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Red fantasma en el fondo marino

Red fantasma en el fondo marinoGetty Images/Francesco Ricciardi

Qué son las redes fantasma, una trampa mortal que amenaza los océanos

Son más abundantes de lo que se cree y pueden llegar a medir varios kilómetros, dificultando así tanto su extracción como el día a día de los animales

La importancia de los ecosistemas marinos se han convertido en un asunto primordial en la actualidad debido a su progresivo deterioro. Administraciones y entidades sin ánimo de lucro tratan de limpiar los océanos para evitar que la suciedad que abunda en ellos interfiera en la vida de las diferentes especies vegetales y animales que habitan en ese medio.

El plástico es el material que más se encuentran quienes contribuyen a despejar los mares, ya que es un producto común en la vida actual y que, además, tarda muchos años en degradarse, entre 150 y 1.000 dependiendo del tipo de plástico. Es por ello que, en la actualidad, las políticas van encaminadas a sustituir este material por otros más respetuosos con el medio ambiente.

A lo largo de todo el tiempo que tardan en degradarse los residuos plásticos que alcanzan el mar suponen una seria amenaza para la vida marina. Se estima que alrededor de 700 especies de organismos se ven afectadas por esta forma de contaminación, ya sea por ingestión, asfixia o enredos. Cada año, más de un millón de aves marinas y más de 100.000 mamíferos marinos pierden la vida como consecuencia directa de la acumulación de plásticos en los océanos, una cifra que evidencia la magnitud del problema y su impacto creciente sobre los ecosistemas.

Quienes contribuyen a limpiar el mar se encuentran con todo tipo de residuos, pero uno de los más frecuentes son las redes de pesca. Una de las mayores amenazas son precisamente las llamadas redes fantasma, que se corresponde con el 10 % de los plásticos que se encuentran en el ecosistema marino.

Desde la ONG Gravity Wave comentan a El Debate que estas redes son más abundantes de lo que se cree y que pueden llegar a medir varios kilómetros, dificultando así tanto su extracción como el día a día de los animales. En concreto, esta organización rescató el mes pasado una red de 400 metros en zona del Brut de Ifach, en Alicante, en el marco de la Misión Calpe financiada por B100.

Según recogen en Aquae Fundación, unas 640.000 toneladas de equipos fantasmas acaban cada año en el océano, lo cual equivale al peso de más de 50.000 autobuses de dos pisos. En las últimas décadas, la pesca industrial ha incrementado notablemente el uso de plástico en cuerdas, líneas y redes debido a su ligereza, flotabilidad, resistencia y bajo coste, cualidades que lo convierten en un material muy práctico para el sector.

Sin embargo, esas mismas características hacen que, una vez abandonados o perdidos en el mar, estos aparejos se conviertan en redes y líneas fantasma: residuos altamente persistentes que continúan atrapando y matando vida marina de forma indiscriminada. Su impacto no solo deteriora gravemente los ecosistemas oceánicos, sino que también pone en riesgo a las comunidades costeras cuya subsistencia depende de la salud de los mares.

En la mayoría de los casos, los pescadores no desean perder sus artes de pesca, ya que representan su medio de vida. Sin embargo, las condiciones meteorológicas adversas o las fuertes corrientes pueden desprender los aparejos o arrastrarlos hasta zonas rocosas donde quedan atrapados y resulta imposible recuperarlos. A ello se suman errores humanos, fallos mecánicos, la pérdida de dispositivos de localización o el abandono de equipos antiguos y deteriorados, que también explican parte de estas pérdidas.

No obstante, muchas de las llamadas redes fantasma tienen un origen más oscuro: la pesca ilegal, no reglamentada y no declarada. Estas prácticas, además de vulnerar la normativa internacional y poner en riesgo la sostenibilidad de los recursos, contribuyen de forma significativa a que más redes acaben en el mar, agravando un problema ya de por sí grave para los ecosistemas y las comunidades que dependen de ellos.

Cómo evitar las redes fantasma

Las redes fantasma se han convertido en una preocupación global y, desde hace años, existen instrumentos internacionales para combatirlas. Organismos como la Organización Marítima Internacional, la FAO, el Programa de la ONU para el Medio Ambiente y diversas organizaciones regionales de pesca han establecido directrices específicas para abordar este problema. En 2015 nació la Iniciativa Global contra las Redes de Pesca Fantasma (GGGI), que reúne a gobiernos, empresas, el sector pesquero, investigadores y ONG con el objetivo de lograr que, para 2030, la cantidad de artes de pesca perdidos en el mar sea igual o inferior a la que se recupera, recicla o reutiliza.

Entre las soluciones propuestas destacan los aparejos rastreables, el marcado de equipos para identificar a su propietario, el desarrollo de materiales biodegradables, la mejora de sistemas de reciclaje y la creación de incentivos para devolver los equipos al final de su vida útil. Aunque se han logrado avances, el desafío sigue siendo enorme.

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