Hospital Universitario de Burgos
Dobles verificaciones y controles: así funcionan los protocolos hospitalarios para prevenir errores como el de Burgos
Los tratamientos de quimioterapia se realizan en zonas específicas, con condiciones ambientales controladas, y por personal con formación especializada
La muerte de dos pacientes oncológicos en el Hospital Universitario de Burgos (HUBU) tras un «error humano» en la elaboración de un tratamiento (la dosis multiplicaba por seis la correcta) ha puesto el foco en los protocolos que siguen los hospitales para preparar este tipo de medicación. Aunque la base de estos procedimientos es común, cada centro trabaja con sus propios sistemas y fichas técnicas.
«Se trata de procesos altamente protocolizados y con múltiples controles y validaciones diseñados para minimizar errores en fármacos considerados de alto riesgo», explica Estela Moreno, miembro del Grupo de Farmacia Oncológica de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), a El Debate.
La mayor parte del proceso está informatizado, desde la prescripción médica hasta la preparación del fármaco. Los tratamientos se basan en protocolos consensuados entre los servicios de Oncología, Hematología y Farmacia Hospitalaria, que se integran en los sistemas informáticos de cada centro.
Uno de los elementos clave del proceso es el denominado maestro, una ficha técnica interna que recoge los datos esenciales del medicamento (principio activo, concentración del vial, dosis, densidad o caducidad) y que permite que, una vez introducida la dosis de un paciente concreto, que el sistema calcule automáticamente los mililitros necesarios.
La creación de estas fichas no está completamente automatizada y requiere intervención humana. Por ello, está sujeta a procedimientos normalizados y a un «doble control», con revisiones cruzadas antes de que el medicamento pueda ser utilizado en la preparación.
Prescripción médica y validación farmacéutica
Cuando un médico prescribe un tratamiento oncológico, lo hace conforme a esos protocolos. Antes de que el fármaco pase a la fase de preparación, se activa una validación farmacéutica clínica, en la que un farmacéutico revisa una serie de aspectos estandarizados, como el peso y la talla del paciente, la indicación terapéutica, la analítica o la adecuación de la dosis.
Esta validación permite detectar dudas o posibles anomalías y, si es necesario, revisar la prescripción en coordinación con el equipo médico. «La comunicación entre farmacia, oncología y enfermería es constante a lo largo de todo el proceso», dice Moreno a este periódico.
La elaboración de los tratamientos de quimioterapia se realiza en zonas específicas, con condiciones ambientales controladas, y por personal con formación especializada. En muchos hospitales, el proceso incluye lecturas de códigos de barras de los viales utilizados y, en algunos centros, controles adicionales como sistemas gravimétricos o incluso robots de preparación.
En la cadena intervienen, como mínimo, el farmacéutico que valida el tratamiento y el profesional que lo prepara, aunque detrás hay otros pasos de gestión, como la compra, la recepción y la custodia del medicamento.
¿Dónde está el mayor riesgo?
Los puntos más críticos aparecen en aquellos momentos del proceso que no están completamente automatizados y dependen del factor humano. Por ese motivo, se refuerzan las dobles verificaciones y las validaciones en todas las fases posibles. «Se trata de medicamentos altamente tóxicos, por lo que un error, aunque infrecuente, puede tener consecuencias muy graves para el paciente», comenta la portavoz de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH).
El gerente del Hospital Universitario de Burgos, Carlos Cartón, y el jefe del servicio de Oncología del HUBU, Enrique Lastras, ofrecen una rueda de prensa para explicar el error que causó la muerte de dos pacientes
Además de los procedimientos internos de cada hospital, la preparación de tratamientos oncológicos se apoya en estándares de calidad y seguridad reconocidos a nivel nacional e internacional, como las normas ISO aplicables a salas y procesos de preparación, los criterios de acreditación de organismos como la Joint Commission y las recomendaciones específicas para la manipulación de medicamentos de alto riesgo.
Procesos seguros, pero en mejora continua
Desde la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria insisten en que se trata de procesos seguros y que los errores son muy poco frecuentes, precisamente porque los fármacos oncológicos fueron de los primeros en someterse a una fuerte protocolización. No obstante, cada incidente se analiza para reforzar el sistema.
«Cuando se detecta un error, se activa un protocolo para revisar la preparación, analizar el maestro utilizado, identificar el origen del fallo y comprobar qué pacientes podrían haberse visto afectados, en función del tipo de incidencia», detalla Moreno, quien cree la mejora pasa por reducir al máximo el factor humano, reforzar la trazabilidad y avanzar en la automatización.
Moreno apunta también a factores externos que pueden influir, como los problemas de suministro o etiquetado de medicamentos citostáticos. «Cada error se analiza para aprender y evitar que vuelva a ocurrir», concluye.