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Entrevista de trabajo

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Los jefes y líderes son más propensos a ser psicópatas: esta es la mejor forma de reconocerlos

Una de las señales de alerta empieza en la infancia, sobre todo cuando los niños poseen comportamientos insensibles y con tendencia a la agresividad

La psicopatía es un trastorno que, a pesar de mostrarse en niveles clínicos elevados en tan solo una pequeña parte de la población , la realidad es que, existe en personas que fácilmente se pueden encontrar a nuestro alrededor. Así lo cree al menos Ten Brinke, destacada psicóloga social y reconocida internacionalmente por sus investigaciones sobre esta temática.

«La investigación sugiere que tanto la naturaleza como la crianza influyen. Esto es prometedor en el sentido de que sabemos que influir en el entorno puede cambiar los resultados de las personas», ha afirmado esta psicóloga en una entrevista a The Guardian.

A su juicio, una de las señales de alerta empieza en la infancia, sobre todo cuando los niños poseen comportamientos insensibles y con tendencia a la agresividad. «Se puede medir ya a los dos o tres años de edad, y es importante que estos niños reciban tratamiento lo antes posible, porque así podemos observar cambios en sus rasgos a lo largo del tiempo», sostiene.

En el caso de los adultos, Brinke afirma que la personalidad ya no se puede cambiar, pero sí que se puede modificar el comportamiento a través de terapia. «Las mejores investigaciones que tenemos sobre el tratamiento de adultos provienen del ámbito de la justicia penal: se trata de personas que han mostrado niveles clínicos muy altos de estos rasgos y han cometido algún delito, a menudo de naturaleza violenta. El objetivo de esos programas de tratamiento suele ser reducir la probabilidad de reincidencia, especialmente la reincidencia violenta, y las investigaciones demuestran que puede funcionar», ha explicado al citado medio.

Una de las teorías que defiende esta experta es que existe una posibilidad razonable de que los jefes de las empresas presenten rasgos de psicopatía, aunque no estén diagnosticados. «Sabemos con certeza que las personalidades oscuras están muy interesadas en el poder y el estatus», afirma.

Asimismo, Brinke afirma que estas personas «también suelen parecer bastante carismáticas y extremadamente seguras de sí mismas, y tendemos a confundir la seguridad con la competencia. Además, probablemente se postulen para estos puestos más que la persona promedio», revela.

Para esta psicóloga, se deben buscar señales de que las personas estén mintiendo, así como analizar los rasgos de la personalidad. . En una conferencia de inversores, Ten Brinke observó cómo un director ejecutivo menospreciaba a sus colegas y a sus clientes potenciales, lo que para ella puede ser un indicio de una personalidad oscura. «Todo tenía que girar en torno a él, toda la atención se centraba en él, nadie más podía recibir elogios», señala.

«Lo más interesante es que al público le gustaba mucho eso. Su comportamiento parecía validar la percepción de qué tipo de personalidad tendría éxito en ese puesto, aunque nuestra investigación sugiere que esos rasgos, en realidad, conducen a una disminución de los rendimientos», apunta.

Para Brink, esta es la misma razón por la que hay una creencia popular de que la confianza extrema es sinónimo de un buen liderazgo. «Tendemos a creerles porque tenemos un sesgo hacia la verdad. Las investigaciones sugieren que tendemos a creer lo que nos dicen, a menos que se nos dé alguna razón muy específica para sospechar», explica.

Por otro lado, acuña el término «espiral oscura» para definir cuando en momentos de incertidumbre «buscamos un líder fuerte. Entonces, una vez en el cargo, pueden crear más caos, más inestabilidad, lo que en realidad nos hace más propensos a votar, una vez más, por alguien con estas características. Podemos acabar dando vueltas y vueltas», advierte.

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