Ecografía
El milagro de Íñigo, el bebé que nació sin riñones y que un año después sigue esperando un trasplante
El pequeño nació con agenesia renal bilateral, una anomalía considerada incompatible con la vida
La agenesia renal es una malformación congénita que provoca la ausencia de uno o de ambos riñones. La forma bilateral es muy infrecuente. La unilateral aparece en algo menos de uno de cada 1.000 nacimientos, afectando más a varones y suele implicar la ausencia del riñón izquierdo. También presenta un importante componente genético y hereditario. En el caso de la ausencia de ambos, se estima que aproximadamente 1 de cada 8.500 fetos padecen agenesia renal bilateral.
En palabras del doctor Federico Gentile, pediatra del Centro de Salud Tincer y del Hospital Universitario Hospiten Rambla de Santa Cruz de Tenerife –y recogidas por la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón (Alcer)–, explica que suele detectarse durante el embarazo mediante la segunda ecografía. Tras el parto, el seguimiento corresponde habitualmente a nefrología pediátrica.
Los niños con un solo riñón pueden llevar una vida normal, pues el órgano presente aumenta de tamaño y asume más funciones. Además, la falta de síntomas puede hacer que algunos casos no se diagnostiquen.
Sin embargo, el riñón único soporta una mayor carga de trabajo. Con el paso de los años pueden aparecer proteinuria, es decir, pérdida de proteínas por la orina, e hipertensión arterial. Por ello, resulta esencial mantener controles anuales especializados en nefrología pediátrica para vigilar la función renal, la presión arterial y posibles alteraciones del niño.
En el caso de nacer sin ningún riñón, aunque se trata de una condición prácticamente incompatible con la vida, hay historias que sobrepasan toda explicación médica. Es el caso de Íñigo de Loyola María, un pequeño madrileño que desafió los pronósticos médicos y casi un año después sigue luchando a la espera de un trasplante. Así lo relató su padre, Íñigo Prieto Urizar, quien quiso compartir en su perfil de LinkedIn su historia cuando el futuro de su hijo era una completa incógnita.
«El 21 de agosto de 2025 nació nuestro sexto hijo, Íñigo de Loyola María, un niño que en principio era incompatible con la vida porque venía sin riñones (agenesia renal bilateral)», escribía hace medio año.
El diagnóstico había llegado durante el embarazo y, desde la semana 21 de gestación, Diana –su mujer– fue tratada en el Hospital La Paz de Madrid, aunque el tratamiento de Íñigo comenzó tiempo antes mediante amnioinfusiones en serie, que consistieron en inyectar solución salina en el útero para permitir el desarrollo de sus pulmones ante la falta de líquido amniótico.
«No sabíamos lo que sucedería; cada día era como un mes y, contra todo pronóstico, el bebé nació en la semana 38», señalaba Prieto Urizar.
Cuando publicó aquellas palabras, el pequeño seguía ingresado en la UCI neonatal: «Continúa en la UCI pero estable, con dos tipos de diálisis (hemofiltro y peritoneal) y con respiración asistida. Estamos enormemente agradecidos, viviendo día a día, con esperanza».
Los médicos les explicaron que, si conseguía superar los dos primeros años de vida, podría optar a un trasplante renal cuando tuviera entre tres y cuatro años. La familia era consciente de la excepcionalidad del caso, aunque nunca perdió la esperanza.
Sin embargo, por encima de los datos clínicos, el mensaje era una defensa de la vida: «Pase lo que pase en adelante, lo que podemos decir es que merece la pena luchar por la vida. Aunque hubiese sido por un día o unas horas, habría merecido la pena luchar por la vida. Estamos viviendo un milagro y damos gracias a Dios por este regalo».