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José Pardo de Santayana

La demografía es la prueba del algodón

Sin un cambio en el sistema de valores que condiciona el modelo demográfico español, el futuro se presenta muy preocupante

La evolución demográfica se ha convertido en uno de los factores clave que determinará el futuro de nuestras sociedades. Para que el tamaño de una sociedad desarrollada se mantenga, se necesita una tasa de fertilidad de 2,1 hijos por mujer. En el caso de España, desde finales del siglo pasado, dicha tasa se ha mantenido entre 1,4 y 1,1 hijos por mujer; en la actualidad es 1,2.

Pirámide poblacional española, año 2025

Pirámide poblacional española, año 2025INE

Según el INE, en el año 2025, el número de españoles de ambos sexos entre 15 y 19 años era 2 697 266 y, el de 0 a 4, 1 712 268, lo que supone una disminución del tamaño del tramo de edad más joven en 984 998 niños, un tercio, en solo 15 años. El tramo de edad entre 45 y 49 años −el más numeroso en España− es dos veces y medio mayor que el de 0 a 4. Si las tendencias actuales se mantuvieran, en un siglo −tres generaciones−, el tamaño de la generación de jóvenes españoles de ascendencia propiamente nacional se habrá dividido por seis o siete. En dos siglos, la población joven española de ascendencia hispana se podría catalogar como especie «en peligro de extinción». Todo ello dentro de una sociedad extremadamente envejecida y desorientada, con consecuencias sociales, económicas, políticas, tecnológicas y de distribución territorial que no podemos ignorar.

Esta realidad quedará atenuada por los españoles descendientes de matrimonios mixtos, cuya identidad y vínculo con la sociedad española coincidirá en lo esencial, y la circunstancia actual de una inmigración mayoritariamente hispanoamericana que se integra fácilmente en un mismo tronco cultural, identitario e histórico. No obstante, con el paso del tiempo y, en función del comportamiento de la emigración, los ciudadanos españoles sin ascendencia hispana serán mayoría con distintos grados de integración e identificación con la sociedad de acogida. No obstante, el ritmo al que se producirá la incorporación de la población inmigrante en la sociedad española, como consecuencia del vacío producido por la baja natalidad propia, apunta claramente a un modelo de sustitución demográfica.

Se da además la paradoja de que, si la inmigración adoptara los valores imperantes en España, se sumaría a la crisis demográfica; si no los adopta −que, con el paso del tiempo y la proporción cada vez mayor de población de origen inmigrante, es lo más probable−, crecerá más deprisa que el resto de la población y terminará imponiendo, por la lógica democrática, sus modelos de sociedad, en algunos casos muy ajenos al occidental.

La natalidad viene condicionada por múltiples factores, el principal de los cuales es el concepto de familia y de sexualidad humana, componente esencial del sistema de creencias, increencia o valores que inspira e impulsa a una colectividad humana, así como las políticas de promoción de la familia. Las perspectivas demográficas son, pues, la prueba del algodón de que los pretendidos valores actualmente imperantes en España son, en realidad, contravalores que llevan inexorablemente a la decadencia.

La inmigración formará parte del futuro de las sociedades europeas, pero este no debe ser el de sustituir a los hijos que no se tienen. Una nación, cuyo modelo de sociedad la lleva a una mengua progresiva y acelerada por falta de descendencia, que lleva en su seno la semilla de su propia extinción, es una sociedad que vive de espaldas a la verdad. Aunque ella misma se felicite por ser una de las sociedades más avanzadas del mundo, se trata, sin duda, de un avance hacia ninguna parte.

Por otra parte, dentro de tres o cuatro décadas y por primera vez desde la peste negra del siglo XIV, la población mundial va a empezar a decrecer. Únicamente en el África subsahariana va a seguir aumentando la población hasta llegar a suponer, a finales de este siglo, un tercio de la demografía mundial. Dicha expansión poblacional contrastará con el vacío demográfico de su vecino del norte, lo que generará una presión demográfica incontenible. La inestabilidad, la guerra y la expansión del yihadismo radical en amplias regiones del Sahel proyectan una inevitable preocupación sobre el tipo de inmigración que pueda llegar a las sociedades europeas.

En las demás regiones del mundo, la caída de la natalidad está siendo mayor de lo previsto, con el consiguiente proceso de envejecimiento, en algunos casos antes de haber alcanzado un razonable nivel de desarrollo. En unas pocas décadas, el decrecimiento de la población hispanoamericana hará que deje de llegar a España emigración de aquellas latitudes, lo que hoy es un privilegio comparativo en relación con otros países europeos.

No nos podemos quedar cruzados de brazos ante semejante reto. La atención esencial debe dirigirse al sistema de valores imperante en las sociedades europeas que, con su bajísima natalidad, proyecta una falta de fe en el futuro. El Real Instituto Universitario de Estudios Europeos ha querido sumarse a esta necesaria reflexión organizando en julio en El Escorial un curso de verano sobre la cuestión demográfica. Con ello pretendemos abrir un debate necesario y sereno que incorpore la pluralidad de sensibilidades e intereses en juego.

  • José Pardo de Santayana es vicepresidente del Real Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo
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