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Ana Ortiz de Obregón
El código de la escrituraAna Ortiz de ObregónGrafóloga forense. Autora de 'El código de la escritura' (LID Editorial)

La firma del Rey Felipe VI: equilibrio entre dos líneas

El primer rasgo del código de su escritura está en la gran «F» con la que comienza su nombre. La inicial es la letra que concentra una mayor carga emocional

La firma del Rey Felipe VI

La firma del Rey Felipe VI

La firma de Felipe VI se sostiene sobre tres pilares gráficos que definen su personalidad: una «F» inicial de gran tamaño que domina el nombre; una rúbrica encarrilada que enmarca el conjunto entre dos largos trazos; y un grafismo sencillo y simplificado, bien presionado. Tres rasgos que conforman el código de su escritura y retratan a un hombre maduro, mesurado y seguro de sí mismo, en el que conviven la sencillez, la firmeza y una marcada conciencia de su propia identidad.

El peso de la inicial

El primer rasgo del código de la escritura del Rey Felipe VI está en la gran «F» con la que comienza su nombre. La inicial es la letra que concentra una mayor carga emocional: representa la identidad más íntima, aquella con la que nos reconocemos y somos reconocidos. En su firma, esta letra adquiere unas dimensiones muy superiores al resto y domina todo el conjunto. Felipe ocupa gráficamente el primer lugar, mientras el resto del nombre se desarrolla a una escala mucho menor. En esa diferencia de tamaño aparece un hombre con una elevada consideración de sí mismo, consciente de su posición y del papel que representa.

Sin embargo, esa gran inicial carece de adornos y se integra en una firma de trazos sencillos y muy simplificados. Aunque reduce las formas a lo esencial, el nombre es plenamente legible. La simplificación habla de una mente sintética, que separa lo importante de lo accesorio y busca el máximo rendimiento; la claridad añade franqueza. Así, la conciencia de su posición convive con una personalidad sobria que prescinde de artificios. Felipe VI sabe quién es y el lugar que ocupa, pero expresa esa seguridad desde la contención y la mesura.

Entre el pensamiento y la acción

El segundo gran rasgo de su escritura es la rúbrica encarrilada, formada por dos largos trazos que recorren la firma por arriba y por abajo. El superior nace de su propio nombre y se prolonga hacia la derecha: es el propio monarca quien, desde su identidad, cubre y protege el conjunto. Este movimiento refuerza la conciencia de su papel y añade un marcado afán de protección. Además, al discurrir por la zona superior, ligada a la inteligencia, el pensamiento y las creencias, muestra a un hombre reflexivo que necesita valorar, sopesar y formar su propio criterio antes de actuar. Su trayectoria ascendente aporta iniciativa para afrontar retos.

El segundo trazo discurre por debajo del nombre y lo subraya, cerrando el camino por su parte inferior. Aquí el terreno cambia: la zona inferior corresponde al plano físico, a la realidad concreta y al mundo de los hechos. Felipe VI traslada las ideas a la práctica. Sopesa los pros y los contras, prepara el terreno y, una vez tomada la decisión, encauza sus pasos hacia el objetivo. Pensamiento y acción quedan así unidos dentro de una misma rúbrica: arriba analiza y construye el criterio; abajo lo ejecuta.

Sobriedad con vitalidad

El tercer rasgo del código de su escritura es un estilo sencillo y simplificado, pero bien presionado. Su grafía se ha desprendido del patrón caligráfico aprendido para quedarse con los movimientos estrictamente necesarios, construyendo una forma propia y personal. Esa simplificación refleja capacidad de síntesis, facilidad para distinguir lo esencial y una tendencia a economizar esfuerzos sin perder eficacia.

La sobriedad de las formas está acompañada por un trazo cargado de energía. Felipe VI muestra una buena energía vital y fuerza de voluntad. La manera en que esa fuerza se distribuye añade dos facetas a su carácter: autoafirmación y espíritu de mando, junto a actividad y capacidad de ejecución. El monarca reúne así sencillez y determinación: simplifica, concentra su energía y la dirige hacia la acción.

El retrato del Rey

En resumen, el código de la escritura de Felipe VI retrata a un hombre sobrio, sencillo y mesurado, con una clara conciencia de la responsabilidad que representa. Posee una elevada consideración de sí mismo que expresa desde la contención y la naturalidad. Es reflexivo antes de actuar: observa, valora las circunstancias y forma su propio criterio antes de decidir. Una vez establecido el rumbo, orienta sus esfuerzos hacia él y lleva sus ideas al terreno práctico. A su capacidad de síntesis y soluciones directas se unen energía vital y espíritu de mando. Combina, en definitiva, reflexión y sentido práctico.

Y ahora, lector, fíjese en su propia firma. ¿Qué dice de usted la forma en que afronta sus decisiones y las lleva a la acción? Cuéntemelo, le leo en los comentarios.

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