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Megajuicio a Meta: cómo consiguen las redes hacernos adictos

El llamado scroll infinito y los sesgos cognitivos que llenan nuestro cerebro de dopamina son dos de las claves

Mark Zuckerberg

Mark ZuckerbergDPA vía Europa Press

Meta, la gran compañía dueña de redes sociales como Instagram o Facebook, se sienta desde hace años en el banquillo de los acusados por no proteger a los menores de los riesgos para su salud mental. La declaración de uno de los testigos apunta a que Mark Zuckerberg sabía que sus plataformas producen adicción y –aquí está el punto clave– no hizo lo suficiente para evitarlo.

¿Pero cómo consiguen estas redes atrapar nuestra atención hasta el punto de poner en riesgo nuestra salud mental y provocar un comportamiento adictivo? La respuesta, ya ampliamente estudiada en el ámbito académico, tiene que ver con dos factores: el llamado scroll infinito, que nos permite refrescar constantemente la página y cargar nuevo contenido, y los sesgos cognitivos que llenan nuestro cerebro de dopamina cada vez que consumimos vídeos cortos, memes, o mensajes de cualquier tipo.

El 'scroll' infinito

Aza Raskin, creador del mecanismo por el cual con un solo gesto de nuestro dedo recibimos una cantidad inagotable de contenido, se arrepintió de la tecnología que había desarrollado. El sistema no difiere en nada del aplicado en las tragaperras. Él mismo lo ha reconocido. Y se basa en la teoría del condicionamiento operante de Skinner, un psicólogo americano del siglo pasado que demostró que, una vez condicionado el comportamiento de un sujeto, si se retrasa la recompensa que espera encontrar, estará aún más atrapado en ese comportamiento.

Lo que este juicio persigue demostrar es que los menores, –que por su momento evolutivo tienen poco desarrollado el lóbulo prefrontal y son más propensos a caer en comportamientos impulsivos– se veían atrapados con mucha facilidad en ese uso abusivo de los contenidos que les ofrecían las plataformas. Y un menor enganchado es un usuario que dará pingües beneficios a lo largo de muchos años. Por eso, aunque conocían el problema, no hicieron mucho por resolverlo.

Además, a esto se añade que esos menores recibían contenido muy diverso entre el que se colaban imágenes no adecuadas para su edad. Desde vídeos violentos o de contenido sexual hasta mensajes aparentemente inocuos que pueden destrozar su autoestima. Y el problema es que el modelo de negocio de Meta se basa en ofrecer el contenido que nos gusta para propiciar que pasemos más tiempo en redes, conocer mejor nuestras preferencias y poder vendernos más productos.

La trampa de los sesgos cognitivos

El scroll infinito es importante, pero no suficiente. La otra palanca de la adicción es el sesgo cognitivo: el motivo que nos hace preferir un contenido a otro. Existe en la vida real: nos fijamos más en lo que nos gusta y evitamos (o criticamos) lo que nos disgusta. Pero en la vida real recibimos mucha más información, no sólo la de nuestro interés. El problema de las redes sociales es que sólo nos ofrece aquello que sabe que nos va a gustar o aquello que va a desatar nuestra ira y nos va a atrapar. Si sumamos los sesgos cognitivos al scroll infinito, tenemos la tormenta perfecta.

Imaginemos a una niña de 12 años que empieza a tener dudas sobre su físico. Descubre unas cuentas en redes donde otras adolescentes ofrecen trucos para estar más guapas, más delgadas, más sexis. Como las visita con frecuencia, la red social le ofrece cada vez más contenido similar y la niña pierde la perspectiva sobre las otras muchas facetas de su vida: amigos, colegio, aficiones… Es el sesgo de confirmación: la niña siente que tiene razón al preocuparse por el físico porque «todo su mundo digital» se preocupa por el físico.

Si ahora introducimos elementos como el odio a las personas que no se cuidan, tendrá cada vez más arraigado su sentimiento de pertenencia a una comunidad y multiplicará su antipatía por las demás, incluidos los adultos de referencia de su entorno. Es el sesgo de la indignación moral. Cada vez que algún miembro destacado de su comunidad diga algo, lo aceptará sin dedicarle un minuto a valorarlo porque quiere seguir perteneciendo al grupo de iguales. Es el sesgo de conformidad.

Primero de muchos juicios

Ahora traslademos esto a un adulto ideológicamente radicalizado, o a uno obsesionado con el aspecto físico, las criptomonedas, el orden doméstico, o a uno que se cree todas las teorías de la conspiración. Añadamos el scroll infinito y ya tenemos todos los ingredientes de la adicción. El juicio a Meta ha empezado por los menores. Pero continuará con el riesgo de adicción para toda la población.

El escenario es muy similar al que vivieron las grandes compañías tabacaleras cuando se demostró que conocían el vínculo entre nicotina y adicción y entre el consumo de tabaco y enfermedades como el cáncer. El hecho de que supieran el mal que estaban causando propició que fueran condenadas a indemnizaciones milmillonarias. En el caso de Meta, si se demuestra que conocían los riesgos y no los evitaron, además de las indemnizaciones que tendrá que pagar la compañía, se abrirá la puerta a un sinfín de nuevas demandas contra esta y otras empresas, como TikTok o X, que harán tambalear un modelo de negocio basado en atrapar la atención del consumidor y, en no pocas ocasiones, convertirlo en adicto. Una gran noticia para la salud mental de todos.

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