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Ana Ortiz de Obregón
El código de la escrituraAna Ortiz de ObregónGrafóloga forense. Autora de 'El código de la escritura' (LID Editorial)

La firma de Pepe Álvarez: un solo trazo de astucia, protagonismo y carácter

Su afán de mando, su impaciencia y su tendencia a imponer criterios perfilan una personalidad poco dispuesta a flexibilizar posturas o a ceder terreno ante los demás

Firma de Pepe Álvarez (UGT)

Firma de Pepe Álvarez (UGT)Europa Press / El Debate

La firma de Pepe Álvarez se sostiene sobre tres pilares gráficos que definen su personalidad: un trazado ilegible, rápido y continuo; un recorrido que desciende a la zona inferior para luego elevarse en un gran bucle; y un travesaño horizontal que, a modo de rúbrica, corona el conjunto. Tres rasgos que conforman el código de su escritura y retratan a un hombre astuto, con grandes aspiraciones de notoriedad y un marcado afán de mando.

La habilidad de quien no muestra sus cartas

El primer pilar del código de la escritura de Pepe Álvarez se sustenta en unos trazos ilegibles, rápidos y continuos que hacen prácticamente imposible reconocer su nombre. La firma se construye con tres movimientos: un gran trazo continuo que concentra el 90 % del conjunto, otro que forma el trazo vertical de la «P» y un travesaño horizontal superior. En ese largo recorrido se suceden curvas y ángulos ejecutados con velocidad y presión intensa.

La curva se amolda al espacio, como un río que adapta su curso a la orografía del terreno. Es un movimiento flexible que avanza sorteando obstáculos, lo que se traduce en amabilidad y capacidad de adaptación. El ángulo, por el contrario, quiebra la dirección del trazo de forma brusca, un punto de inflexión donde emergen la firmeza y la contundencia. La combinación de ambos movimientos y la manera en la que los dibuja proyecta, en este caso, una personalidad camaleónica: posee la habilidad de desenvolverse en distintos ambientes sin descubrir sus intenciones y sin desviarse de sus intereses. Estos trazos, al ser ejecutados con notable rapidez, revelan una gran agilidad mental y velocidad de reacción.

Además, el hecho de realizar casi todo el grafismo sin levantar el útil de escritura expresa fuerza de voluntad y perseverancia. Al mismo tiempo, ese continuo ir y venir en el que curvas y ángulos se entrelazan sin interrumpir el recorrido es lo que confirma y refuerza esa astucia camaleónica que describimos antes: la capacidad de cambiar de dirección sobre la marcha en beneficio de sus propios fines. La presión intensa añade a todo el conjunto energía y firmeza de carácter.

El gran bucle del protagonismo

El segundo pilar del código se encuentra en el recorrido de ese gran trazo que domina la firma. El movimiento comienza en la zona media, en el yo; de ahí desciende hacia la zona inferior, vinculada al mundo material y los instintos; y desde ese punto se eleva con fuerza hasta la zona superior, el espacio del pensamiento y la imaginación.

En esa ascensión, el trazo queda coronado por un enorme bucle que dibuja la «P» de Pepe, la inicial con la que se identifica. Sus dimensiones dominan toda la firma, configurando el llamado «gesto tipo» de la petulancia. Dado que el tamaño de la escritura refleja la consideración que tenemos de nosotros mismos y cómo queremos ser percibidos, el protagonismo de este bucle proyecta una elevada autoestima y un fuerte deseo de que los demás compartan e interioricen sus propias ideas.

Finalmente, el trazo regresa a la zona inferior y concluye en forma de ángulo. Este retorno al subsuelo gráfico devuelve el recorrido al mundo material de manera contundente, reforzando el peso de los intereses pragmáticos en una firma que, aunque se eleva hacia las ideas, termina afirmándose en el terreno de lo tangible.

Tendencia a imponer su voluntad

El tercer pilar del código de su escritura se concentra en los dos trazos finales. Por un lado, el palo vertical que define la inicial «P» y, por otro, un trazo horizontal contundente, enérgico y con una fuerte descarga de presión que ejerce de techo sobre su nombre.

La rúbrica es, por definición, el símbolo de lo innecesario; un añadido voluntario que incorporamos al firmar. Precisamente por eso se trata de uno de los gestos más inconscientes y que aporta mucha información sobre el autor.

En el caso de Pepe Álvarez, esta rúbrica horizontal situada por encima de todo el conjunto revela una personalidad volcada en lo concreto y en los intereses inmediatos, con dosis de impaciencia y deseos de dominación. El engrosamiento del trazo acentúa la imagen de un hombre con tendencia a imponer su manera de pensar, sentir y actuar, poco dispuesto a ceder margen a las ideas ajenas. La posición de la rúbrica, actuando como un techo sobre el nombre, completa este retrato de afán de mando y necesidad de mantener el control de la situación.

El mapa de la personalidad de Pepe Álvarez

En definitiva, el código de la escritura de Pepe Álvarez dibuja a un hombre astuto, con una contrastada habilidad para desenvolverse en distintos ambientes sin revelar sus cartas, pero siempre con la firme determinación de alcanzar sus propios fines. Los trazos reflejan a un hombre orgulloso, con una elevada consideración de sus propias ideas, que busca que los demás asuman sus puntos de vista como propios. Su afán de mando, su impaciencia y su tendencia a imponer criterios perfilan una personalidad poco dispuesta a flexibilizar posturas o a ceder terreno ante los demás. Y ahora, lector, fíjese en su propia firma. ¿Refleja que es usted astuto? Cuéntemelo, le leo en los comentarios.

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