Algunos de los participantes en la jornada
La alegría que interpela a Europa: la dignidad imparable de cada vida
El Parlamento Europeo conmemoró el Día de la Persona con Trisomía 21
Con motivo del Día Mundial de las Personas con Trisomía 21, celebrado cada 21 de marzo, el Parlamento Europeo se convirtió esta semana en escenario de una iniciativa cargada de humanidad, cercanía y defensa de la dignidad de toda vida. La European Down Syndrome Association (EDSA) y la EU for Trisomy 21 organizaron dos actos en el corazón de las instituciones europeas para visibilizar la contribución social de las personas con síndrome de Down y sus familias. Gracias a dos eurodiputados, la española Rosa Estarás (Partido Popular Europeo) y el socialdemócrata maltés Alex Agius Saliba (S&D), se facilitó la celebración de estas actividades en el interior de la «casa de los ciudadanos europeos».
El primero de los actos tuvo lugar en un entorno poco habitual para este tipo de conmemoraciones: las cafeterías del Parlamento Europeo. Durante varias horas, un grupo de jóvenes con síndrome de Down se incorporó a trabajar en dos de los espacios más concurridos de la Eurocámara: la cafetería cercana a los platós de televisión y la conocida como 'Mickey Mouse', junto al plenario. En un miércoles marcado por la intensa actividad parlamentaria, la presencia de estos jóvenes transformó la rutina de la política parlamentaria con su profesionalidad, su cercanía y con su alegría contagiosa. Dirigidos por el personal de las cafeterías, atendieron a eurodiputados, asistentes y trabajadores, ofreciendo no solo servicios concretos sino sobre todo un testimonio «ruidosamente silencioso», elocuente, de la dignidad y del valor insustituible de cada persona.
Si bien el evento fue promovido desde el Inter-grupo para la Discapacidad del Parlamento Europeo, que cuenta actualmente con 72 miembros, la presencia de eurodiputados aquella mañana no se correspondió estrictamente con esa composición formal. De hecho, algunos parlamentarios que no forman parte del Inter-grupo quisieron estar presentes mientras que otros que sí pertenecen a él, no acudieron. Este detalle refleja que la defensa de la dignidad y los derechos de las personas con síndrome de Down trasciende estructuras formales y cuenta con apoyos reales más allá de la organización institucional.
Dos de las ponentes en la jornada celebrada en el Parlamento Europeo
Al término de la jornada en las cafeterías, los participantes recibieron el saludo de la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, que acudió personalmente a acompañarlos durante casi media hora. Antes que ella, otros eurodiputados, como Miriam Lexmann (EPP), Paolo Inselvini (ECR), Reinier Van Lanschot (Greens/EFA), Pal Szekeres (Patriots for Europe), Bert-Jan Ruissen (ECR) y Stephen Bartulica (ECR), también quisieron compartir su tiempo con los jóvenes. Como no podía suceder de otra manera, el encuentro dio lugar a un diálogo espontáneo y sin filtros. Los jóvenes formularon preguntas directas, plantearon inquietudes y compartieron sus aspiraciones. Los eurodiputados, por su parte, respondieron con cercanía, en una conversación que después reconocieron como una de las experiencias más auténticas de su vida pública.
El segundo acto consistió en una mesa redonda celebrada en una sala del Parlamento Europeo, en la que participaron personas con síndrome de Down, familiares, profesionales del ámbito social, académicos y representantes políticos. El debate giró en torno al lema propuesto este año por Down Syndrome International: Together against loneliness (Juntos contra la soledad). Una cuestión que, lejos de ser marginal, fue presentada como uno de los grandes desafíos humanos y sociales de nuestro tiempo, pues nos afecta a todos como personas. Durante la sesión se subrayó que la soledad no es simplemente un sentimiento pasajero, sino un problema serio que afecta a la salud física y emocional, y que en el caso de las personas con discapacidad intelectual, esta realidad se ve agravada por factores como el estigma, la discriminación o la falta de oportunidades reales de integración. La ausencia de vínculos significativos, la dificultad para acceder a comunidades reales o la exclusión de ámbitos como la educación o el empleo, fueron señaladas como causas profundas de esta soledad. Asimismo, se recordó que muchas familias también experimentan aislamiento, al sentirse desbordadas o carentes de apoyo.
Ambos actos dejaron en los asistentes un poso de esperanza y pusieron de relieve una verdad fundamental: la dignidad de la persona no depende de sus capacidades, sino de su condición humana. En un contexto europeo marcado por debates sobre eficiencia, productividad y criterios utilitaristas, la presencia de estas personas en el Parlamento actuó como un recordatorio vivo de que toda vida merece ser acogida, protegida y promovida. Las organizaciones impulsoras insistieron en la necesidad de avanzar hacia una Europa más inclusiva, que garantice la igualdad de oportunidades en ámbitos como la educación, el empleo y la salud, y que escuche directamente la voz de las propias personas con trisomía 21.
La jornada conmemorativa del Día de la Persona con Trisomía 21 nos recordó que la palabra diversidad va más allá de la bandera LGTBI y más allá del victimismo. La jornada se atrevió a celebrar esa otra diversidad, la de las personas con trisomía 21, cuyas vidas se desenvuelven con bastantes diferencias respecto a las de las personas sin esa condición genética. Los actos sirvieron para interpelar a las instituciones y a la sociedad en su conjunto: construir una comunidad verdaderamente humana pasa por no dejar a nadie atrás.