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Medio ambiente

ITER, el megaproyecto internacional que busca replicar el Sol en la Tierra

El camino ha sido largo y ha requerido una cooperación internacional sin precedentes, con 33 países participantes

A pesar de que las energías renovables como la eólica o la fotovoltaica son las más utilizadas para llevar a cabo esa transición energética, los esfuerzos de los científicos están centrados también en intentar desarrollar la fusión nuclear, que se basa en el mismo principio que alimenta el Sol y las estrellas. Se trata de una tecnología difícil de ejecutar, ya que hasta ahora no se ha logrado que la fusión ejerza de fuente de energía a gran escala y libre de carbono.

Para ello, en el sur de Francia colaboran 33 naciones (los 27 miembros de la Unión Europea más China, India, Japón, Corea, Rusia y EE.UU.) para construir el tokamak más grande del mundo, un dispositivo experimental que usa potentes campos magnéticos para confinar plasma a temperaturas extremadamente altas.

El reactor de fusión pesa 23.000 toneladas y tiene cerca de 30 metros de altura. Se sitúa en un complejo de 180 hectáreas y supera con creces las dimensiones de los reactores experimentales de fusión de mayor tamaño actualmente en funcionamiento: el Toro Europeo Común (JET), en el Reino Unido, y el JT-60SA, un proyecto conjunto de Europa y el Japón que se encuentra en el país nipón.

La campaña experimental que se desarrolla en el reactor ITER representa un paso decisivo en el avance de la energía de fusión y en la preparación de las futuras centrales que podrían suministrar electricidad limpia y prácticamente inagotable. Se trata de uno de los proyectos científicos y tecnológicos más ambiciosos del mundo, concebido para demostrar que la fusión nuclear puede convertirse en una fuente de energía viable a gran escala.

El objetivo central del ITER es estudiar y demostrar el funcionamiento de los llamados plasmas en combustión. En este tipo de plasmas, la propia energía liberada por las reacciones de fusión es capaz de mantener la temperatura extremadamente elevada necesaria para que el proceso continúe. Lograr este equilibrio supondría reducir de forma drástica, o incluso eliminar, la necesidad de aportar calor desde el exterior, un requisito clave para que la fusión sea eficiente y sostenible.

Además de investigar el comportamiento del plasma, el ITER servirá como banco de pruebas para muchas de las tecnologías esenciales que necesitará un reactor de fusión comercial. Entre ellas destacan los potentes imanes superconductores que confinan el plasma, los sistemas de mantenimiento remoto que permiten operar en entornos altamente complejos y los mecanismos diseñados para extraer la energía generada en el interior del reactor. El proyecto también evaluará los llamados módulos de reproducción de tritio, un elemento fundamental para garantizar que un futuro reactor pueda producir su propio combustible y operar de forma autosuficiente.

Podrían operar a mediados de siglo,

El camino hasta el ITER ha sido largo y ha requerido una cooperación internacional sin precedentes. Desde que en 1985 se planteó por primera vez la idea de un gran experimento conjunto sobre fusión, miles de científicos e ingenieros han trabajado en su diseño y desarrollo.

Gracias a este esfuerzo colectivo, el ITER aspira a situar la fusión nuclear en un punto de madurez suficiente como para dar el siguiente paso: el diseño de un reactor de demostración capaz de producir electricidad. Si tiene éxito, este proyecto podría sentar las bases de una nueva era energética, caracterizada por una fuente segura, limpia y con un impacto ambiental muy reducido.

Según explican desde el Organismo Internacional de Energía Atómica, se espera que el ITER confirme que la producción de electricidad mediante energía de fusión es viable tanto desde el punto de vista científico como tecnológico. Según el calendario previsto, los primeros experimentos orientados a este objetivo podrían comenzar en 2025, mientras que las pruebas a pleno rendimiento están programadas para alrededor de 2035.

Si los resultados cumplen las expectativas, el proyecto marcará un hito decisivo al conectar décadas de investigación experimental con el desarrollo de las primeras centrales de fusión de demostración, conocidas como DEMO. Estas futuras instalaciones están diseñadas para generar una ganancia neta de energía eléctrica, es decir, producir más energía de la que consumen. En la actualidad, ya se analizan distintos diseños preliminares de reactores DEMO y, si el desarrollo progresa según lo previsto, este tipo de centrales podría comenzar a operar a mediados de siglo, abriendo la puerta a una nueva era en la generación de energía.

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