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La ministra de Sanidad, Mónica García, durante la presentación de la campaña del abortoEuropa Press

Las evidencias científicas que desmontan la teoría de Mónica García y demuestran que un feto sí sufre al ser abortado

Aunque los fetos no tengan la capacidad de verbalizar o describir sus emociones, esto no significa que debamos descartar la posibilidad de que experimenten algún tipo de dolor

Desde antes de entrar al Ministerio de Sanidad, la doctora Mónica García ha defendido el aborto. Para ella, que tiene tres hijos, los nasciturus no son un conjunto de células capaz de sentir. Lo ha afirmado varias veces. La última, durante la presentación de la campaña del aborto, donde, tras ser preguntada por El Debate si a nivel sanitario el feto sufre en el momento de matarlo, la ministra se ha mostrado incómoda y ha asegurado que «no hay evidencia» y que, además, a las mujeres «tampoco les causa ningún trauma».

La evidencia científica parece ser solo para defender la cultura de la muerte. Hasta hace pocos años se pensaba que los fetos eran ajenos a este sufrimiento. Sin embargo, gracias a diferentes estudios científicos, se ha demostrado lo contrario. Estas afirmaciones ya no coinciden con las de sus compañeros de profesión, los propios médicos, quienes, basándose en diferentes investigaciones aprobadas, aseguran que entender cómo y cuándo el feto podría percibir dolor no solo es «una cuestión académica», sino también «un tema ético y práctico» que impacta directamente en la ginecología, la medicina fetal y neonatal.

Según expresó en una entrevista a este medio Francisco Reinoso Barbero, doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid, y fundador y director de la primera unidad de dolor pediátrica de España, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), el dolor es una «experiencia sensorial y emocional desagradable asociada o similar a la asociada con daño tisular real o potencial». Esta definición, que resulta funcional para los adultos, se enfrenta a ciertos desafíos cuando se aplica al feto.

En este sentido, reveló que, aunque los fetos no tengan la capacidad de verbalizar o describir sus emociones, por lo que no pueden decir si algo les duele o no, esto no significa que debamos descartar «automáticamente la posibilidad de que experimenten algún tipo de dolor». Y es que, «aunque no podamos escuchar al feto decir 'me duele', su cuerpo responde de otro modo».

Gracias a diversos estudios científicos, se ha demostrado que, ante estímulos dolorosos, los fetos presentan «respuestas fisiológicas, conductuales y hormonales similares a las asociadas con el dolor en otras etapas de la vida», aseveró el experto. Entre los efectos que sufre el bebé no nacido están los cambios de frecuencia cardiaca, movimientos defensivos, variaciones en el flujo sanguíneo cerebral y la liberación de hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina.

Aunque desde el Ministerio de Sanidad siguen insistiendo en que no es así porque el feto es «un conjunto de células» que no siente, lo cierto es que el sistema que detecta y transmite las señales de dolor comienza a formarse alrededor de la semana 6 de gestación con los receptores nociceptivos.

Así, el doctor Reinoso apuntó que, desde la semana 12, las señales «pueden transmitirse al cerebro gracias a las conexiones con la médula espinal». Si bien estas vías no están maduras antes del nacimiento, el feto puede responder a «estímulos nocivos incluso antes de que se formen las conexiones entre el tálamo y la corteza», asociadas con «la experiencia consciente del dolor en los adultos».

Por último, el doctor Reinosa advirtió que la percepción del dolor fetal es «un tema fascinante que combina aspectos científicos, éticos y clínicos». Por ello, aunque aún no se comprende completamente cómo experimentan el dolor los fetos, la evidencia disponible indica que tienen la capacidad de «responder a estímulos dolorosos desde etapas tempranas del desarrollo que se corresponden con la mitad de la gestación», concluyó el experto.

Las mujeres sí que sufren el aborto

En cuanto al dolor de las mujeres, el Padre Manuel Navarro, ha hecho una invitación a Mónica García a través de su cuenta de X. En un comentario le anima a asistir a alguno de sus retiros del Viñedo de Raquel para que experimente en primera persona «las secuelas del síndrome posaborto de mujeres (y hombres), que no se perdonan y sufren por haber abortado».

Una vez más, la evidencia científica se posiciona a favor de los que creen en la vida. Y es que el estudio publicado por el investigador Paul Sullins demostró que más de 14 millones de mamás sufren «una grave» angustia emocional tras acabar con la vida de su hijo.

Este informe fue el primero que ha dado seguimiento a 667 mujeres de 30 clínicas estadounidenses de 41 a 45 años que alguna vez abortaron, con un promedio de 20 años después del aborto. Al analizar los resultados, los científicos hallaron que en 2022, más de 14 millones de mujeres estadounidenses experimentaron síndrome postaborto; de este total, 7,5 millones lo sufrieron de forma grave.