Fundado en 1910
Desierto de Kubuqi

Desierto de KubuqiHuawei

El desierto de Kubuqi florece gracias a una planta solar del tamaño de la ciudad de Barcelona

Un proyecto de energía fotovoltaica ha transformado una zona azotada por la desertificación en un ecosistema en recuperación, con animales y vegetación

Convertir un desierto en un paraje habitado por plantas y animales parece propio de una película de ciencia ficción, pero ha ocurrido. En China, el desierto de Kubuqi, ubicado en la región autónoma de Mongolia Interior, en el norte de la meseta o meandro de Ordos, ha sufrido una transformación en los últimos años gracias a un megaproyecto de energía solar.

Más de 100 kilómetros cuadrados de esta extensión árida se han cubierto de paneles fotovoltaicos, lo que equivale a la superficie de ciudades como Barcelona, Lisboa o París. Esta apuesta es una más del líder del gigante asiático, Xi Jinping, centrado en producir energía por todos los medios posibles, pero también apostando por las energías renovables de forma faraónica.

A finales del año pasado, el presidente chino se comprometió en una cumbre especial de la ONU a reducir las emisiones globales del país entre 7 % y 10 % para 2035 en relación con el año de mayores emanaciones, que se cree que será 2025.

De tormentas de arena a crecimiento vegetal

Durante décadas, el desierto de Kubuqi fue uno de los principales focos de las tormentas de arena que azotaban el norte de China y alcanzaban incluso Pekín. Hoy, ese mismo territorio se ha convertido en un ejemplo internacional de cómo la energía limpia puede transformar un entorno extremo. La puesta en marcha de la central solar Junma ha devuelto la vida a este paisaje árido que durante años condenó a agricultores y pastores a la pobreza extrema.

El punto de inflexión llegó con un ambicioso programa de control de la arena impulsado por el Gobierno chino en colaboración con empresas privadas y comunidades locales. Dentro de este plan destaca la central solar Junma, un gigantesco parque fotovoltaico formado por más de 196.000 módulos que, vistos desde el aire, dibujan la silueta de un caballo al galope. No es casual: «Junma» significa «caballo magnífico» en chino y simboliza el impulso de la industria fotovoltaica en la región.

Más allá de producir energía limpia, la planta ha demostrado que los paneles solares pueden convertirse en aliados contra la desertificación. Al reducir la velocidad del viento a ras de suelo hasta en un 50 % y combinarse con rejillas de fijación de arena y vegetación autóctona, se ha logrado estabilizar el terreno en apenas cuatro años, un proceso que normalmente requiere una década. Entre las filas de paneles crecen ahora arbustos, forrajes e incluso cultivos experimentales, y se ha detectado la presencia de animales como liebres o zorros.

Los beneficios también han sido sociales. El proyecto ha generado empleo local en tareas de operación, mantenimiento y agricultura, y ha impulsado nuevas actividades económicas como la ganadería y el turismo. Donde antes solo había arena, hoy han surgido alojamientos rurales, pequeños comercios y restaurantes.

El modelo de Kubuqi ha recibido reconocimiento internacional, incluido el respaldo de Naciones Unidas, y ha contribuido a sacar de la pobreza a miles de personas. La central Junma, además, ha sido premiada por su innovación tecnológica y su rendimiento energético. En conjunto, el desierto que un día simbolizó abandono y degradación se ha convertido en un laboratorio vivo de transición ecológica, donde energía solar, recuperación ambiental y desarrollo humano avanzan al mismo paso.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas