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Intervención de 2.249 cajetillas de tabaco de contrabando ocultas en dos puertas en el Puerto de Alicante

Intervención de 2.249 cajetillas de tabaco de contrabando ocultas en dos puertas en el Puerto de AlicanteGUARDIA CIVIL

Directiva de Productos del Tabaco (TPD)

La UE coquetea con copiar el gran fracaso de Francia contra el tabaco: «Los narcos saben que se castiga diez veces menos»

Francia es ya el mayor mercado ilícito de tabaco de Europa, con un 41,4 % de cigarrillos ilegales y redes mafiosas en auge, justo cuando Bruselas prepara una nueva directiva que muchos temen copie el modelo fiscal y prohibicionista que ha fracasado allí

Europa entra en una fase decisiva en la lucha contra el tabaquismo, pero también en la gestión de sus efectos colaterales. La Comisión Europea tiene abierta hasta el 15 de junio la consulta pública para revisar la Directiva de Productos del Tabaco (TPD), con la que pretende actualizar la regulación de cigarrillos, vapers, tabaco calentado y otras categorías, mientras crecen las señales de alarma procedentes de países que ya han aplicado políticas mucho más restrictivas. El caso más contundente es Francia.

Según el último estudio elaborado con datos de KPMG, el 41,4 % de los cigarrillos consumidos en territorio francés son ilegales, el porcentaje más alto de toda Europa. Es decir, más de cuatro de cada diez cigarrillos se venden fuera de los circuitos regulados, sin control sanitario ni fiscal, y suponen un agujero multimillonario para las arcas públicas. Lo que empezó como un problema de salud y recaudación se ha transformado en un desafío de seguridad.

El 41,4 % de los cigarrillos consumidos en territorio francés son ilegales, el porcentaje más alto de toda Europa

El propio vicepresidente de la Asamblea Nacional, Christophe Blanchet, ha elevado el tono como pocas veces se había escuchado en un responsable político francés. En declaraciones a medios de su país, ha advertido de que el tráfico de tabaco está evolucionando hacia un «narcotráfico bis», con redes organizadas «mafiosas y criminales» que ya mueven alrededor de 4.000 millones de euros. «Con el contrabando de tabaco, estamos en los albores de llegar al mismo punto que con el tráfico de drogas. Es muy ventajoso y está diez veces menos castigado», alertó.

Inspección de seis locales dedicados a la venta ilegal de tabaco y de artículos de contrabando en Cuenca

Inspección de seis locales dedicados a la venta ilegal de tabaco y de artículos de contrabando en CuencaGUARDIA CIVIL

Blanchet ha subrayado además otro aspecto como es que el tabaco falsificado puede ser aún más perjudicial que el tradicional, por la ausencia total de controles, y cuando quienes consumen estos productos terminan en el hospital con patologías más graves, «somos nosotros, los contribuyentes, quienes pagamos la factura». El vicepresidente ha recordado que incluso prácticas aparentemente menores, como traer cartones del extranjero para revenderlos a amigos, forman parte del contrabando y alimentan ese mercado ilícito.

Con el contrabando de tabaco, estamos en los albores de llegar al mismo punto que con el tráfico de drogasChristophe BlanchetVicepresidente de la Asamblea Nacional de Francia

Detrás de este diagnóstico hay un cambio estructural que encaja con lo que muestran los estudios europeos. El informe de KPMG confirma que en 2025 el mercado ilícito superó por primera vez en más de una década el 10 % del consumo total de cigarrillos en la UE: 41.800 millones de cigarrillos ilegales y 16.700 millones de euros en impuestos perdidos. La principal novedad no es solo el volumen, sino el origen ya que las falsificaciones representan ya el 44 % del mercado ilegal y, cada vez más, se producen «made in EU», cerca del consumidor final.

Industria clandestina

Es el salto del contrabando clásico a una industria clandestina europea. En lugar de centrar su modelo de negocio en introducir tabaco desde terceros países, las redes montan fábricas dentro de la propia UE, en naves que pasan desapercibidas pero altamente mecanizadas, con capacidad para producir millones de cigarrillos al día. España conoce bien este fenómeno porque en los últimos años se han desmantelado plantas ilegales en Granollers, Andalucía, Sevilla o Alicante con capacidades industriales y un fraude diario de millones de euros, siguiendo una lógica muy similar a la que ahora Francia reconoce como problema de seguridad.

El mapa europeo muestra además un patrón que se repite peligrosamente. Francia, Bélgica y Países Bajos concentran buena parte del crecimiento del mercado ilegal y comparten una combinación de factores como son la alta fiscalidad sobre el cigarrillo, entornos regulatorios muy intensos y limitaciones o prohibiciones de alternativas al cigarrillo, como las bolsas de nicotina. El resultado es que la demanda no desaparece, se desplaza. Cuando el acceso al producto legal se encarece o restringe sin ofrecer vías reguladas de salida del cigarrillo, una parte de los consumidores acude a canales ilegales, fuera de cualquier control sanitario y fiscal.

Nueva TPD

Todo esto sucede mientras Bruselas perfila la nueva TPD. Sobre la mesa están medidas como nuevas restricciones a productos alternativos, la extensión del empaquetado genérico (ya implantado en Francia) o limitaciones adicionales a sabores y categorías emergentes. Está por ver si la Unión Europea se dirige hacia un modelo más duro o si replicará dinámicas que en Francia ya han mostrado efectos adversos como menos ventas legales, más mercado negro y más poder para las mafias.

Los datos y la experiencia francesa plantean si puede una determinada combinación de políticas como más impuestos, menos alternativas y mayor estandarización del producto, estar alimentando, aunque sea de forma indirecta, el comercio ilícito de tabaco.

Porque el fenómeno ya no es marginal, como recuerda Blanchet ya que financia redes criminales, erosiona ingresos públicos, mantiene el consumo fuera de los circuitos regulados y empieza a parecerse, en estructura y rentabilidad, a otras economías ilícitas que Europa lleva años intentando desmontar. En la fase final de la revisión de la TPD, la UE podría aprender del «caso Francia» y buscar un equilibrio entre fiscalidad, regulación y alternativas, o convertir ese modelo en estándar europeo y asumir también sus consecuencias.

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