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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez interviene en la inauguración de la primera Cumbre Internacional contra el Odio

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez interviene en la inauguración de la primera Cumbre Internacional contra el OdioEFE

Sánchez organiza una cumbre del odio sin una sola opinión de víctimas que no sean de izquierdas

El presidente rescata el caso de Torre Pacheco y habla de y ha destacado que el odio es «un producto que se mercantiliza»

La nueva cortina de humo de Pedro Sánchez es hablar del odio. Para ello, el presidente ha organizado una Cumbre contra el Odio, celebrada este miércoles en la Galería de las Colecciones Reales, en Madrid. Allí, en su inicio, ha anunciado la puesta en marcha de la herramienta 'Hodio' para «medir de forma sistemática la presencia, evolución y el alcance de los discursos de odio en las plataformas digitales».

«Nos va a permitir, por tanto, medir de forma sistemática la presencia, la evolución y también la amplificación y el impacto de estos discursos de odio en las plataformas digitales. El objetivo de esta huella, por tanto, va a ser calcular el nivel de presencia, la amplificación de estos discursos en las redes sociales en España», ha asegurado.

Sánchez ha rescatado el episodio de Torre Pacheco, subrayando el supuesto racismo de los habitantes de la población, pero no ha dedicado ni media palabra a otros actos en los que, por ejemplo, se impiden actos de Vox o de asociaciones estudiantiles de derechas o que defienden la unidad de España o el uso del castellano.

Al foro han acudido supuestos expertos y afectados, que analizarán los efectos del odio y la polarización. Pero llama la atención el hecho de que no acuda ningún afectado por odio que no sea de izquierdas. Sarah Santaolalla es una de las invitadas estrella, la polémica tertuliana que aduce estar perseguida por redes sociales y ser acosada en su propio hogar. Pero ni rastro de otras personas que son asediadas por redes sociales simplemente por ser críticos contra el Gobierno.

Otros de los invitados son Miguel Ángel Moratinos, exministro con Zapatero y ahora Alto Representante para la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas; Óscar López, Ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública; Elma Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones; Sira Rego, ministra de Juventud e Infancia; Ana Redondo, ministra de Igualdad.

Fuera de los ministros y otros políticos socialistas, también acude Jaime García Cantero, periodista de El País; Mohamed El Harrak, trabajador social y miembro asociación Ex Menas y Abril Zamora, actriz y directora transexual.

Y la pregunta es: ¿dónde están otros comunicadores perseguidos por ser de derechas o por hacer preguntas incómodas? Vito Quiles, por ejemplo, ha sufrido en los últimos meses multitud de escraches en varias universidades públicas simplemente por no seguir el pensamiento izquierdista.

Asimismo, es bastante paradójico que el Gobierno pida acabar con el odio cuando desde el propio Ejecutivo se ha señalado con nombres y apellidos a periodistas críticos y se ha tachado de «tabloides» o «páginas webs» a medios de comunicación que, según ellos, difunden bulos.

De hecho, los propios ministros, como es el caso de Óscar Puente, no dejan de increpar a periodistas por redes sociales pero, al parecer, esto no supone una incitación al odio.

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