Fundado en 1910

El doctor Emilio Santos junto a su hijo, que nació en su domicilioCedida

Dr. Emilio Santos, obstetra: «Vivimos en una sociedad donde el embarazo se vive casi como una enfermedad potencial»

En su libro El don de parir: Guía para disfrutar del embarazo y el parto, ginecólogo afirma que, tras 13 años acompañando partos confirmó que, biológicamente, el proceso está diseñado para funcionar bien

Ponerse de parto y acudir al hospital es una de las acciones que harían casi todas las mujeres del primer mundo. Vivimos en una sociedad de costumbres. Sin embargo, hay otras opciones como, por ejemplo, dar a luz en el domicilio. Así lo explica el doctor Emilio Santos Leal en su libro El don de parir: Guía para disfrutar del embarazo y el parto, un libro que explica la fisiología del embarazo y del parto con rigor científico, pero que también recuerda que estamos ante un proceso profundamente humano, hormonal y sexual.

El también autor de Embarazo y parto. Todo lo que necesitas saber, destaca, aunque suene raro, no enfrenta a la ciencia y a la naturaleza, sino que las reconcilia.

–¿Qué le llevó a escribir El don de parir: Guía para disfrutar del embarazo y el parto?

–Fue una mezcla de inquietud científica y de experiencia clínica. Tras 13 años acompañando partos en el domicilio de las madres, y confirmé que, biológicamente, el proceso está diseñado para funcionar bien. Muchas veces acaba convirtiéndose en una experiencia traumática por lo que los profesionales no hacemos de forma acorde con la fisiología.

Sentía que había un vacío. O encontrábamos libros muy técnicos, muy medicalizados, o libros muy emocionales pero poco fundamentados en evidencia. Yo quería unir las dos cosas. Quería explicar la fisiología del embarazo y del parto con rigor científico, pero también recordar que estamos ante un proceso profundamente humano, hormonal, sexual incluso, y que si lo entendemos bien, puede vivirse como una experiencia poderosa y transformadora.

–El título habla de «don». ¿Por qué eligió esa palabra y qué significa para usted?

–Elegí la palabra «don» porque la capacidad de gestar y parir es un regalo biológico extraordinario del cual los hombres carecen.

Nuestra especie lleva cientos de miles de años sobreviviendo gracias a este don. Eso significa que, evolutivamente, el parto no puede ser un error de diseño. Puede complicarse, por supuesto. Pero en esencia es un proceso finamente ajustado.

Para mí, «don» no significa algo mágico ni idealizado. Significa algo que tenemos de forma innata, algo que pertenece a la fisiología femenina. El problema es que muchas veces ese don queda bloqueado por el miedo, por la intervención excesiva o por un entorno que no respeta la biología.

–¿Qué cree que diferencia su enfoque de otras guías sobre embarazo y parto?

–Lo que diferencia mi enfoque es que no enfrento ciencia y naturaleza, sino que las reconcilio.

Hay quien opone el parto natural a la medicina. Yo no estoy en ese lugar. Yo soy médico. Creo en la medicina basada en la evidencia. Pero también creo que hemos confundido ciencia con tecnología. No siempre más ciencia significa más tecnología. Y, de hecho, muchas veces es al revés: un parto más basado en la ciencia es en muchos casos un parto menos basado en la tecnología.

En el libro intento mostrar que intervenir menos, cuando no es necesario intervenir, también es medicina basada en la evidencia. Y que entender las hormonas, la evolución, la plasticidad cerebral, el vínculo… es tan científico como saber cuándo hacer una cesárea.

Portada del libroCedida

–En el libro habla de «disfrutar» el embarazo. ¿Qué factores cree que impiden que muchas mujeres lo vivan así?

–Fundamentalmente el miedo y la cultura del riesgo constante.

Vivimos en una sociedad donde el embarazo se vive casi como una enfermedad potencial. Cada control, cada prueba, cada dato, puede convertirse en una fuente de ansiedad. Eso no significa que no haya que controlar; significa que el enfoque importa.

También influye la desconexión corporal. Muchas mujeres han aprendido a desconfiar de su cuerpo. Y si uno vive el embarazo como algo que «puede fallar en cualquier momento», es difícil disfrutarlo.

El embarazo es una etapa de enorme plasticidad cerebral y emocional. Puede ser una experiencia de crecimiento, pero para eso hace falta un entorno que genere confianza.

–¿Cómo influyen el entorno familiar y el sistema sanitario en la experiencia de la gestación?

–Influyen mucho. El sistema sanitario puede transmitir seguridad o puede transmitir alarma constante. La forma en que un profesional comunica cambia radicalmente la vivencia de la mujer.

Y el entorno familiar es decisivo. Una mujer que se siente sostenida, acompañada, respetada en sus decisiones, vive el embarazo de una manera muy distinta a una mujer que se siente cuestionada o infantilizada.

–¿Qué importancia tiene la preparación emocional frente a la preparación física?

–La preparación emocional es más determinante que la preparación física.

El parto es un proceso hormonal. Y las hormonas del parto –oxitocina, endorfinas– son extremadamente sensibles al miedo y al entorno. Si activamos el sistema de alerta, el parto se puede bloquear.

Puedes estar muy en forma físicamente, pero si estás aterrorizada o no confías en el entorno, el proceso se dificulta. En cambio, una mujer que se siente segura, apoyada y empoderada, incluso con menos preparación física, muchas veces fluye mejor.

Uno de los principales mitos es que el parto humano es necesariamente defectuoso por culpa de la evolución, por la bipedestación o por el tamaño del cráneo

Durante el millón de años que ha supuesto la mayor parte de la historia evolutiva del ser humano, las mujeres nacían y crecían ya preparadas emocionalmente para la entrega que supone el parto. Pero en los últimos milenios y, sobre todo en las últimas décadas, cada vez es más necesario que una mujer se prepare para el parto. ¿Por que? porque a medida que nos desconectamos del cuerpo y del instinto, más necesitamos un reaprendizaje para conectarnos.

–¿Cuáles son los mitos más extendidos sobre el parto que intenta desmontar en su obra?

–Uno de los principales mitos es que el parto humano es necesariamente defectuoso por culpa de la evolución, por la bipedestación o por el tamaño del cráneo. Si eso fuera así, no estaríamos aquí.

Otro mito es que más tecnología equivale siempre a más seguridad. No siempre es así. La intervención innecesaria puede generar cascadas de intervenciones que aumentan las probabilidades de complicaciones lo cual lleva a un parto menos seguro.

Y quizá el más profundo de los mitos: el mito de que el dolor del parto es sinónimo de sufrimiento. El dolor puede formar parte de una experiencia global profundamente satisfactoria si se vive en un entorno adecuado.

–¿Qué cambios cree que son necesarios en la atención obstétrica actual?

–Necesitamos recuperar la confianza en la fisiología sin perder la capacidad de intervenir cuando hace falta.

Si observamos los datos actuales, vemos que en muchos entornos las tasas de cesárea superan el 30 %, e incluso en algunos contextos alcanzan el 40 o 45 %. La OMS ha señalado históricamente que tasas por encima del 10-15 % no se asocian a mejores resultados perinatales.

Esto no significa que haya que aguantar con partos difíciles. Al contrario, la cesárea no sea una herramienta extraordinaria y ante la duda entre necesidad de cesárea es mejor realizar una cesárea innecesaria que omitir una cesárea que era necesaria..

Lo que significa la recomendación es que cuando en un hospital se está superando el 10-15 % hay que preguntarse qué se está haciendo en los momentos iniciales de los partos. La tasa de cesáreas se disminuye cambiando la forma de atención al inicio de los partos, por ejemplo, no considerando que una mujer está de parto cuando aún es pre-parto o no ingresando mujeres antes de estar en fase activa de dilatación

No se trata de volver al pasado, sino de integrar lo mejor de la ciencia moderna con el respeto a la biología.

El doctor Emilio SantosCedida

–¿Ha habido alguna experiencia clínica que marcara un antes y un después en su forma de entender el nacimiento?

–Recuerdo un caso en que la cabeza fetal apareció acompañada de meconio espeso. Yo mantuve la calma sin cambiar mi protocolo: esperar con la cabeza fuera a la siguiente contracción. Sin prisa. Llegó la siguiente contracción y pude comprobar cómo el neonato, con la cabeza fuer y el cuerpo aún dentro de la madre, expulsaba por la boca meconio espeso; seguía sin salir el cuerpo pero no había signos de distocia de hombros. Esperé una contracción más y de nuevo, al comprimirse su tórax por la contracción, expulsaba meconio por la boca pero ya en menor cantidad. En la siguiente contracción ya salió el cuerpo y directamente, sin gemir, con el cordón umbilical aún intacto, el neonato comenzó realizó algunos gemidos y comenzó a respirar perfectamente, con buen tono, con buena coloración, con buena frecuencia respiratoria … perfecto.

En ese momenrto pensé que en el 99 % de los centros de parto la salida de este bebé habría sido acelerada y habría necesitado una reanimación. Con el aspirado nunca se habría eliminado el meconio de una forma tan completa como se eliminó por el mecanismo natural. Es uno de los muchísimos casos que queda en mi memoria como testigo de la perfección de la naturaleza si no interferimos con esos mecanismos que muchas veces ni conocemos.