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Estación Concordia, en la Antártida

Estación Concordia, en la AntártidaIPEV

La Antártida se convierte en un archivo climático mundial con hielo de los Alpes

El santuario mantiene de forma natural una temperatura constante cercana a los –52 °C durante todo el año, lo que garantiza la conservación de estas muestras sin necesidad de refrigeración artificial

La Antártida alberga desde la semana pasada un lugar único en el mundo: el primer santuario permanente de núcleos de hielo de montaña, una auténtica bóveda climática destinada a conservar durante siglos la memoria del clima de la Tierra. El proyecto, impulsado por la Ice Memory Foundation, marca un hito científico y simbólico en la carrera contrarreloj por preservar los archivos naturales que están desapareciendo con el retroceso acelerado de los glaciares.

En una cueva excavada en el hielo cerca de la estación franco-italiana Concordia, en pleno altiplano antártico, ya descansan los dos primeros núcleos «patrimonio» procedentes de glaciares alpinos en peligro: uno extraído en el Mont Blanc (Francia) en 2016 y otro en el Grand Combin (Suiza) en 2025. Se trata de cilindros de hielo que encierran burbujas de aire, partículas, aerosoles y contaminantes atrapados durante siglos o incluso milenios, una cápsula del tiempo que permite reconstruir la atmósfera del pasado.

El santuario mantiene de forma natural una temperatura constante cercana a los –52 °C durante todo el año, lo que garantiza la conservación de estas muestras sin necesidad de refrigeración artificial. La instalación, inaugurada oficialmente este martes, simboliza la madurez del proyecto Ice Memory, lanzado en 2015 por instituciones científicas de Francia, Italia y Suiza, con el objetivo de salvaguardar el legado glaciar para las generaciones futuras.

Del corazón de Europa al hielo eterno

El viaje de los primeros núcleos hasta la Antártida ha sido tan complejo como emblemático. Las muestras –1,7 toneladas de hielo– partieron a mediados de octubre desde Trieste a bordo del rompehielos científico italiano Laura Bassi. Durante más de 50 días cruzaron el Mediterráneo, el Atlántico, el Pacífico y el océano Austral, siempre a –20 °C, hasta llegar a la base Mario Zucchelli el 7 de diciembre de 2025.

Desde allí, un vuelo especial sin calefacción en la bodega las trasladó al interior del continente blanco, hasta la estación Concordia, situada a 3.200 metros de altitud. Finalmente, los núcleos fueron depositados en la cueva de hielo del Ice Memory Sanctuary, excavada a nueve metros de profundidad y diseñada para minimizar cualquier impacto ambiental, en cumplimiento del Protocolo de Madrid sobre protección de la Antártida.

La instalación, de 35 metros de largo y cinco de alto y ancho, no utiliza materiales de construcción convencionales ni sistemas mecánicos. Su estabilidad depende exclusivamente de las extremas condiciones naturales del continente, lo que la convierte en una de las infraestructuras científicas más innovadoras y remotas jamás construidas. El proyecto ha contado con el apoyo de la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco, socio histórico de Ice Memory.

«El hielo es un recurso finito y su pérdida es irreversible. Tenemos la responsabilidad histórica de preservar estos archivos para nuestros hijos», afirmó el príncipe Alberto II, presidente honorario de la fundación.

El contexto es urgente, según afirman desde la entidad. Desde el año 2000, los glaciares del mundo han perdido entre un 2 % y un 39 % de su volumen según la región, y alrededor de un 5 % a escala global. Con ellos desaparece información clave para entender la evolución del clima, información que ha sido fundamental durante décadas para los informes del IPCC y la toma de decisiones políticas.

Los científicos confían en que los avances futuros permitan analizar estas muestras con técnicas que hoy aún no existen. «Al conservar gases atmosféricos, polvo y contaminantes atrapados en el hielo, aseguramos que las generaciones futuras puedan estudiar el clima del pasado con nuevas herramientas», explica Carlo Barbante, vicepresidente de Ice Memory.

En los próximos años, núcleos procedentes de los Andes, el Cáucaso, el Pamir o Svalbard se unirán a los primeros en la Antártida. Paralelamente, se trabaja en un modelo de gobernanza internacional que garantice el acceso equitativo y ético a este patrimonio común de la humanidad. Porque, como subrayan sus impulsores, el archivo del hielo no pertenece a un país ni a una generación, sino al futuro del planeta.

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