Microbiología General y Aplicada el comportamiento de las levaduras y bacterias en la alimentación. Esto le llevó a elaborar prductos nacionalmente reconocidos como el vino de Jerez. Poco a poco impulsó la modernización en esta industria.
Con el afán de seguir creciendo, la científica creó la Sociedad Española de Microbiología, una comunidad científica fundada en 1946 con el objetivo de fomentar la microbiología y contribuir a su difusión entre la ciudadanía. Además, comenta el diario SigloXXI, gracias a sus numerosos trabajos, fue capaz de situarse en la esfera internacional, algo que le llevó a ser una de las mujeres más influyentes en la generación de jóvenes investigadoras. Abrió las puertas a un mundo nuevo.
No solo fue destacable en el mundo de la medicina y la ciencia. Aznar estaba muy vinculada al Cisto de Medinaceli. Desde pequeña, siguiendo el ejemplo de su familia acudía a la Basílica a rezar. Esto le llevó a desear empezar y terminar el día junto a Él. Tal era su compromiso que mantuvo correspondencias con diferentes congregaciones, como la de las hijas de María Inmaculada o capuchinos. También formaba parte de las Esclavas de Nuestra Señora de la Almudena y aportaba donaciones para mantener la vida eclesial.
Aunque puede parecer extraño, su vida unida a la ciencia y a la fe nunca chocaron. Al contrario, se reconfortaron y llevaron a Pilar Aznar a lo más alto.