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Irene Montero en la manifestación estatal del Orgullo LGTBI+ 2024

Irene Montero en la manifestación estatal del Orgullo LGTBI+ 2024Europa Press

La ley trans de Montero dio luz verde a terapias para cambiar de sexo que han provocado coágulos, ictus y cáncer

Desde la entrada en vigor de la controvertida norma hace tres años se eliminó todo tipo de información médica y solo pasó a valer la autodeterminación de la persona solicitante

Hace tres años que la controvertida Ley Trans de Irene Montero salió a la luz. Tras su aprobación, cada vez más adolescentes con disforia de género están siendo derivados rápidamente a tratamientos médicos como bloqueadores de la pubertad, hormonas cruzadas y cirugías de género. Aunque los expertos ya le advirtieron a la que fuera ministra de Igualdad de los «daños irreparables» que iba a causar esta norma, la política siguió incitando a todas las personas a acceder a ella.

Entre los tratamientos que incluyó Montero en la norma figura la hormonación cruzada en menores, una terapia que conlleva riesgos graves a largo plazo como coágulos, ictus, cáncer o disfunción sexual, revela la Agrupación de Madres de Adolescentes y Niñas con Disforia Acelerada (AMANDA). Esto no es nuevo, diversos expertos avisaron a este medio que había una «falta de ciencia y una objeción de ciencia» enormes en esta asignación de tratamientos a «bote de deseo» sin diagnosticar antes médicamente la causa.

Los protocolos de afirmación de género en España han experimentado un cambio radical desde que se aprobó en 2023 la ley trans. Antes de esta reforma, los menores debían presentar un documento que afirmase su disforia de género para someterse a determinados procesos. En estas consultas los expertos analizaban posibles causas como ansiedad o depresión, trastornos del especto autista, acoso o problemas familiares o de autoestima, informa AMANDA.

Sin embargo, desde su entrada en vigor, se eliminó todo tipo de información médica y solo pasó a valer la autodeterminación de la persona solicitante. Es decir, con el «sí» de la persona solicitante, las clínicas están autorizadas para prescribir bloqueadores pubertad o incluso hormonas cruzadas. En este sentido, la asociación revela que muchas familias sienten que «no se les informa adecuadamente de los riesgos» ni se exploran «otras alternativas antes de iniciar un camino médico irreversible».

Es lo que le pasó a Sandra Mercado, una mujer que nació varón y que se arrepiente de haberse sometido a la transición de género. Ella –después de su experiencia, asegura que cuando una persona con disforia consulta a un psicólogo o psiquiatra, es necesario «indagar en la raíz del problema que tiene esa persona», porque posee «disconformidad con su propio cuerpo, y no hay que empujarlo a mutilarse».

¿Se pueden eliminar sus efectos?

AMANDA garantiza que, «aunque se presente como pausa reversible», no hay ninguna evidencia de afectos positivos a largo plazo. De hecho, anotan, puede provocar «baja densidad mineral ósea, disminución del desarrollo genital normal, impacto desconocido sobre la maduración cerebral, infertilidad en el futuro y dependencia de hormonas cruzadas posteriormente».

En el caso de las hormonas cruzadas, la asociación avisa de efectos que no se pueden revertir. Ejemplo de ello son los cambios en la voz, alteraciones cardiovasculares y crecimiento de vello facial o atrofia muscular.

A Sandra Mercado le ocurrió justo esto. Tras los tratamientos, comenzó a experimentar efectos secundarios en su cuerpo que no eran habituales. Empezó a estar montada en una montaña rusa de sentimientos de la que nadie le advirtió. De hecho, sostiene que lo que se tiene que hacer es «investigar para salvar vidas», porque cambiar de género te convierte en «un paciente enfermo de por vida».

Y es que, aunque no quiere tomar hormonas de por vida, pero ya no tiene otra opción. Además, las hormonas femeninas le han dejado en el estómago "una hinchazón estomacal que ya es crónica», concluye.

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