Montse Escobar, psicóloga humanista Monarka Clinic
Montse Escobar, psicóloga, tras el accidente de Toledo: «Toca acompañar, escuchar y estar al lado de los afectados»
La profesional pide centrar los esfuerzos en garantizar información clara y fiable a quienes lo viven de cerca
El choque de trenes ocurrido este miércoles entre Los Yébenes y Urda, en la provincia de Toledo, ha dejado numerosas víctimas y un profundo impacto emocional en las personas afectadas y en el conjunto de la sociedad. Así lo explica Montse Escobar, psicóloga humanista y cofundadora de Monarka Clinic, que pide centrar los esfuerzos en el acompañamiento y en garantizar información clara y fiable a quienes lo viven de cerca.
«Ahora toca acompañar, escuchar y estar al lado de las personas afectadas, físicamente si es posible. Es lo más urgente en estos momentos, porque lo que más necesitan es sentir que no están solas ante algo tan devastador», afirma Escobar.
La incertidumbre sobre el paradero de los familiares
Según la psicóloga, lo más apremiante en las primeras horas es que todo el mundo sepa qué ha ocurrido y dónde se encuentran sus seres queridos: «No saber nada de un familiar y no obtener respuesta al teléfono dispara la ansiedad y el miedo de una forma muy intensa», explica.
Cuando se confirma el fallecimiento de un ser querido, es habitual que los familiares entren en shock. Escobar detalla que puede aparecer una falta de reacción, una dificultad para asumir lo sucedido y una sensación de irrealidad.
«Es habitual no reaccionar o no terminar de creerse lo que ha pasado, tener la sensación de estar en una pesadilla de la que vas a despertar en cualquier momento. Todo ello forma parte de la primera fase del duelo», señala Escobar.
Tras el shock llega una fase más dura
Con el paso de los días, muchas personas conectan plenamente con la realidad de lo ocurrido y emerge una tristeza más intensa, que puede alargarse en el tiempo.
El impacto alcanza también a supervivientes, profesionales de emergencias y a la población en general y no solo sufren las víctimas y sus familias, sino que pueden verse afectadas las personas que han salido ilesas y sienten culpa, quienes no llegaron a subir a esos trenes por un cambio de planes de última hora, los profesionales que han intervenido en la emergencia o la ciudadanía que sigue las noticias con angustia.
«Es un proceso largo que se vive paso a paso, y cada persona lo transita a su ritmo. Será fundamental estar atentos al estado emocional de todas ellas, también en las semanas siguientes, cuando el impacto inicial haya pasado», concluye.
La oleada de cariño hacia las víctimas
Ante unas instituciones que, por su propia naturaleza, no siempre pueden llegar a todas las personas afectadas, Escobar destaca el papel que puede desempeñar la ciudadanía. La psicóloga subraya que el accidente ha despertado una oleada de cariño y de ganas de ayudar hacia las víctimas y sus familias, una buena intención que ya se refleja en gestos como llevar comida, echar una mano o simplemente estar presentes.
Escobar cree que ese apoyo puede dar todavía más de sí con algunas pautas sencillas que le den un tinte más profesional, sin convertir a los ciudadanos en psicólogos, igual que quien sabe hacer una RCP no tiene por qué ser médico. Además, ofrecer esa orientación animaría a sumarse a quienes hoy no se atreven a acercarse por miedo al dolor o a la muerte.
«Las instituciones tienen sus límites y las personas de la calle pueden ser un apoyo enorme. Si se les ofrece una manera de acompañar desde un lugar más cercano a lo profesional, el movimiento social puede ser mucho más amplio que esperar a poder ir al psicólogo», concluye.