AInhoa en una entrevista en 'Vamos a Ver'
Denegada la eutanasia a una joven española de 28 años que la pidió tras la paliza de su expareja
La Seguridad Social le ha rechazado la solicitud, algo que ella ha denunciado porque «estar enferma no implica demostrárselo al mundo»
El caso de Noelia Castillo vuelve a repetirse en España. Con unas leyes en contra de la vida cada vez más laxas, las peticiones para morir se han disparado. Un ejemplo es el caso de Ainhoa, una joven de 28 años de Gran Canaria que ha solicitado la eutanasia pese a la oposición de su familia tras sufrir una brutal agresión por parte de su expareja en junio de 2024.
Ainhoa aseguró en Vamos a ver verano que su vida cambió por completo ese día. Desde entonces, afirma padecer «secuelas físicas y psicológicas» que considera irreversibles. Entre ellas, ha señalado el estrés postraumático, así como dolores constantes, luxaciones en la cadera y el coxis y la pérdida del olfato y del gusto, informa Telecinco. Según la joven canaria, la morfina o del fentanilo forman parte de su día a día, ya que su estado de salud le impide llevar una vida normal y que «el sufrimiento es continuo».
A pesar de haber pedido la eutanasia, la Seguridad Social le ha rechazado la solicitud, algo que ella ha denunciado porque «estar enferma no implica demostrárselo al mundo», que para ella es «la equivocación que han tenido durante dos años».
Sin embargo, la Administración le ha reconocido una incapacidad permanente del 55 %, un grado que, según explica, «le impide volver a trabajar en el sector de la hostelería». Mientras tanto, la canaria continúa reclamando que se autorice su petición e insiste en que se siente agotada y con mucho dolor.
La joven asegura que el argumento «no cumple determinados criterios», como permanecer encamada o necesitar una silla de ruedas de forma permanente. Ella considera que esos requisitos «no reflejan la realidad de su situación» y defiende que su sufrimiento es suficiente para acceder a la eutanasia.
Los países que permiten morir sin enfermedad grave
Sin permitir el derecho al cuidado paliativo y dejando morir a pacientes con alzhéimer, niños y personas sin enfermedades graves. Países Bajos y Canadá son dos ejemplos de que la cultura de la muerte está ganando terreno.
Fuera de España, uno de los procesos más duros ha sido el de la eutanasia de un niño de entre 1 y 12 años en Países Bajos. Aunque no han trascendido más datos, se trata del primer pequeño que ha muerto por una enfermedad en el territorio neerlandés.
Este territorio se convirtió en febrero de 2014 en el primer país del mundo que autorizó la eutanasia a los menores con capacidad de discernimiento y sin límite de edad. Diez años después, y tras una reevaluación del reglamento existente, el Gobierno decidió ampliar el acceso para incluir a los niños de 1 a 12 años.
Esta no ha sido la única muerte polémica del país. En 2019 una mujer de 74 años con alzhéimer pidió morir a una doctora «en el momento que ella considerara adecuado». La profesional, a pesar de la condición de la anciana y su deseo, la sedó y le comenzó a administrar el medicamento letal. Tras este acto, la facultativo fue acusada de asesinato, puesto que no verificó si la mujer quería morir o seguir con vida, según la Fiscalía.
En Canadá –país fuertemente criticado por ola laxa ley que posee– ocurre lo mismo. En 2023 Lois Cardinal, una mujer transgénero –nacido hombre– solicitó la eutanasia por los fuertes dolores y las complicaciones que había sufrido desde que un doctor «la presionase para esterilizarla».
En este país, este controvertido procedimiento se ha vuelto tan común que hay listas de espera. Los médicos no logran cubrirlas, y no por falta de personal, sino porque cada vez más ciudadanos están cansados de seguir, de luchar y de ser una carga para sus seres queridos. No tienen una ley de cuidados paliativos que les ayude a mejorar su calidad de vida.
Estas medidas asustan a los profesionales que siguen el código deontológico, puesto que consideran que el avance de la eutanasia «parece imparable» y adelantan que lo que comenzó para pacientes graves crónicos pronto incluirá a personas con trastornos psiquiátricos y menores de edad. Medidas que ya se anunciaron hace tres años pero se descartaron.