La conmovedora carta de fe y gratitud de una viuda con tres hijos de 2, 5 y 6 años
Este es el mensaje de una madre a sus amistades del colegio tras perder su marido por un tumor cerebral
Muchísimas gracias a todos por tanto cariño y tantas palabras de consuelo, estoy con una tristeza indescriptible pero llena de gozo por saber que Miguel está en el Cielo. Y no es un decir: es que lo sé. Y lo sé porque estaba lleno de fe y amor en Dios, demostrándoselo en el rezo del rosario diario y en ofrecer el sufrimiento por los pecadores por las almas del purgatorio y en ofrecer a Dios toda su enfermedad sin ninguna queja. Y así lo hizo. Y eso que él, como hombre, era un poco quejica, pero en este año y medio de enfermedad puedo contar con los dedos de la mano las veces que se quejó. Ni siquiera cuando iba perdiendo movilidad y dejaba de andar o de comer solo o se caía al suelo por no poder moverse. Para mí, ver su enfermedad y su muerte me ha dejado el listón muy alto. Recuerdo cuando hace unas tres semanas, cuando hablaba mal pero todavía podía hacerlo, me puso la mano en su corazón y me dijo: «Virginia, ¿notas que tranquilo estoy? Ojalá todo el que muera pueda hacerlo tan tranquilo como yo». O cuando le dieron la unción de los enfermos: me señaló con el dedo el cielo y me dijo «nos vemos ahí arriba». Tenía tanta paz...
Una hora antes de morir volvió a recibir la unción de los enfermos y la indulgencia plenaria, así que se que fue al Cielo como un cohete.
Para mí, este mes en el hospital ha sido un regalo porque estando ahí, en la cama junto a él, cogiéndole de la mano día y noche, fue algo muy especial para mí. Era consciente de que incluso esos días aparentemente tristes los echaría de menos, y es que ya los echo….
Pero es tan poderoso saber que tengo a mi marido, a mi mejor amigo, a mi compañero, a mi mitad, en el Cielo, que solo puedo dar gracias a Dios por esta enfermedad, por este tiempo junto a él, tiempo de poder hablar, de poder rezar, de poder despedirnos…. Para nosotros ha sido una bendición y es que, sin esta enfermedad, Miguel no hubiera tenido esa experiencia divina del amor de Dios el día 29/8/24, día en el que le diagnosticaron el tumor cerebral. Y sin esa experiencia, nuestra vida hubiera seguido como siempre y no estaríamos de esta manera junto a Jesús y la Virgen, y por lo tanto su muerte no hubiera sido igual.
Siempre recordaré lo que él decía: Dios tiene un sentido del humor muy particular y me ha dado el mejor de los regalos envuelto en forma de tumor.
Haber presenciado su muerte, poderle susurrar al oído durante las horas previas «Miguel, cariño, estate tranquilo, todo está bien, todo estará bien, cuídanos desde el Cielo, vete ya, cariño, descansa junto a Jesús y la Virgen. Te quiero y siempre te querré», mientras me abrazaba a él y le daba besos, ha sido algo muy tranquilizador.
De nuevo os doy las gracias por tanto que nos habéis regalado. Disfrutad de la vida, de vuestra familia, de todo lo que tenéis, incluso de lo malo, porque con el tiempo puede que lo echéis de menos. Y cuando os venga algo malo, seguid recordando: tendremos toda una vida para preguntar y una eternidad para comprender.
Os quiero porque os habéis convertido en parte de mi familia.