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Un lince en libertad

Un lince en libertadEuropa Press

El lince ibérico se consolida en cinco comunidades, incluso fuera de su área de distribución histórica

En 2025, ha protagonizado un hito significativo al alcanzar el norte de la Península, con presencia en el Cerrato Palentino (Castilla y León) y en la provincia de Cuenca

El lince ibérico (Lynx pardinus) afianza progresivamente su presencia en la Península Ibérica y ha logrado expandirse a cinco comunidades autónomas españolas, además de consolidarse en su núcleo de población portugués. Así lo han señalado expertos en la especie a la Agencia Efe, quienes han destacado que el felino incluso ha colonizado territorios fuera de su área de distribución histórica.

Aunque se espera la publicación de un nuevo censo la próxima semana, el último, correspondiente al año 2023, cifraba en torno a 2.000 los ejemplares de esta especie, muy lejos ya del centenar de individuos que en 2002 sobrevivían únicamente en dos enclaves andaluces: el Parque Nacional de Doñana y la Sierra de Andújar.

Las labores para la recuperación del lince arrancaron precisamente en Andalucía. Según explicó Javier Salcedo, coordinador del proyecto Life Lynx Connect, «una vez afianzados los núcleos que quedaban en la época, se dio comienzo a las reintroducciones». Durante la ejecución del programa Iberlince (2011-2018), se lograron establecer nuevas poblaciones en Castilla-La Mancha, en zonas como Campo de Montiel y Montes de Toledo; en Extremadura, con presencia en el área de Matachel; y en el sur de Portugal, concretamente en Vale do Guadiana.

A esta expansión se sumó en 2023 la Región de Murcia, con un grupo asentado en el término municipal de Lorca, y el felino continuó extendiéndose por áreas previamente colonizadas. En 2025, ha protagonizado un hito significativo al alcanzar el norte de la Península, con presencia en el Cerrato Palentino (Castilla y León) y en la provincia de Cuenca, ambas fuera de sus antiguos dominios naturales.

Salcedo subrayó la relevancia de las reintroducciones en este éxito, que han permitido un crecimiento poblacional sostenido, con una media del 20 % anual. También resaltó la necesidad de interconectar los distintos núcleos mediante la creación de poblaciones intermedias: «Es mejor tener todas las poblaciones conectadas que contar con más linces pero que se encuentren desconectados».

Pese a estos avances, el proceso no ha estado exento de dificultades. Las reintroducciones requieren, además de un hábitat propicio y abundancia de presas como el conejo, una elevada aceptación social. En algunas zonas, como Cataluña, la oposición de colectivos agrarios provocó que el Govern desistiera de sus planes. Algo similar ha ocurrido en territorios como Aragón o la provincia de Zamora, donde las iniciativas fueron paralizadas.

Ramón Pérez de Ayala, responsable del programa de especies de WWF, explicó que esta resistencia responde a múltiples factores, desde el recelo ante posibles restricciones futuras y la llegada de más visitantes a fincas privadas, hasta disputas de carácter político. Frente a ello, se organizan encuentros con personas que ya conviven con el lince para transmitir tranquilidad y evidenciar que la presencia del animal no supone un obstáculo para las actividades tradicionales.

Según Pérez de Ayala, la clave para superar estas barreras estriba en el tiempo y la construcción de confianza mutua.

De cara al futuro, Salcedo estima que para alcanzar un «estado de conservación favorable» se requeriría una población formada por unas 1.100 hembras reproductoras, lo que equivaldría a entre 4.400 y 5.500 individuos en total, así como la creación de ocho nuevos núcleos de población. Entre los territorios candidatos figuran Castilla y León, Aragón –que ya ha preseleccionado dos áreas–, la Comunidad de Madrid –donde se trabaja para definir una localización adecuada– y Cataluña.

Ambos expertos valoran especialmente la expansión del lince hacia regiones septentrionales, cada vez más áridas pero con mejores poblaciones de conejo, lo que favorece su implantación. Además, esta progresión hacia el norte puede ser una estrategia útil ante posibles efectos adversos derivados del cambio climático.

No obstante, han descartado por el momento su expansión hacia la cornisa cantábrica, al considerar que la escasez de conejos en esa franja impide su viabilidad. Así, los esfuerzos seguirán concentrándose en la región mediterránea de la península.

Tanto Salcedo como Pérez de Ayala coinciden en que el proceso de recuperación avanza con éxito y a un ritmo superior al esperado, situándose actualmente cerca del ecuador del camino hacia la meta definitiva de conservación.

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